La vida de Ousman Umar llega al cine: “Es muy hipócrita hablar de ‘prioridad nacional’ y luego ir a misa los domingos”
Ousman Umar tenía 12 años cuando abandonó Ghana. Se fue buscando el sueño europeo. El canto de cisne de una vida mejor que tantos otros emprendían. Nadie le dijo que muy pocos lo lograban. Tampoco que al llegar estaban casi condenados a sufrir el racismo de la sociedad y a malvivir mientras buscaban un trabajo. Su trayecto duró cinco años. Cruzó el Sáhara a pie después de que aquellos que les prometieron que les llevarían hasta el mar le dejaran tirado junto a otras 55 personas. Solo sobrevivieron seis.
Vagaron por el desierto, cayó en manos de traficantes y tuvo que permanecer cuatro años en Libia hasta que logró el dinero para pagar a otro traficante que le prometió que le ayudaría a cruzar el mediterráneo. Pagó 1.600 dólares. Por fin llegó a Fuerteventura y más tarde a Barcelona. Fueron cinco años de penurias hasta llegar a ese “país de los blancos” como él lo describe y bautiza. Su caso fue una excepción. Cuando llegó fue acogido por un matrimonio que le ayudó en su integración. Aprendió catalán y se convirtió en un superviviente y en un símbolo.
Ousman Umar contaba en primera persona las terroríficas condiciones de su viaje. Que sobreviviera fue casi un golpe de suerte, y por eso tuvo claro que debía servir de algo. En 2012 fundó la ONG Nasco Feeding Minds, con el objetivo de fomentar el acceso a la educación y la información en Ghana. Quería que jóvenes como él supieran la realidad a la que se enfrentan cuando deciden viajar a Europa. Después escribió un libro, Viaje al país de los blancos (Plaza & Janés), en donde contó toda su travesía, y ahora ese libro se convierte en una película dirigida por Daniel Sancho donde, además, se interpreta a sí mismo en la etapa adulta del personaje.
Umar cree que si él fue quien sobrevivió de aquel grupo, tenía que ser un motivo. “No llegué vivo por ser el más fuerte de mi equipo, sino que tenía que cumplir un propósito en mi vida, y era dar voz a todos aquellos que no lo lograron. El otro propósito es trabajar en el origen del problema para evitar que otros niños sufran lo mismo que yo, y poder trasladar esta historia a la gran pantalla es la mejor forma de hacerlo. Cumplir esos objetivos me dio la razón para sentirme vivo, porque después de todo lo ocurrido, me era imposible”, dice Ousman desde el otro lado del teléfono.
Aunque suene naif, cree firmemente en el poder del arte para cambiar las cosas. “Me encantaría poder compartirte algunos de los comentarios que me llegaron cuando publiqué el libro en 2019”, dice cuando le preguntan por ello. Para él “el arte tiene una gran fuerza, llega donde no lo hacen las palabras. Dicen que una imagen habla más que mil palabras y yo creo que es literal, por eso el libro puede hacer mucho, pero el audiovisual tiene una fuerza mayor y tiene este gran potencial para llegar a las masas”, opina.
Desde aquel 2019 cuando salió su libro al 2026 de la llegada de la película han cambiado las cosas. La extrema derecha ha extendido su mensaje y llegan a los ayuntamientos y autonomías enarbolando un concepto como el de ‘prioridad nacional’, cuyo racismo hubiera hecho que gente como Ousman Umar quizá no hubiera deseado quedarse en España. Por eso creo que “la película ha llegado en el momento correcto para demostrar que realmente es posible la convivencia, para arrojar una luz en la oscuridad y una luz de esperanza en la sociedad”.
La película ha llegado en el momento correcto para demostrar que realmente es posible la convivencia, para arrojar una luz en la oscuridad y una luz de esperanza en la sociedad
En momentos donde la extrema derecha tensa la cuerda del racismo, él pide un cambio, “hablar de prioridad humana en vez de prioridad nacional”. También les da una lección de Historia. “Si lees los libros de Historia te das cuenta de que la mayor fábrica de migrantes de la humanidad es Europa. Pregunta a alguien de Argentina, por ejemplo, por sus cuatro apellidos, y verás que hay españoles, italianos, alemanes… De 1947 a 1952, cientos de centenares de pateras llegaron a Venezuela desde España hasta que Franco firma un convenio con el presidente de Venezuela para que acepten legalmente a los españoles migrantes, así que solo pido que lean un poquito más para darse cuenta de que hablan de chorradas. Los que realmente causan dificultades al Estado no son los más vulnerables”, dice con contundencia.
Le parece “triste” que ciertas personas “llenen sus discursos con la prioridad nacional”. “Son los mismos que luego van a misa los domingos. Es la hipocresía máxima. Yo no quiero dar lecciones a nadie, ni mucho menos. Pero sí estoy totalmente convencido que ese libro y esta película llegan en un momento culminante para arrojar esperanza y humanidad en la situación que estamos viviendo, de la misma manera que el mensaje del Papa fue un golpe grande que espero que tengan conocimiento y sabiduría suficiente para poder interpretarlo y entenderlo. Pero bueno, muchas veces tenemos orejas pero no escuchan. Espero que hayan podido escucharlo bien”, asevera.
Su historia se convirtió en referente para muchos, pero como él siempre destaca, es una excepción. Uno de los pocos que sobreviven a esa travesía. Por eso aclara que no se considera “una persona exitosa ni mucho menos” y que para él, el éxito, “es una acumulación de fracasos sin perder la ilusión”. “Yo era un auténtico fracasado. Lo que pasa es que jamás me doy por vencido, jamás pierdo la ilusión de seguir adelante. Yo creo que mi vida es un espejo de muchos de mis compañeros que no llegaron con vida, pero también para los que han llegado pero no están visibles. Gracias a esa historia, la gente puede hacer esfuerzo para girar a mirar todas esas personas. Basta ya de culpar a los más vulnerables. Es una historia que llama a mirar al migrante con otros ojos”, apunta.
También una historia para los que sobreviven, a los que pide que “no bajen los hombros” y “sigan luchando” porque siempre puede mejorar su situación. “A los españoles y europeos también les puede hacer ver que la convivencia es posible, porque el talento no tiene color, y la gente que llega son diamantes en bruto. Si somos capaces de darles la oportunidad, van a contribuir a nuestro país, a nuestra cultura y al crecimiento económico de nuestro país, que es justamente lo que nos hace falta”, zanja.
En Viaje al país de los blancos narra las partes de la travesía que suelen ser olvidadas, como todo lo que ocurre antes de llegar al mediterráneo. Para Ousman la gente “no quiere ir más allá” y se quedan con un titular que suele ser un número, aunque se trate de “personas con nombres, apellidos, familia y sueños”. Una “falta de interés” en un tema demasiado “crudo”. “No queremos saber. No preguntamos porque no queremos saber cómo es realmente. Nos imaginamos que lo que hay detrás es tan duro que preferimos mirar a otro lado, y eso es también lo que me pasó en las calles de Barcelona mis primeros meses, que cientos de personas pasaban por delante, pero nadie me miraba a la cara. Y cuando intentabas pedir un vaso de agua la gente apartaba el bolso”, recuerda.
A pesar de todo sigue viendo “siempre el vaso medio lleno” y tiene claro que “las grandes batallas se ganan desde dentro”. Por eso sigue activo con su ONG con la que tiene claro que no va a cambiar el mundo, pero que al menos puede poner un grano de arena para que vea que “el amor puro es lo único que nos puede humanizar”.
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