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Estela Rasal, directora del Festival de Cine de Huesca: “El certamen debe ser una lanzadera de talentos”

Estela Rasal en la rueda de prensa de premiados del 53HIFF

Pablo Alvira Fuertes

2 de junio de 2026 22:43 h

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Estela Rasal (Barcelona, 1975) dirige desde hace cuatro años el Festival Internacional de Cine de Huesca, aunque hace quince pertenece al equipo de producción. El cine le ha formado como persona mientras veía películas clásicas en blanco y negro y ahora ella forma parte de la escena cinematográfica oscense. 

Ted Davis, Katharine Hepburn, los Hermanos Marx o Louis de Funès. Gracias a ese ambiente con el que se crio, actualmente Rasal toca muchas ramas del árbol que erige la cultura: dirige su propia productora, ha realizado trabajos de regiduría, actriz, producción, así como de coproducción en diferentes proyectos cinematográficos.

El cortometraje le cautivó desde hace mucho tiempo por su “libertad creativa”, su singularidad y porque “es una forma diferente de narrar”. “Es un lenguaje distinto y es más accesible. Aun así, los hay de mucho presupuesto y directores consagrados han vuelto al corto, porque hay historias que requieren más de un corto que de un largometraje”, asegura la directora y justifica que en este tipo de producciones “hay cosas muy vivas” por el rápido desarrollo de personajes en poco tiempo.

Los cortometrajes son la razón de ser del Festival de Cine de Huesca, el tercero más antiguo del mundo dedicada en exclusiva a este tipo de producciones, que este año se celebrará del 5 al 13 de junio y alcanzará su quincuagésimo cuarta edición. Esta cita es una de las seis de España avaladas por la Academia de Hollywood como preselección para los Premios Oscar.

El Teatro Olimpia de Huesca volverá a ser el foco de atención de todo el mundo donde podrán verse las 77 obras seleccionadas, 38 de ellas óperas primas y 37 dirigidas por mujeres procedentes de 26 países, de entre 2.342 enviadas para participar en el concurso en sus tres secciones: internacional, iberoamericano y documental.

Uno de los proyectos más ambiciosos del certamen es su área de industria, donde el festival “va evolucionando hacia lugares más actuales” para su consolidación como mercado de referencia. “Hay que dotar de un contexto a los cortometrajistas y cineastas para que pueda haber un intercambio real y surjan así más proyectos. El festival debe ser una lanzadera de talentos. No nos podemos quedar solo con exhibir los trabajos y dar premios”, explica la directora.

Para Rasal, uno de los momentos más emotivos del certamen es la primera sesión de cortometrajes. “Es el motivo del Festival Internacional de Cine de Huesca”, señala la directora, y recuerda que una de las cosas que hacen especial al evento es el lugar donde se organiza. “Huesca es una ciudad muy acogedora. Todos los invitados que vienen se van enamorados del festival y de la ciudad. Somos unos embajadores maravillosos de nuestra tierra. Huesca se conoce en todo Latinoamérica por el festival de cine”, explica.

Considera Rasal que es esencial “sembrar esa semilla” en nuevos espectadores para que vuelvan a consumir cortometrajes. “Es importante que se vea cine, donde sea. Nos ayuda a tener una mente más crítica y a construir un mundo mejor entre todos”, sostiene la directora.

Ese germen brotó en la directora del festival desde bien pequeña. “ET fue la primera película que me fascinó”, recuerda mientras cuenta una anécdota en el Teatro Olimpia de Huesca, cuando fue con su madre para ver Miguel Strogoff. “Resulta que eran tres carretes en lugar de dos, Y el proyeccionista se equivocó y puso el último en el lugar del segundo. Veíamos a Miguel Strogoff hecho polvo y no entendíamos nada. Me acordaré toda la vida porque fue mi gracioso”, recuerda.

Desde esa doble mirada de espectadora y gestora cultural, Rasal sigue impactándose con películas que le remueven por dentro. Por un lado, sigue disfrutando de lo que pueden hacer sentir películas como Sirat. “Me encantó, pero no sé si podré volver a verla. Está muy bien escrita, muy bien dirigida. La historia es muy fuerte, empaticé mucho con los personajes”, explica.

Y, por otro lado, Rasal observa la realidad de las salas de la ciudad de Huesca donde el Teatro Olimpia es el centro neurálgico. Gracias al impulso del festival la sala tiene un DCP (Digital Cinema Package) “para ver cine en las mejores condiciones posibles”. “En Huesca podemos ver cine de mucha calidad. Se organizan ciclos como Oscacine, el cinefórum o colaboraciones con la Cruz Blanca o la AECC”, añade y apela a la tradición cinéfila de la ciudad, promovida en parte por el festival, y unos espectadores acostumbrados al formato del cortometraje.

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