Menores abandonados a la intemperie en Ceuta después de que la Policía rompiera sus tiendas: “Os olvidasteis de nosotros”
Cuando el pasado 18 de octubre Mohammed (nombre ficticio) subió al autobús después del desalojo de las naves del Tarajal, pensó que podría acceder a un centro de menores. Sin embargo, el chico de 17 años terminó de nuevo en la calle, esta vez sin su tienda de campaña ni las mantas con las que se protegía del frío. Diez días después ha conseguido entrar en un recurso de acogida. No todos los menores desalojados han tenido la misma suerte.
Vivía en las naves del Tarajal desde finales de septiembre. Fue uno de los jóvenes que se trasladaron a este punto de Ceuta tras el desalojo de la playa de Benítez y en búsqueda de un lugar más seguro. Aunque entró a Ceuta el pasado 30 de julio acompañado de otros amigos de su misma edad, todos han vuelto a Marruecos. “La vida es cada vez más difícil”, contaba a este medio la semana pasada.
“Pensábamos que nos iban a registrar en la comisaría para entrar en el centro de menores. A algunos sí que los han registrado, a otros no”, explicaba. Mohammed dejó allí su tienda de campaña, las mantas que le refugiaban del frío y la ropa de abrigo. Tras el operativo de la Policía Nacional y de limpieza, se quedó sin esas pertenencias. Varios días después de aquel desalojo, lo único que lo cobijaba de la lluvia, el frío y el viento era una sudadera negra con capucha que no se quitaba ni siquiera cuando había algunos rayos de sol.
Mohammed llevaba cuatro noches durmiendo en los alrededores de la Jefatura de Policía, en la Dirección General de la Policía en Ceuta. Primero, en la acera de enfrente del lugar donde, durante las últimas semanas, se ha filiado a muchos de los menores que actualmente se encuentran en recursos de acogida. La noche siguiente, algo más abajo, y, la tercera noche, en la propia playa de la Ribera. A todos estos días de incertidumbre los han acompañado las lluvias y el frío. “El primer día me mojé la ropa y ha tardado mucho en secar. Por las noches hace mucho viento y frío. Cada vez es más difícil dormir”, insistía.
El 20 de octubre, Mohammed y el resto de los menores que pernoctaban en las puertas de uno de los comercios del centro de Ceuta fueron obligados a abandonar el lugar. Agentes de la Policía Nacional los trasladaron inicialmente a una calle cercana, pero las quejas de varios vecinos provocaron nuevos enfrentamientos y un segundo desalojo hacia un espacio más alejado de la comisaría. Durante este último desplazamiento se produjeron varias cargas policiales. Mohammed fue uno de los afectados.
“No tenemos donde dormir, nos pegan”
Ese mismo día acudió al servicio de Urgencias del Hospital Universitario de Ceuta acompañado por un profesional de Médicos del Mundo. Según recoge el informe médico al que ha tenido acceso elDiario.es, el menor manifestó que “ha sido agredido por la Policía Nacional dándole con una porra en la frente”. Mohammed, además, señaló que llevaba varios días con fiebre. El hospital emitió también un parte judicial, consultado por este medio, en el que figura “agresión” y se recoge que los hechos habrían ocurrido en la puerta de la policía. Mohammed recibió el alta médica esa misma noche y volvió a dormir en la calle, sin un refugio seguro. “Nadie nos quiere aquí. No tenemos donde dormir, nos pegan, no nos dejan entrar en los centros. ¿Qué hacemos?”, se preguntaba.
Ayoub (nombre ficticio), otro de los menores de 17 años que estaba con Mohammed durante el desalojo el pasado 18 de octubre, también tuvo que acudir al Hospital Universitario de Ceuta. Según el parte judicial, al que también ha tenido acceso elDiario.es, se hace referencia a “una agresión con violencia afuera de la policía”. Ayoub también volvió a la calle. Un día después, sujetaba el papel del parte y, en la parte de atrás, dejaba ver un cartel que ponía: ‘Soy menor’. Aquella mañana seguía en los alrededores de la comisaría. “¿Por qué los mayores entraron en las carpas, allí en el Puerto, y nosotros no? Somos menores”, insistía.
Tras los desplazamientos policiales del 20 de octubre, durante los cuales Mohammed y Ayoub denunciaron agresiones que los llevaron a recibir atención hospitalaria, ambos jóvenes, junto con otros integrantes del grupo, terminaron desplazándose a una zona todavía más alejada de la comisaría. “Nos hemos bajado aquí, a la playa, porque no quieren que estemos cerca de las calles. Vamos a dormir aquí esta noche y mañana lo volveremos a intentar”, contaba Bashir (nombre ficticio), uno de ellos, desde la playa de la Ribera.
