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Marruecos vota en unas elecciones marcadas por la desafección, Ceuta y un jefe del fútbol que puede acabar como primer ministro

El ministro de Presupuesto y presidente de la federación de fútbol de Marruecos, Fouzi Lekjaa, uno de los principales candidatos oficiosos a la presidencia del Gobierno tras las elecciones, en un acto de campaña en Benslimane el 20 de septiembre.

Soraya Aybar Laafou

Casablanca (Marruecos) —
22 de septiembre de 2026 22:08 h

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Marruecos celebra el miércoles unas elecciones legislativas marcadas por el desencanto ciudadano apenas dos meses después del cruce masivo que desbordó la frontera con Ceuta. Los comicios renovarán los 395 escaños de la Cámara de Representantes y determinarán qué partido liderará la próxima legislatura.

El sistema político marroquí tiene las trazas de una monarquía constitucional, pero en la práctica está fuertemente escorado a la autoridad del monarca, Mohamed VI. El rey conserva competencias propias, como la presidencia del Consejo de Ministros, y es quien determina quién ocupa las carteras de Asuntos Exteriores, Interior, Asuntos Militares y Asuntos Religiosos. Habitualmente es considerado un sistema híbrido, en el que la labor del Ejecutivo se limita a gestionar las prioridades dictadas por el Jefe del Estado.

Alrededor de 15,8 millones de ciudadanos están registrados para votar de una población en edad electoral de unos 28 millones. La inscripción es voluntaria y la distancia entre ambas cifras refleja uno de los grandes problemas de estas elecciones, la desafección. En las últimas elecciones, las de 2021, alrededor de la mitad de los inscritos no acudió a las urnas.

La desconexión es especialmente evidente entre los jóvenes. Apenas un 4% de los registrados tiene entre 18 y 24 años, mientras que los mayores de 60 representan más del 29%. La juventud marroquí ha vivido un año marcado por la estela de las movilizaciones que pusieron sobre la mesa demandas relacionadas con el empleo, los servicios públicos —como la sanidad y la educación— y las desigualdades sociales. En este caso, la distancia de los jóvenes respecto a las urnas será, precisamente, una de las grandes incógnitas de los comicios.

De la desafección a la crisis de Ceuta

Es precisamente ese malestar juvenil el que conecta las elecciones con la crisis en Ceuta los pasados 30 y 31 de julio. Según estimaciones oficiales, más de 70.000 personas atravesaron entonces la frontera en un movimiento masivo que desbordó las capacidades de la ciudad autónoma y volvió a tensionar las relaciones entre España y Marruecos. Entre los testimonios recogidos entonces por elDiario.es se repetían las mismas inquietudes: “No tenemos trabajo en nuestro país” o “los salarios son muy bajos”.

Esos testimonios, sumados a las imágenes de miles de jóvenes tratando de abandonar el país, introdujeron en plena precampaña una pregunta incómoda para las autoridades y los partidos políticos marroquíes: por qué una parte de la población está dispuesta a marcharse.

El cruce masivo reactivó momentáneamente el debate sobre Ceuta y Melilla, pero conforme avanzó la campaña el discurso perdió presencia frente a las cuestiones sociales y económicas

El cruce masivo también reactivó momentáneamente el debate sobre Ceuta y Melilla. Varios dirigentes políticos como Nizar Baraka, líder de Istiqlal y ministro de Equipamiento y Agua, y Abdelatif Uahbi, ministro de Justicia y dirigente del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), volvieron a hacer referencia a la reivindicación marroquí sobre ambas ciudades. Aun así, conforme avanzó la campaña en estas últimas dos semanas, el discurso perdió presencia frente a cuestiones sociales y económicas.

El episodio de Ceuta sigue condicionando la propia jornada electoral. Marruecos ha reforzado de forma extraordinaria la frontera de Castillejos con la ciudad autónoma ante los llamamientos difundidos en redes sociales para intentar un nuevo cruce coincidiendo con el mismo día de las elecciones. Según fuentes locales, hay alrededor de 3.000 efectivos desplegados, entre policías, gendarmes y unidades militares.

Una economía que crece, pero no llega a todos

El malestar social convive, sin embargo, con unas cifras macroeconómicas que muestran una economía en expansión. El Alto Comisionado para la Planificación estimó que la economía marroquí creció alrededor de un 4,8% interanual durante el segundo trimestre de 2026, impulsada por la recuperación agrícola, los servicios y una fuerte demanda interna. El FMI, por su parte, proyecta un crecimiento del 4,4% para el conjunto del año.

Además, Marruecos vive un importante crecimiento inversor con la construcción de carreteras, líneas ferroviarias, aeropuertos, estadios y proyectos vinculados a la estrategia de modernización y mejora de los espacios urbanos relacionada con la celebración del Mundial de fútbol masculino de 2030.

Tres partidos y un Parlamento dividido

La carrera electoral vuelve a estar protagonizada principalmente por las tres formaciones que han gobernado juntas desde 2021: la Agrupación Nacional de Independientes (RNI), el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM) e Istiqlal. El RNI ganó las últimas elecciones con alrededor del 29% de los votos y situó a Aziz Akhannouch al frente del Gobierno. El PAM fue segundo, con un 14%, e Istiqlal obtuvo aproximadamente un 10%. Akhannouch ya anunció que no aspiraría a continuar como jefe del Ejecutivo, lo que ha abierto la carrera por su sucesión.

En general, el sistema electoral en Marruecos favorece la fragmentación parlamentaria y hace necesaria la formación de coaliciones. La Constitución del país establece que el Rey Mohamed VI debe ser el responsable de nombrar al jefe del Gobierno entre los miembros del partido que termine en primera posición, pero el elegido no tiene por qué haberse presentado como candidato a diputado.

Fouzi Lekjaa, el nombre que centra las miradas

En esa carrera por el Ejecutivo, Fouzi Lekjaa se ha convertido en una de las principales figuras de la campaña. Los medios marroquíes y expertos políticos del país lo sitúan entre los nombres con opciones de alcanzar la jefatura del Gobierno si el PAM consigue ganar las elecciones, aunque en Marruecos no se permiten las encuestas electorales y, por tanto, no existen sondeos públicos que permitan establecer un favorito mediante intención de voto.

El atractivo político de Lekjaa se explica por combinar un perfil tecnocrático, proximidad al aparato institucional y una enorme visibilidad pública vinculada el fútbol

Lekjaa es actualmente ministro delegado encargado del Presupuesto y desde 2014 preside la Federación Real Marroquí de Fútbol. Su incorporación al PAM se produjo apenas unos meses antes de las elecciones y le ha colocado rápidamente en el centro de numerosos actos de campaña. Su atractivo político se explica por combinar el perfil tecnocrático, proximidad al aparato institucional y una enorme visibilidad pública vinculada el fútbol. Durante su etapa al frente de la federación, la selección marroquí alcanzó las semifinales del Mundial de Qatar de 2022 y los cuartos de final en 2026. Mohamed VI le encargó además dirigir el comité encargado del Mundial 2030, que coincidirá con la nueva legislatura.

La presencia de Lekjaa también ofrece al PAM una figura reconocible en un momento en el que el partido aspira por primera vez a terminar encabezando el pódium electoral y desplazar al RNI. Sin embargo, el propio Lekjaa ha evitado confirmar públicamente que aspire a la jefatura del Ejecutivo.

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