Ayuso y lo que tarda el sol en volver a salir
Yo también vi anoche el eclipse. Ya escribí sobre él hace unos días porque si miro no escribo: no estoy hecha para la multitarea.
Desde hace días sólo se habla del eclipse, pero ayer me topé con una información sobre Velintonia, la casa donde vivió Vicente Aleixandre, premio Nobel de Literatura. Se han licitado las obras para rehabilitarla como casa-museo. Pensé en escribir de poesía: qué mejor para el día D+1 que seguir con experiencias sensoriales, no políticas.
La empresa pública Planifica Madrid -sí, la del ático de seis millones de euros- impulsa la rehabilitación de la casa de Aleixandre, situada para más inri en el distrito de Chamberí. Mi mente hizo clic ella sola: a ver si se va a quedar Ayuso con Velintonia, ahora que se le ha chafado lo del ático. Pero no, porque no es un ático.
Un ático se entiende enseguida. Y Ayuso lo sabe, porque sabe mucho de política. No tiene conocimiento académico, no ha leído, no alberga ese saber en su mente. Ayuso sabe de política a la altura del estómago (que es, por cierto, donde hay que saber, y ese es su mérito). Una gobernante con su instinto político descifra enseguida lo que significa para ella el escándalo del ático. No es un caso complejo, con empresas pantalla, alzamiento de bienes o testaferros. Comprarte un ático con dinero público está muy feo y toda España lo sabe.
En sus actos a partir de septiembre, ya no estarán las señoras que la aclamaban –“Isabel, Isabel”-, sino a lo sumo los gruppies del partido, que también tienen un voto, pero no cuentan igual. Ayuso sabe que cuando suba a un avión y busque su asiento entre las filas, cuando entre a un teatro lleno o visite un colegio, la gente la verá y pensará en el ático. La primera palabra que vendrá a la mente de muchos cuando oigan “Ayuso” será “ático”, como explicaba ayer con mucha gracia Isaac Rosa.
Intenté volver a Aleixandre. Tiene un libro de poemas espectacular, Espadas como labios, y otro cuyo título parece distinto pero es el mismo: La destrucción o el amor, publicado tres años después. A veces uno no se explica bien y tiene que salir varias veces a la palestra. ¡Copón! Igual que Ayuso. De todas las explicaciones que ha ofrecido, algunas contradictorias entre sí, me ha gustado especialmente esta: “Si hubiera querido una vivienda para mí no hubiera tardado siete años. Sería muy poco inteligente por mi parte que a estas alturas de mi vida política me buscara una casa”.
Los grandes verseros revelan sus sentimientos profundos sin querer. Ella lo hace con la figura de la preterición, que evita nombrar lo que todos están pensando: “Sería muy poco inteligente por mi parte” significa “soy demasiado lista para hacer eso”. Lo dijo porque nadie se explica cómo ha podido equivocarse tanto. Era evidente que se acabaría sabiendo, que no podría justificarlo y constituiría un escándalo en el asunto más sensible: la vivienda.
No sólo se entiende lo del ático, sino que además todos tenemos a alguien cerca que no puede soñar con comprarse un piso, no digamos ya un ático en uno de los barrios más caros de Madrid. Siete años en el cargo explican cosas, pero no que no haya intentado antes lo del ático, sino que es suficiente tiempo para alejarse de su estómago y emborracharse de soberbia. Ayuso consiguió todo el poder en el PP de Madrid en 2022 y la mayoría absoluta en la Asamblea en 2023. A partir de ahí, es fácil imaginarla rodeada siempre de esas cabezas que tienen flojo el muelle de cuello y asienten sin parar.
Hasta un día en que la niña deslenguada dijo con su alabado desparpajo: “Quiero un ático”. En la sala, todos bajaron la cabeza y empezaron a tramitar el expediente. No sé si la fortuna de Ayuso está girando, pero ojo con las expectativas: como vimos ayer, las estrellas eclipsadas vuelven a salir enseguida.
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