Tengo una cama y un lugar caliente donde dormir. Las noches son cada vez más fría. Ahora voy a descansar
Esa noche, el viento de poniente sopló durante horas y se prolongó hasta bien entrada la madrugada. Los jóvenes, de entre 16 y 17 años, intentaban protegerse del frío envueltos en algunas mantas que les habían proporcionado las organizaciones que trabajan en Ceuta. Otros aseguran haber caminado hasta las barriadas de El Príncipe o Los Rosales para recoger provisiones.
A la mañana siguiente, Brahim (nombre ficticio) temblaba. Su rostro, marcado por las ojeras de una noche en vela, parecía consumido por el cansancio. Los primeros rayos de sol de la mañana del miércoles no eran todavía suficientes para calentar su cuerpo. Brahim tiene 16 años, a punto de cumplir los 17, y se enroscaba en un edredón de felpa mientras avanzaba por la parte inferior del paseo marítimo de la playa de la Ribera. Antes de llegar a comisaría, guardó el edredón en una bolsa de plástico y se sentó en el suelo, apoyado sobre la pared, mirando al sol. Seguía tiritando.
A lo largo de la mañana, los jóvenes que unos días antes fueron desalojados del Tarajal, retomaban los cánticos y vítores que lideraban también los grupos de menores en la playa del Trampolín. “Queremos centro de menores”, gritaban. Delante, un grupo de policías vigilaba la zona. “Centro de menores, centro de menores”, insistían. Algunos de ellos, junto a un cartel que reclamaba sus derechos, participaban en una pequeña y breve manifestación por el paseo del Revellín.
Antes de la protesta, la Policía Nacional insistía a los jóvenes con un “aquí no podéis estar, hoy no vais a poder entrar”. Uno de ellos, cansado de dormir varias noches por la zona y tras haber perdido todas sus pertenencias, denunció: “¿Otra vez? Nos decís mañana y mañana nunca hay nada. Mañana, mañana y mañana”.
“Os olvidasteis de nosotros”
Diez días después del desalojo de las naves del Tarajal, Mohammed consiguió acceder a un recurso de acogida. El pasado lunes 26 de octubre, tras esperar mañana y noche junto a los grupos de menores que entraban a filiarse, pudo ser registrado. Ahora duerme bajo un techo metalizado en uno de los centros que hay dentro de las propias naves del Tarajal, cerca de donde estaba su asentamiento improvisado. “Tengo una cama y un lugar caliente donde dormir. Las noches son cada vez más frías”, explica a este medio. “Ahora voy a descansar”, añade.
Ayoub no ha tenido la misma suerte. Continúa en una calle que es cada noche más fría. Igual que Hamza (nombre ficticio), otro menor marroquí de 17 años, que también sigue durmiendo a la intemperie. Ahora teme que los nuevos operativos policiales en barrios como Los Rosales, El Príncipe y otros puntos de Ceuta, terminen por devolverle a Marruecos. En los últimos días, la Policía Nacional ha desplegado dispositivos para localizar a personas que aún no han sido filiadas y trasladarlas al Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE).
Amin (nombre ficticio), otro adolescente que también había vivido en la calle consiguió acceder a un centro de acogida la tarde del martes 27 de octubre. Antes había creado una cuenta de Instagram, para visibilizar las condiciones en las que seguían viviendo sus amigos. “Os olvidasteis de nosotros”, dice. Aunque él ya está acogido, explica que continuará visitando a sus compañeros que siguen frente a la comisaría o en otros puntos de la ciudad, documentando su situación y publicando vídeos para que no caiga en el olvido.
Preguntado por elDiario.es sobre la situación de los menores que permanecen en las calles tras los desalojos del Tarajal, el Ministerio del Interior asegura que los chavales no vuelven a la calle una vez filiados. Siempre se les deriva a la ciudad autónoma o a recursos de acogida. Sin embargo, esta respuesta no aborda la situación de los jóvenes que todavía no han completado el procedimiento de filiación y que, pese a haber sido trasladados a dependencias policiales, no han accedido a ellas y han terminado nuevamente a la intemperie.
Sobre la falta de atención a estos menores, Interior atribuye la responsabilidad de su protección a la Ciudad Autónoma. Según explican, durante los desalojos realizados en zonas como El Trampolín, Benítez o El Guano “siempre ha habido una comunicación necesaria y precisa” con la administración ceutí para que pudiera hacerse cargo de los menores localizados. El departamento sostiene, además, que el Gobierno central ha asumido labores de atención que no le correspondían ante la falta de respuesta de la Ciudad Autónoma.
Sin embargo, Interior no ha aclarado si antes de ejecutar los desalojos se comprueba que existen suficientes plazas de acogida ni por qué los menores que todavía no han sido filiados terminan nuevamente en la calle, sin un lugar en el que refugiarse.
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