Secundino Bugallo y Francisco Arca, asesinato y mutilación de dos sindicalistas del rural de Pontevedra en agosto del 36
Participaron en el “pequeño intento de resistencia” con el que se encontró en la comarca de Terra de Montes, en el interior de la provincia de Pontevedra, el golpe de Estado del 18 de julio de 1936. Tuvieron que huir al monte y terminaron siendo detenidos. Los asesinaron falangistas el 13 de agosto de ese año, tras someterlos a torturas. Y dejaron sus cuerpos bien visibles en la cuneta, con los genitales mutilados, para asegurarse de que el mensaje de terror se iba a extender por la zona. Hoy, en ese punto, una placa los recuerda: “Secundino Bugallo Iglesias. Francisco Arca Valiñas. Morreron por defender as súas ideas republicanas [Murieron por defender sus ideas republicanas]”.
Si en su asesinato hay aspectos especialmente crudos se debe, probablemente, a que ambos eran líderes destacados a nivel local, señala Anjo Torres, vecino de la comarca e integrante del colectivo A Lumieira, que se implica desde hace años en una labor voluntaria para recuperar la memoria de la represión del franquismo en Terra de Montes y que convoca un homenaje a Bugallo y a Arca coincidiendo con el 90 aniversario de su ejecución, el 13 de agosto. Torres indica que, aunque se centra en estos dos dirigentes sindicalistas y militantes de Izquierda Republicana, la intención es que el acto sirva para recordar a todos los hombres y mujeres asesinados o perseguidos durante la guerra y el franquismo.
Secundino Bugallo y Francisco Arca eran canteros y tratantes de ganado. Ambos habían nacido en la década de los 80 del siglo XIX y tenían en común la parroquia de Figueiroa, en Cerdedo (hoy, Cerdedo-Cotobade, en el interior de la provincia de Pontevedra), en donde vivían. También compartían posturas políticas y activismo. Los dos fueron dirigentes de la Sociedad Agraria y de Oficios Varios El Trabajo, integrada en el sindicato CNT y que formaba parte de la federación de agricultores y obreros de Cerdedo, como recoge en uno de sus escritos Calros Solla, uno de los vecinos que, junto al historiador Dionisio Pereira, más ha investigado la represión en Terra de Montes. Bugallo y Arca tuvieron también cargos a nivel local en Izquierda Republicana, el partido que fundó en 1934 Manuel Azaña.
Sus posturas y sus actividades los enfrentaban a los caciques locales, que se mantenían en la zona desde la época de la Restauración. “Destacaron porque eran dirigentes y gente muy implicada”, recalca Torres, que relata que los dos se sumaron al intento de resistencia al golpe de Estado que lideró Franco. Bugallo, añade Solla, se encargó que requisarles las armas, yendo puerta por puerta, a los derechistas más exaltados. Vecinos de Figueiroa se enfrentaron a un destacamento de la Guardia Civil que se había desplazado desde Pontevedra para apresar a las autoridades republicanas. Una parte fueron detenidos, otros escaparon o se ocultaron en el monte. Sus esposas, recuerda Solla, también sufrirán la represión, con continuas coerciones y vejaciones.
Tanto Bugallo como Arca se escondieron y fueron apresados unos días después. Los llevaron al cuartel de la Guardia Civil de Cerdedo. Y en la noche del 12 al 13 de agosto, como en muchos otros puntos de Galicia aquellos días, los pasearon: se los llevaron fuera para matarlos. En su caso, el destino fue el kilómetro 74 de la carretera de Ourense, en donde primero los torturaron y luego los mataron.
Sus cadáveres fueron abandonados, mutilados, en la cuneta. Allí mismo se los encontraron por la mañana los pasajeros de un coche de línea, entre los que estaba la mujer de Arca, que se dirigía a Pontevedra para intentar localizar a su marido. Y ahí, en A Ponte do Barco, es donde ahora se les hace un homenaje anual, en el que llegó a participar un hijo de Francisco Arca, Rogelio Arca, fallecido en 2010 -y que combatió en las filas republicanas-. Él fue quien señaló el lugar exacto y sugirió que una placa recordase lo ocurrido. Ese monumento, instalado en 2006, también ha sufrido ataques, relata Anjo Torres. Dos veces se encontraron con que alguien había arrancado y hecho desaparecer la placa. Ahora la sustituye un monolito con el mensaje grabado en la piedra.
La memoria casi perdida de las Casas do Pobo
El borrado de la II República se extendió también a los espacios que se utilizaban para las reuniones sociales, sindicales o políticas. Fue lo que ocurrió también con las Casas do Pobo que había en Terra de Montes. Anjo Torres indica que estos locales habían empezado a aparecer desde principios del siglo XX. La de Deán, de referencia en la comarca, era la sede de la federación de agricultores y obreros en la que militaban Bugallo y Arca. Se inauguró en 1907, tras una colecta popular para recaudar fondos, y, según recoge Dionisio Pereira, tenía botica y médico. Los falangistas le prendieron fuego y la dejaron en ruinas.
Muchas otras Casas do Pobo corrieron la misma suerte. Anjo Torres señala que lo habitual era que fuesen arrasadas o requisadas por los franquistas. Algunas se perdieron y también se esfumó la noción de lo que eran. Este vecino cuenta que, recabando datos para sus indagaciones, habló con una vecina que decía que recordaba una de esas casas, la de Bugarín, ya en ruinas cuando era niña y solo tenía una vaga idea de que aquello lo había creado la gente de la aldea. El colectivo Lumieira ha ido registrando en una web los datos de estos espacios, en un trabajo que sigue en marcha.
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