¿Por qué Feijóo se calla ante la crisis internacional?
Hasta algunos periódicos de derecha han reconocido que las claras posiciones que Pedro Sánchez ha mantenido últimamente en el terreno de la política internacional han revivido la figura del líder socialista y que incluso pueden ser el inicio de una cierta recuperación electoral de su partido tras el batacazo de Extremadura. Es una opinión y habrá que ver hasta dónde llega. Lo que es cierto es que, frente al activismo del presidente del PSOE, Alberto Núñez Feijóo y su partido se han callado o han dicho banalidades sobre las sucesivas crisis internacionales que se han sucedido en los últimos tiempos. Como si fueran incapaces de aportar algo mínimamente sólido al respecto.
Como única iniciativa que reseñar, el líder del PP se ha reunido este jueves con el supuesto vencedor de las elecciones venezolanas de julio pasado y actualmente exiliado en Madrid. Lo malo es que Edmundo González parece ya claramente un personaje totalmente caduco, al igual que la que se suponía dirigente de la oposición venezolana, María Corina Machado. Porque unas horas antes de la citada reunión, Donald Trump anunciaba que había tenido una larga conversación telefónica con la actual presidenta de Venezuela, la chavista Delcy Rodríguez, y que le había parecido alguien “fantástico”, en una clara referencia a que Trump, a pesar de su último contacto con María Corina Machado, no tiene intención alguna de alejar al equipo de Maduro del poder y que la oposición no va a tener, cuando menos en un futuro previsible, papel alguno en la dirección del país.
Además de eso que parece una clara metedura de pata, en los últimos días el PP no ha parado de denunciar a Sánchez y al PSOE por estar “conchabados” con el régimen venezolano sin aducir una solo prueba a indicio al respecto. Además de asegurar en las Cortes, este jueves mismo, tras de que el ministro José Manuel Albares defendiera el diálogo con Venezuela, que José Luis Rodríguez Zapatero “ha sido el gran blanqueador del régimen chavista”, en el marco de una campaña contra el expresidente socialista al que se acusa de haberse enriquecido gracias a esos tratos. Todo ello asimismo sin prueba alguna, más allá de denuncias periodísticas por parte de la prensa de derechas. Pero en las últimas horas esa campaña ha sufrido un contratiempo: y es que una fiscalía de la Audiencia Nacional ha pedido que se archive una demanda interpuesta contra Zapatero con esos contenidos por la falta absoluta de indicio alguno a este respecto.
Si en Venezuela Feijóo y el PP no aciertan, en torno a la crisis de Irán no pasan de las generalidades. Frente a las firmes denuncias de Pedro Sánchez, el PP se ha limitado a pedir apoyo para las mujeres iraníes y también una declaración institucional del Congreso para condenar la represión de los ayatolás y para apoyar a los iraníes.
Sobre Groenlandia aún menos. El PP acaba de decir que solo fijará su postura tras de la reunión que este lunes Feijóo mantendrá con Pedro Sánchez, por iniciativa de este, y el líder del partido ha añadido que solo apoyaría una intervención de tropas españolas en Ucrania si el presidente también le expusiera sus planes completos de política exterior, algo que, si el PP tiene, lo ha ocultado tan bien que nadie sabe de su existencia.
Una reciente encuesta del CIS ha concluido que más de dos tercios de nuestros conciudadanos creen que habrá una guerra en los próximos años. Ello quiere decir que hablar del asunto no es baladí ni un mero truco electoral, que la cuestión es más acuciante que nunca. Tal y como numerosos expertos internacionales, y más de un político, vienen advirtiendo desde hace tiempo. Lo cierto es que la guerra de Irak, hace veinte años, fue la última ocasión en que la opinión pública española se manifestó, en las dimensiones en que lo hizo, por una cuestión de política internacional.
Lo hizo en contra del Gobierno de Aznar, que se había alineado plenamente con la política agresiva de George Bush y que mandó tropas españolas a Irak en contra de lo que pensaba la mayoría de los españoles. El poco conocimiento, por decir algo suave, que el entonces presidente del Gobierno tenía de los asuntos internacionales, pudo estar en la base de esa desdichada decisión, que en buena medida costó las elecciones al PP con el brutal atentado islamista de Atocha de por medio.
¿Se reproducen con Feijóo esos problemas? El malo sigue siendo el presidente de Estados Unidos. Casi toda Europa está en contra de él y parece que lo va a estar cada vez más firmemente porque Europa se delinea como el gran objetivo estratégico que tiene Donald Trump. Y el líder del PP no ha dado hasta el momento muestra alguna de mínima pericia en cuestiones internacional.
Frente a esas limitaciones, Sánchez tiene a sus espaldas siete años de relaciones intensas con la Unión Europa y con líderes de todo el mundo. La guerra de Gaza despertó su vocación de protagonismo en este terreno, encabezando la oposición europea a Netanyahu y a la barbarie israelí. Luego ha venido lo demás y no parece que vaya a parar. Porque el asunto le gusta al presidente, porque cree que es algo que tiene que hacer y porque puede que le esté rentando políticamente.
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