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El uso responsable y circular del agua en la producción de moléculas verdes

Vista aérea de una presa hidráulica

Gonzalo Garzón

El agua, fuente de vida y de energía, lo es todo. Al fin y al cabo, estamos hechos de ella en un 60%. Pero, más allá de su valor vital, este recurso representa hoy uno de los grandes desafíos de la transición energética. Mientras el debate público suele centrarse en la electrificación, el hidrógeno verde, los biocombustibles de segunda generación (2G) y la química sostenible, la gestión de los recursos hídricos emerge como un factor decisivo. En un contexto marcado por el cambio climático y el estrés hídrico, el uso responsable del agua ya no es una opción, es una condición imprescindible.

Ante este escenario, la industria tiene una gran responsabilidad que es también una oportunidad para liderar modelos de gestión más eficientes, circulares y respetuosos con el medioambiente. Es ahí donde las estrategias hídricas de las empresas dejan de ser una declaración de intenciones para convertirse en una palanca real de transformación.

Moeve ha situado la gestión del agua como uno de los pilares de su Estrategia de Economía Circular integrada en su plan estratégico 2030 Positive Motion, con el que aspira a ser una de las compañías de referencia de la transición energética. No solo como un recurso necesario para procesos clave como la refrigeración, la producción de vapor o como materia prima para el hidrógeno verde, los biocombustibles 2G y la química sostenible, sino como un eje estratégico desde el que aportar valor positivo a los territorios en los que opera. El objetivo es tan claro como ambicioso: demostrar que la industria puede y debe ser parte activa de la preservación del agua, convirtiendo la eficiencia en una solución frente a la presión hídrica actual. 

Más ahorro y más circularidad

Ese compromiso ya se traduce en resultados tangibles. En las zonas de mayor estrés hídrico donde la compañía opera como Palos de la Frontera (Huelva), San Roque (Cádiz) o Tenerife, Moeve ha logrado reducir un 21 % la captación de agua dulce respecto a 2019, yendo incluso más allá del objetivo inicial del 20 % que se había marcado para el pasado 2025. En términos absolutos, el ahorro supone dejar de captar 3,3 millones de metros cúbicos de agua al año, un volumen equivalente a unas 1.300 piscinas olímpicas. 

Dos personas observan el borde de una presa

Pese al hito alcanzado, el compromiso de la compañía sobre el uso responsable del agua no se detiene. Moeve ha elevado su ambición con un nuevo objetivo: reducir un 25 % la captación anual de agua dulce de cara al próximo 2028, tomando como referencia también 2019, pero ampliando el alcance a todos sus parques industriales a nivel global, incluidos los de Brasil, Canadá y China. Una decisión que refleja hasta qué punto la gestión del agua se ha integrado en la hoja de ruta de la transformación industrial global.

Este avance no es fruto de una única medida, sino de una combinación de inversiones, mejoras operativas y una visión transversal. Proyectos de referencia en sus dos parques energéticos de Andalucía, como la nueva planta de reutilización de agua en San Roque (Cádiz) o la mejora del tratamiento de efluentes líquidos en La Rábida (Huelva), han permitido maximizar la reutilización de este recurso hídrico y reducir su consumo. A ello se suma la creación de un Comité de Gestión del Agua de Moeve, formado por un equipo multidisciplinar que impulsa la innovación y la excelencia. 

Innovación y compromiso

En este compromiso, la economía circular juega un papel central. Bajo esta premisa, la reducción de la captación no solo implica consumir menos, sino aprovechar mejor cada gota. Eso pasa por integrar aguas regeneradas en los procesos industriales y dar una segunda vida a residuos ajenos que pueden convertirse en recursos. Un enfoque que permite desacoplar el crecimiento industrial y la presión sobre el entorno, en lo que supone una ecuación clave para el futuro energético. 

El vínculo entre agua y nuevas energías es especialmente relevante en el desarrollo del hidrógeno verde, una de las apuestas estratégicas de Moeve. La producción de este vector energético requiere agua de alta calidad, lo que obliga a diseñar soluciones que no compitan con otros usos esenciales ni agraven la escasez en los territorios. Integrar criterios de eficiencia hídrica desde la fase de diseño de los proyectos es determinante para su aceptación social y su sostenibilidad a largo plazo.

Dos ingenieros revisan una planta hídrica

El liderazgo de Moeve en gestión del agua ha sido reconocido de forma independiente por los ratings ambientales, sociales y de buen gobierno (ESG, por sus siglas en inglés) más importantes a nivel internacional. Por sexto año consecutivo, Moeve ha obtenido la calificación de Liderazgo (A-) del CDP, situándose a la cabeza del sector entre las 62 empresas evaluadas a nivel global. Además, en 2023 fue una de las primeras compañías en certificar su estrategia de Economía Circular a través de AENOR, con el agua como uno de sus ejes fundamentales.

El reto es claro: avanzar en la transición energética sin perder de vista los límites físicos del planeta. El agua, como recurso esencial y finito, será uno de los factores que definan qué modelos industriales son viables y cuáles no. En ese contexto, liderar desde la eficiencia, la innovación y el compromiso con el territorio, se convierte en una ventaja competitiva y en una responsabilidad compartida. Porque la transformación industrial no solo se mide en emisiones evitadas o megavatios renovables, sino también en la capacidad de cuidar los recursos que sostienen la vida. Y ahí, como elemento fundamental de lo que somos, el agua ocupa un lugar central. 

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