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“Solo necesitamos una oportunidad”: el camino a Ceuta de Mohamed y cientos de sudaneses desde la peor crisis humanitaria del mundo

Un grupo de refugiados sudaneses se concentra en Ceuta ante la vigilancia de militares españoles.

Soraya Aybar Laafou

Ceuta —
8 de agosto de 2026 22:22 h

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En los bosques que rodean el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Ceuta (también conocido como el CETI), la humanidad descansa sobre la naturaleza. Bajo la sombra de los árboles, grupos de jóvenes que cruzaron el pasado jueves la frontera entre Marruecos y Ceuta se esconden del sol. Otros descansan apoyados sobre una piedra y un gran grupo aprovecha la pendiente que baja hasta la playa del Trampolín para tumbarse con la cabeza en alto.

Mohamed está solo. Se mantiene en pie y agarra su mochila con más fuerza al ver al Ejército llegar. Han rodeado a los cientos de personas de origen subsahariano que, pacíficamente, gritan al unísono: “¡Asilo, asilo!”. La mayoría son sudaneses que huyen de la guerra que azota el país desde 2023. En conversación con este medio, Mohamed explica por qué agarraba la mochila con tanta fuerza. “Lo único que me queda es mi teléfono móvil”, cuenta, mientras enseña que no tiene batería y que lleva días tratando de encontrar una solución.

Tiene 38 años, es de Jartum, la capital de Sudán, está graduado en Derecho y le fascina el estudio de los derechos humanos desde la teoría y la investigación. Su familia está en Egipto refugiada de la guerra en su país.

Hicimos a pie una gran parte del camino. Íbamos mi mujer y yo con otros tres chicos sudaneses. No pudimos llevarnos a nuestros tres hijos. Los hemos dejado en Sudán

Ahmed refugiado sudanés

“Mi caso es diferente al resto de mis compañeros sudaneses. Yo llegué a Marruecos en avión porque me habían concedido una beca en la Universidad Abdelmalek Essaâdi de Tetuán”, explica. “He disfrutado del país, de los marroquíes, me han tratado muy bien, pero no puedo construir una buena vida, ni siquiera una vida en sí misma”, añade. “Llevamos días sin comer y sin agua. La Unión Europa y España hablan mucho de los derechos humanos, pero aquí la gente sigue en la misma situación. ¿Dónde están ahora?”, recalca el jurista.

Mohamed llegó el pasado jueves a nado y se enteró de que muchos marroquíes iban a cruzar porque lo vio en redes sociales. “Todos los que estamos aquí lo único que necesitamos es una oportunidad. Una oportunidad puede marcar la diferencia”, sentencia. Mohamed, como refugiado sudanés, tiene clara cuál es la oportunidad que él necesita: “He mandado todos mis documentos, mis trabajos y mis certificados de estudios a España. Me gustaría colaborar en la universidad. Puedo ser hasta voluntario con tal de salir de aquí”, insiste. Mohamed continúa esperando esa oportunidad desde las colinas del CETI, con vistas a España.

Desde el desierto hasta Ceuta

El caso de Ahmed es distinto. Tiene 43 años y, aunque también es de Darfur, él dejó el país africano en agosto de 2024 y salió a pie. “He perdido a mi padre y a mis dos hermanos durante los bombardeos en la región. Nos están matando a todos”, grita. Ahmed, que también llegó solo hasta Ceuta, explica que salió de Sudán y atravesó Libia y Argelia antes de llegar a Marruecos. “Hicimos a pie una gran parte del camino. Íbamos mi mujer y yo con otros tres chicos sudaneses. No pudimos llevarnos a nuestros tres hijos. Los hemos dejado en Sudán”. En el camino sufrió agresiones por las fuerzas de seguridad, principalmente las libias, y sobrevivió a la inmensidad del desierto aun llevando días sin comer ni beber. “Tardé siete meses en conseguir salir de Libia y cruzar a Argelia”. Ahmed evitó Túnez porque dice que “allí las cosas son peores”.

Ahmed está casado, pero su mujer esta vez no está con él. “Se ha quedado en Marruecos y yo he salido a intentar conseguir trabajo para mandarle dinero a ella y a mis hijos en Sudán”, relata con orgullo. De pronto, más y más sudaneses se organizan para realizar una sentada frente a las autoridades españolas. Uno de ellos carga con un cartón que está hecho pedazos, pero donde se ve claramente el mensaje que quieren trasmitir: “Somos de Sudán. Queremos ser refugiados”, escribe. “¡Asilo, asilo!”, grita Ahmed mientras se sienta junto al resto de sus compatriotas.

Un refugiado sudanés sostiene un cartel en el que solicita asilo a las autoridades españolas.

Jóvenes promesas

La desesperación también recae en los sudaneses más jóvenes. Uno de ellos, de 23 años y que prefiere mantenerse en el anonimato, terminó sus estudios de Derecho en la Universidad Mohammed V de Rabat Agdal. “En Marruecos he dejado a personas maravillosas, entre ellas amigos y pareja, pero tenía que salir”, relata a este medio. “Tengo varios proyectos en marcha, pero creo que pueden ser mucho más válidos fuera de Marruecos”, añade.

Ezat tiene 28 años y estudió mecánica en Sudán. Sus piernas están llenas de heridas cicatrizadas y vivas. Él llegó andando desde Sudán hasta Marruecos en septiembre de 2024. Desde entonces, ha vivido en habitaciones compartidas con otras personas de origen subsahariano y, como no consigue un trabajo cualificado, decidió trabajar en la obra. “No me siento seguro en Marruecos”, explica. El joven cuenta que ha sufrido acoso y violencia física en varias ocasiones.

Según contrasta este medio con la asociación Elin, hay más de 500 sudaneses que han dormido estos días en los alrededores del CETI o en la playa del Trampolín. Aun así, la asociación también insiste en que algunos de ellos ya estaban cerca del centro antes del jueves, cuando se produjo la entrada de más de 70.000 personas. Es el caso de Haytham. El joven de 18 años llegó a este lugar hace alrededor de diez días. “Al principio no entendía por qué llegó tanta gente. Luego me enseñaron los vídeos”, apunta.

La guerra de Sudán comenzó el 15 de abril de 2023 como una lucha por el poder entre las Fuerzas Armadas de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido. Desde entonces, el conflicto se ha fragmentado en múltiples frentes en Jartum, Darfur y Kordofán, con participación de milicias locales y apoyos extranjeros.

Sudán, en palabras de la ONU, vive la peor crisis humanitarias del mundo. Más de nueve millones de personas han huido de sus hogares dentro del país y más de 3,5 millones han cruzado las fronteras. En total, más de 30 millones de personas necesitan asistencia humanitaria, mientras que los bloqueos y la destrucción de mercados agravan el riesgo de hambruna.

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