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Vicent Marzà, eurodiputado de Compromís: “Las medidas sobre vivienda que se reclaman en España ya se aplican en la UE”

El eurodiputado de Compromís, Vicent Marzà, en el Parlamento Europeo.

Sergi Pitarch

Bruselas —

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Vicent Marzà, eurodiputado de Compromís y coordinador de los Verdes Europeos en la Comisión de Comercio Internacional, ha cumplido dos años en el Parlamento Europeo. En este tiempo ha centrado buena parte de su actividad en la defensa de los intereses de los sectores productivos valencianos, pero también en cuestiones como la vivienda, donde es vicepresidente de la comisión que aborda esta materia, las relaciones comerciales con terceros países o la dependencia tecnológica europea. El acuerdo con India, Mercosur, las relaciones con Marruecos, el arroz o el sector cerámico han sido algunos de sus frentes de trabajo.

Estás a punto de cumplir dos años como eurodiputado. ¿Qué balance haces de este periodo?

Hemos trabajado defendiendo todos los sectores valencianos e intentando hacer compatible esta defensa territorial con la sostenibilidad, la reducción de emisiones y la generación de puestos de trabajo. En este sentido, hemos estado muy centrados en sectores como el azulejo, la agricultura o el transporte.

El azulejo es uno de los sectores que más está sufriendo la transición energética. ¿Qué pedís a Europa?

El sector está preparado para hacer un cambio tecnológico. Ya existe una alternativa, que es la electrificación, pero no se puede aplicar inmediatamente porque no hay suficiente red eléctrica. Y no es posible crearla en dos, tres, cuatro o cinco años. Por tanto, mientras no llegue esa solución tecnológica, no podemos exigir un esfuerzo que destruya puestos de trabajo. El sector necesita más tiempo y más ayudas directas para la electrificación y la reducción de emisiones.

Y, además, hay una oportunidad industrial valenciana. Los primeros que han fabricado un horno 100% eléctrico para la cerámica son una empresa valenciana. Eso podría generar también más puestos de trabajo en la fabricación de estos hornos. Hemos conseguido algunos avances para que la modificación del mercado de emisiones no sea tan dura como estaba planteada inicialmente. No es el 100% de lo que queremos, pero hemos abierto la puerta para que no sea lo que se había planteado hasta ahora.

En el acuerdo comercial con India habéis conseguido que el arroz quede fuera. ¿Por qué era tan importante?

Fue una de mis obsesiones desde el primer día. Cuando me reuní con el negociador del acuerdo con India, le planteé dos cuestiones: la protección de la industria y de la agricultura y, en concreto, el arroz. Defendí que el arroz quedara fuera sí o sí del acuerdo comercial y lo hemos conseguido. Por tanto, no entrará arroz de India que inunde todavía más el mercado europeo y hunda todavía más el arroz valenciano.

También habéis denunciado problemas con el etiquetado del arroz.

Ha habido un engaño total y directo. La normativa europea regula esta cuestión y acompañamos a los representantes de la Unió de Llauradors para que se reunieran con los responsables de la Comisión. Nos aseguraron que, con la normativa actual, es claramente ilegal lo que se está haciendo porque induce a engaño a los consumidores. A partir de ahí hablamos con el Ministerio de Consumo, que ha abierto expediente a la Generalitat Valenciana para que investigue los casos en los que se está etiquetando el arroz de una manera que puede engañar a los consumidores.

En la normativa sobre los derechos de los pasajeros también habéis conseguido algunos avances. ¿Cuáles?

Hemos conseguido que ya no puedan engañarnos con el precio. El precio que se muestre por defecto deberá incluir la maleta, de manera que se puedan comparar realmente los precios. También hemos conseguido que las familias puedan sentarse juntas. El modelo de negocio que consiste en separar a las familias y cobrar por sentarse juntas se ha acabado.

Y las personas que necesitan acompañante, como las personas con movilidad reducida o las personas ciegas, podrán tenerlo gratuitamente. También hemos avanzado en las indemnizaciones. Creo que es una buena muestra de la capacidad de defender los derechos de la ciudadanía por delante de los beneficios de algunas aerolíneas.

Mercosur es uno de los grandes asuntos pendientes. ¿Por qué os oponéis al acuerdo?

Nosotros hemos estado en contra del acuerdo con Mercosur desde el inicio, sobre todo por la afectación al campo valenciano, pero también a otros sectores. Cinco eurodiputados de diferentes grupos iniciamos un procedimiento para que la justicia se pronuncie sobre si este acuerdo es legal y cumple los requisitos que debe cumplir. Hemos conseguido que la mayoría apoye llevarlo ante el Tribunal.

Nosotros pensamos que no cumple la normativa y, aparte de las razones de contenido, como la falta de cláusulas de reciprocidad o de mecanismos que obliguen al cumplimiento en cuestiones como la deforestación, los derechos humanos o la competencia desleal, pensamos que también es ilegal. Ahora la justicia debe pronunciarse.

Vicent Marzà, en el Parlamento Europeo.

Otro de tus frentes es el Sáhara y las relaciones entre la Unión Europea y Marruecos. ¿Qué planteáis?

Estamos impulsando que se suspendan el acuerdo de asociación y el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Marruecos porque vulneran una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que señalaba que se estaban vulnerando los derechos básicos del pueblo saharaui. Y también porque Marruecos no es un socio fiable.

La política europea de externalización de fronteras nos hace más débiles porque nos hace depender de gobiernos autoritarios. Cada vez destinamos más recursos a una política que no resuelve el problema.

