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Opinión - Cuando baje un poco el calor, por Enric González

Cuando baje un poco el calor

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
27 de junio de 2026 22:28 h

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Cabe concluir que la corrupción política es endémica.

El Gobierno de Mariano Rajoy cayó en las circunstancias que todos recordamos: con el PP condenado “como partícipe a título lucrativo” en el caso Gürtel y con el bolso de Soraya Sáenz de Santamaría en el escaño vacío del susodicho M. Rajoy.

El Gobierno de Pedro Sánchez se encuentra en las circunstancias que todos conocemos: con el PSOE perforado por dos secretarios de Organización adictos al dinero ajeno, con el exministro José Luis Ábalos en prisión, con el “patriarca” socialista José Luis Rodríguez Zapatero bajo investigación y el susodicho Sánchez asegurando, sin muchos argumentos, que “no todos somos iguales”.

Cabe concluir que la corrupción institucional es un mal crónico. Desde los GAL de Felipe González a la “policía patriótica” de Mariano Rajoy, desde las “cloacas” del PP (espionaje a Luis Bárcenas) hasta las del PSOE (lo de Leire Díez), desde las privatizaciones para amiguetes de José María Aznar hasta los delirios del CIS de José Félix Tezanos o la rotunda parcialidad de determinados programas de RTVE (con Aznar o con Sánchez), se percibe un mal uso continuado de las instituciones públicas.

Cabe concluir que el sistema judicial muestra gravísimas deficiencias, quizá en parte por falta de recursos, quizá en gran medida por desgana o falta de profesionalidad de ciertos jueces. No hablo de personas concretas: como es previsible, igual que en la política, hay titulares de juzgados que no conocen la decencia.

Algo muy grave es la filtración automática a la prensa de los sumarios, sean secretos o no, y la difusión de informaciones personales irrelevantes para una investigación pero jugosos para un titular. Eso tan grave se ha convertido en norma. Y no pasa nada. Algo aún más grave es el manoseo partitocrático de la justicia. Tampoco pasa nada.

Por supuesto, los medios de comunicación saben ser cínicos cuando les conviene: mientras deploran (o dicen deplorar) las filtraciones judiciales interesadas, son sus primeros beneficiarios. Y las exprimen a gusto. Más a gusto cuanto más se ajustan a su línea editorial. Por no hablar de quienes publican mentiras a sabiendas: esos medios forman parte de la corrupción política e institucional.

El descrédito es general.

Pero eso no es lo peor. ¿Quién arregla esto? O, siendo más posibilistas, ¿quién es capaz de hacer algún esfuerzo para que las cosas no sigan pudriéndose?

Yendo al nivel de máxima responsabilidad, el correspondiente al Gobierno central, hay dos posibilidades. La tarea podría recaer en el propio Pedro Sánchez si lograra componer, cosa que parece improbable, una nueva mayoría tras las próximas elecciones. O bien, como parece muy posible, en el PP de siempre, el de Ayuso y Rodríguez y Feijóo, coaligado con una formación tan turbia (política y financieramente) como Vox, surgida de las aguas populares más cenagosas.

Ambas posibilidades resultan, en principio, desalentadoras.

Y este es el panorama que nos espera para cuando baje un poco el calor. 

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