¿La deseada unidad de la izquierda?
Un atardecer de finales de este pasado verano, en un lugar mágico del noreste de Mallorca llamado Son Comparet, gozando de la hospitalidad impecable de los hermanos López Nadal, Gonçal y Juan Manuel, un grupo de personas tuvimos la oportunidad impagable de escuchar a y conversar con Belén Barreiro e Ignacio Sánchez Cuenca acerca del panorama político vinculado a los movimientos de los partidos progresistas y de lo que la sociología nos informa sobre las intenciones de voto de la ciudadanía y la opción política de quienes se incorporan al cuerpo de electores.
En el debate pregunté a ambos sobre qué debíamos entender con la repetida invocación a la unidad de la izquierda y, aunque no recuerdo que llegáramos a una convención acerca de qué significa tal concepto, sí hubo una sesuda y fundamentada disección, por los ponentes, de lo que cada una de las fuerzas que se incluyen en tal espectro interpreta, y desde su reflexión me atrevo a escribir acerca de lo que pudiéramos entender por unidad de la izquierda.
Diversas fuerzas nacionalistas, como ERC, EH Bildu o BNG, ante la propuesta de Gabriel Rufián sobre una hipotética unión de todos los partidos progresistas –a la izquierda del PSOE– ya han manifestado que sus intereses y los de sus votantes se concentran esencialmente en aquellas políticas que afecten a los territorios en los que su presencia es poderosa. Ignoran voluntariamente por razones vinculadas a su fuerza electoral en dichos territorios que Vox, que no hace más que ganar respaldo electoral y capacidad política, tiene como un objetivo declarado la derogación del Título VIII de la Constitución “De la organización territorial del Estado”, cuyo capítulo III regula a las Comunidades Autónomas.
La convocatoria del día 21 de febrero hecha por Izquierda Unida, Comuns, Más Madrid y Movimiento Sumar supone otro esfuerzo para lograr que los votantes de este espectro político puedan tener una papeleta que depositar en las próximas elecciones generales, venciendo la natural propensión a aumentar las filas de la abstención cuando ninguna oferta es del todo satisfactoria. Ese ha de ser el objetivo que el encuentro ha de perseguir, más allá de cuál sea la marca o quién o quienes hayan de encabezar la deseable propuesta unitaria. Si, además, son capaces de atraer a otros partidos como Compromís, Chunta Aragonesista o Més per Mallorca resulta indiscutible que se perfila como una opción para oponer resistencia a la llegada de la derecha extrema al gobierno de este país.
Falta Podemos. Ya han comprobado en Aragón las consecuencias de ir en solitario a una convocatoria electoral. Se han convertido en una especie de pequeña empresa familiar, dirigida por quien no está activo en política, en la que aquellas jóvenes con las que compartí grupo parlamentario y que renegaban de los “políticos profesionales” llevan once años percibiendo sueldos públicos y tratan de garantizar que al círculo más íntimo de amigos y colaboradores no les falten ingresos regulares. Diluirse en una propuesta conjunta, en la que Irene Montero no tendría la seguridad de encabezarla, determina perder el control sobre el resultado pretendido. Si se quiere evitar el reemplazo al que ella ha aludido en diversas ocasiones, su espacio habrá de reflexionar si permanecer en solitario o establecer vetos sobre otras formaciones es la mejor manera de confrontar con la derecha extrema.
Podemos se ha convertido en una especie de pequeña empresa familiar, dirigida por quien no está activo en política, en la que aquellas jóvenes con las que compartí grupo parlamentario y que renegaban de los 'políticos profesionales' llevan once años percibiendo sueldos públicos y tratan de garantizar que al círculo más íntimo de amigos y colaboradores no les falten ingresos regulares
El lema “Un paso al frente” parece un llamamiento a la voluntad de las bases de los partidos convocantes a participar activamente en el lanzamiento de la ilusionante propuesta, pese a que solo algunas de las fuerzas convocantes han aludido a la necesidad de que se convoquen primarias para decisiones como la de elegir a la persona que haya de ser el cartel electoral de la neonata organización. Esa es una de las cuestiones claves que habrán de ser resueltas a partir del 21 de febrero, sin que proclamas como la de la portavoz de Sumar en el Congreso, manifestando a voces quién haya de ser esa persona –por más que se justifique por inexigibilidad de otra conducta–, puedan desviar la atención de que serán los potenciales votantes del conglomerado o asociación quienes habrán de refrendar las decisiones esenciales.
Si Izquierda Unida, Comuns, Más Madrid y Movimiento Sumar no tienen claro y diáfano que en las militantes y simpatizantes reside la legitimidad para determinar quién o quiénes sean las personas más idóneas para encabezar el proyecto común, atendidas las grandes decisiones políticas y de programa que un grupo de escogidas y escogidos fijen en el encuentro, la propuesta nace gravemente lastrada desde su nacimiento y no se cohonestará con el lema elegido.
Estamos ante un momento decisivo para movilizar el voto progresista, no por el repetido mantra de que “vienen los fachas”, sino para profundizar en los avances sociales que se han conseguido y se seguirán promoviendo en lo que queda de legislatura, evitando retrocesos intolerables para derechos adquiridos que ya no reclamarán la diabólica intervención de Abogados Cristianos o Hazte Oir ante los juzgados, pues serán publicados en el BOE.
La deseada unidad de la izquierda, si es real, reclama responsabilidad en las propuestas abandonando cualquier tentación de que se convierta en un debate sobre personas, sobre “quítate tú pa' ponerme yo” ahora que lo latino se reivindica –aunque Isabel Díaz Ayuso no haya entendido nada– ante el evidente riesgo de que un cuerpo electoral desanimado y desmovilizado pierda las escasas esperanzas que el panorama actual ofrece. Los responsables de cada uno de los partidos convocantes están, lo creo sinceramente, ante una oportunidad impagable y necesaria de demostrar que lo que se persigue es hacer frente al tsunami reaccionario, debiendo asumir que no es admisible un fracaso en los resultados que frustre, quién sabe si no definitivamente, las expectativas de quienes en ellos y en sus aliados naturales depositan su confianza elección tras elección.
Hagan desaparecer los signos de interrogación y consigan, esta vez sí, la deseada unidad de la izquierda.
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