¿Qué debería hacer Europa con esta política migratoria?

Tenemos que buscar soluciones para que las personas que ya están en Europa puedan tener una integración adecuada, un trabajo y puedan contribuir a la economía europea. Estamos destinando decenas de miles de millones de euros a una política de fronteras que no tiene ningún efecto, cuando una parte de estos recursos se podría utilizar para integrar a estas personas.

Eres también vicepresidente de la Comisión de Vivienda. ¿Qué puede hacer la Unión Europea ante la crisis que hay en España?

La Comisión Europea inicialmente no quería que habláramos de vivienda porque decía que no era competencia suya. Nosotros insistimos: si habláis de defensa, cuando no tenéis competencias en defensa, ¿por qué no podemos hablar del principal problema que tiene la ciudadanía trabajadora, que es la vivienda?

Hemos comprobado que muchas de las medidas que ahora se reclaman en España ya se están aplicando en otros países de la Unión Europea. Por tanto, no se puede decir que sean ilegales o inviables.

Hay que acabar con la especulación financiera sobre la vivienda y evitar que se puedan comprar viviendas simplemente para hacer un uso especulativo de ellas. También hay que impedir que se destinen viviendas a usos que no sean residenciales cuando hay personas que no tienen vivienda en esa zona. Y tenemos que reforzar los derechos de los inquilinos. En otros lugares de Europa los contratos son indefinidos y no se pueden subir los alquileres de un día para otro.

¿Y qué debería hacer Europa con los recursos públicos destinados a vivienda?

Tenemos que construir más vivienda, pero vivienda asequible. No necesitamos más vivienda de lujo, ni más vivienda para uso turístico, ni más vivienda para hacer negocio. Necesitamos más vivienda asequible.

Hay un plan de la Unión Europea con más de 60.000 millones de euros y nosotros hemos puesto como condición que solo se utilice para que sea vivienda asequible permanentemente. No puede pasar como en España, que se privatiza al cabo de poco tiempo.

Hablas de armonizar las legislaciones europeas al alza.

Exactamente. Hemos estudiado dónde funcionan políticas de éxito y se pueden aplicar a toda Europa. Lo que exigimos a la Comisión Europea es que las armonice al alza.

Hemos conseguido un paso importante: la Comisión Europea ha planteado limitar la compra de segundas residencias y declarar zonas tensionadas para actuar sobre los precios del alquiler. No nos gusta cómo se plantea porque es una fórmula complicada y será difícil de aplicar, pero es un primer paso para empezar a escuchar la realidad de la gente.

Hablemos de China. ¿Qué relación debe tener Europa con el gigante asiático, especialmente ahora que las empresas chinas están ganando peso industrial en el País Valenciano?

Debe ser una relación directa, sin intermediarios y con toda la diplomacia del mundo, pero llegando a acuerdos. Nadie cuestiona que tenemos que desconectarnos de Rusia y de la dependencia gasística que teníamos de Rusia, pero poca gente se está cuestionando que también tenemos que desconectarnos de la dependencia que tenemos de Estados Unidos.

Si queremos ser actores principales en el mundo, tenemos que ser actores propios, relacionarnos con todo el mundo de igual a igual y desarrollar industrialmente nuestro territorio.

Tenemos que recuperar las relaciones con China de manera directa, pero con una mirada muy clara: tenemos que generar más puestos de trabajo industriales y de mayor calidad en nuestro territorio. Los chinos llevan ventaja porque hace mucho tiempo que invierten masivamente en estos sectores. Tendremos que ver cómo marcamos las condiciones para no acabar siendo dependientes de ellos tampoco.

Por tanto, ¿cuál es el modelo que propones?

No queremos depender ni de China, ni de Estados Unidos, ni de Rusia. Tenemos que ser los europeos quienes decidamos nuestro futuro. Europa todavía tiene capacidad de liderazgo mundial en determinados sectores, pero no estamos invirtiendo en ellos.

Necesitamos medidas que incentiven la creación de empresas europeas de alto nivel. Por ejemplo, soy el ponente de la alta velocidad ferroviaria y he planteado que no dejemos de invertir en los trenes de cercanías, el transporte convencional o la media distancia para invertirlo todo en el AVE.

También en esto hay competitividad. Tenemos una fábrica muy importante en el País Valenciano, como Stadler, que podría tener todavía más músculo si las instituciones europeas apostaran por una estrategia ferroviaria adecuada. Tenemos que invertir en industria ferroviaria para no depender de nadie.

¿Y esta autonomía también pasa por reducir la dependencia tecnológica de Estados Unidos?

Sí. El debate público y la opinión pública europea están muy mediatizados por los intereses tecnológicos y comerciales de las empresas estadounidenses. Tenemos que acabar con esto.

Tenemos que regular las redes para evitar que puedan dirigirnos hacia una opinión u otra y tenemos que desarrollar tecnología propia europea en todos los ámbitos. También tenemos que dejar de depender de los sistemas de pago y de otras infraestructuras tecnológicas que están en manos de empresas estadounidenses.

Necesitamos tecnología europea en todos los ámbitos para desconectarnos de Estados Unidos y del negocio que hacen con nuestras vidas. Y, al mismo tiempo, tenemos que proteger los derechos humanos, con los estándares más altos en derechos humanos y libertad de expresión.

Eso es Europa: no continuar sometidos ni a Estados Unidos ni a ninguna otra potencia.

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