Qué es la microbiota intestinal y por qué se la considera una aliada clave de la salud

Nuestra microbiota nos define a cada uno de nosotros porque es única, no hay dos iguales.

Marta Chavarrías

21 de junio de 2026 13:59 h

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Nuestro alberga un ecosistema complejo repleto de miles de millones de bacterias, virus, hongos y otros microorganismos en nuestro sistema digestivo. Esta diversidad, conocida como microbiota intestinal, se ha convertido en un actor clave en la sintonía de nuestra salud en general, con especial atención a la digestiva. El intestino es una bulliciosa zona donde tienen lugar la digestión, la absorción de nutrientes y el control inmunitario y se encuentra en el corazón de esta ‘magia’ microbiana.

La microbiota intestinal actúa como una especie de orquesta que opera en numerosos procesos fisiológicos, y nunca descansa, billones de ‘habitantes’ trabajan sin descanso día y noche. Y, pese al tamaño diminuto de virus, hongos y otros microorganismos, son aliados poderosos para una buena salud y una función inmunológica óptica.

Microbiota, un complejo ecosistema con infinidad de funciones

La microbiota intestinal es el conjunto de todas las bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que viven en el intestino. Contrariamente a lo que muchas personas creen, no todas las bacterias son una amenaza para nuestra salud. Si bien la palabra bacteria puede tener una connotación negativa, la gran mayoría son microorganismos simbióticos, es decir, les proporcionamos un hogar y alimento y, a cambio, realizan funciones esenciales que el cuerpo humano no puede llevar a cabo por sí solo. 

“La mayor parte se encuentra en el intestino, donde mantiene una relación de colaboración con nuestro cuerpo y participa activamente en funciones esenciales para la salud”, afirma la doctora Mar Sánchez Somolinos, jefa de la Unidad de Microbiota de la Clínica Neogenia.

El interés por saber más sobre la microbiota ha llevado a un “cambio de nuestra comprensión de su importancia: ya no se considera un simple grupo de microorganismos que habita en el intestino, sino un elemento clave para el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo”, explica Sánchez.

¿Por qué la microbiota influye en nuestra salud general? ¿Qué función cumple exactamente? “La microbiota desempeña funciones mucho más amplias de lo que se pensaba hace unos años”, dice la especialista. Quizás la más evidente es la de facilitar nuestros procesos digestivos. Por un lado, las bacterias beneficiosas que habitan en nuestro intestino ayudan al organismo a procesar compuestos difíciles de digerir, como el almidón y la fibra. Esto nos permite absorber los nutrientes de los alimentos ricos en estos nutrientes, minimizando el riesgo de estreñimiento, diarrea y otros problemas digestivos. “También participa en la síntesis de algunas vitaminas y favorece la absorción de nutrientes”, reconoce Sánchez.

Pero la microbiota tiene un impacto que va más allá del sistema digestivo. También desempeña un papel importante en nuestra salud inmunológica, “ayudando a entrenar nuestras defensas y protegiéndonos frente a microorganismos potencialmente dañinos”, afirma la especialista. Las bacterias beneficiosas alertan a menudo de nuestras células inmunitarias e inician una respuesta inmunitaria lo suficientemente rápida como para prevenir enfermedades. Por tanto, la microbiota actúa como una especie de entrenamiento para las células inmunitarias, enseñándoles a distinguir entre partículas de alimentos inofensivas y patógenos peligrosos.

Gracias a la microbiota, es posible también “mantener la integridad de la barrera intestinal, que regula qué sustancias pueden pasar desde el intestino al resto del organismo”, afirma Sánchez, que admite además que “la investigación más reciente también ha demostrado que influye en procesos tan diversos como la inflamación, el metabolismo, el control del peso corporal, la respuesta a determinados medicamentos e incluso el estado de ánimo gracias a la comunicación constante entre el intestino y el cerebro”.

Una firma biológica única

Nuestra microbiota nos define a cada uno de nosotros porque es única, no hay dos iguales. “De la misma forma que no existen dos huellas dactilares idénticas, tampoco hay dos microbiotas exactamente iguales”, asegura Sánchez, que admite que “cada individuo alberga miles de especies microbianas en proporciones distintas, creando una composición característica y personal”. 

De acuerdo con este estudio de la Escuela de Salud Pública de Harvard, los más de 100 billones de microorganismos que albergamos pueden identificarnos de forma individual, al igual que una huella dactilar. Al parecer, estos microorganismos personales poseen características distintivas que podrían usarse para identificarnos a lo largo del tiempo. 

¿Qué es lo que la hace única en cada persona? Para Sánchez, esta diversidad depende de factores como “la genética, el tipo de parto, la lactancia durante los primeros meses de vida, la alimentación, el uso de medicamentos (sobre todo antibióticos), la actividad física, el estrés o el entorno. De ahí que incluso entre familiares o personas que comparten hogar puedan existir diferencias significativas”. Y esta particularidad la que explicaría por qué “cada organismo responde de forma distinta a determinados alimentos, tratamientos o cambios en el estilo de vida”. 

Construir una microbiota diversa, más allá de la alimentación

A la hora de cuidar de nuestra microbiota, la alimentación es uno de los factores que determinan su composición y función. “La microbiota prospera cuando recibe una alimentación rica y variada en alimentos de origen vegetal: frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales aportan fibra, que actúa como combustible para muchas bacterias beneficiosas”, afirma Sánchez. Los alimentos fermentados, “como el yogur o el kéfir, también ayudan a enriquecer el ecosistema intestinal”.

Pero, como admite la especialista, “la salud de la microbiota no depende solo de lo que comemos”, ya que el ejercicio físico regular, bueno para nosotros, también lo es para el intestino. Las investigaciones demuestran que realizar ejercicio de intensidad moderada a alta de 30 a 90 minutos al menos tres veces por semana puede generar cambios importantes en la microbiota intestinal, incluyendo un aumento de la diversidad microbiana.

Al binomio alimentación-ejercicio se le suma otro más: la gestión del estrés también influye de manera decisiva en su equilibrio. 

Al otro lado de la balanza, es decir, como factores que perjudican a nuestra microbiota, tenemos “el sedentarismo, la falta de sueño, el estrés crónico, el consumo excesivo de alcohol o una dieta rica en ultraprocesados, que pueden reducir la diversidad microbiana y favorecer alteraciones conocidas como disbiosis”, advierte Sánchez.

En definitiva, nuestra microbiota no deja de ser una especie de chivato de nuestro estilo de vida. “Cuanto más saludables y consistentes sean nuestros hábitos, mayores probabilidades tendremos de mantener un ecosistema intestinal diverso, resiliente y capaz de contribuir a nuestra salud a largo plazo”, concluye Sánchez.

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