Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
El PP se enreda con el feminismo en plena pugna con Vox
El cambio climático era esto: Juegos Olímpicos de invierno en tirantes
Opinión -- 'La tortura de los pactos. Pero Trump es peor', por José M. Izquierdo
CRÓNICA

El PSOE comete el error de picar en el anzuelo de Felipe y Page

Pedro Sánchez en la presentación del fondo España Crece en Madrid el 16 de febrero.
16 de febrero de 2026 21:02 h

15

Nunca hay que dejar pasar el tiempo si tu objetivo es meter miedo. El lunes, el Partido Popular comenzó la semana a lo grande despertando imágenes apocalípticas en forma de tsunamis homicidas. Las presas están a punto de desbordarse. O podrían desbordarse. O saltar por los aires. Carmen Fúnez preguntó al Gobierno “si está en condiciones de garantizar que no reviente una presa en nuestro país”. Es una posibilidad que ya planteó Alberto Núñez Feijóo la semana pasada. Si puede ocurrir en una película de catástrofes, ¿por qué no en la España de Pedro Sánchez paralizada por el miedo, según el relato que hace el PP?

El secretario de Estado de Medio Ambiente le respondió con la información de que cada presa cuenta con “un ingeniero responsable de su seguridad, casi todos con larga experiencia, bajo gobiernos de distinto signo”. Es probable que el PP conteste con la idea de que podría ser un ingeniero sanchista con instrucciones para causar muerte y destrucción en España, porque así sería más fácil ganar las próximas elecciones. A saber cómo.

En el apartado de las propuestas, el PP ha encontrado una que se debatirá este martes al Congreso y que responde a la idea de crear problemas donde no existen. Pretende apoyar la proposición de ley de Vox con la que se quiere prohibir el uso del burka y el niqab en España, prácticamente inexistentes en nuestro país. El primero se utiliza en Afganistán y Pakistán y el segundo en el Golfo Pérsico. La ven como una idea que viene de la extrema derecha y que se puede vender como defensa de los derechos de la mujer por aquellos que votan siempre en contra de ellos. Tal y como lo ve el PP, todo son ventajas.

Este tipo de iniciativas quizá sirvan para que el PSOE despierte y sea consciente de que sale muy perjudicado si se dedica a mirarse a sí mismo y a encontrar múltiples defectos en los que critican a Sánchez. El partido no sale ganando si ocupa su tiempo y su energía en denunciar a los que podríamos llamar sospechosos habituales. Aún más si adjudica la responsabilidad de las últimas derrotas electorales a aquellos que no dirigieron esas campañas. Hacerle la autocrítica a los otros es una mala costumbre cuando todo el mundo sabe quién tomó las decisiones.

El ministro Óscar López se internó en ese terreno en el que siempre sales perdiendo al afirmar que el fallecido Javier Lambán tenía alguna culpa del fracaso de Pilar Alegría en Aragón por no haber hecho antes “oposición a Azcón”. Echarle la culpa a un muerto siempre da la imagen de que estás intentando escaquearte de tu responsabilidad. Fue Moncloa quien decidió que la entonces ministra de Educación volviera a su tierra para ser candidata pero manteniéndola en el cargo en Madrid hasta que se convocaron las elecciones. No fue Lambán quien decidió que no había prisa.

Tanto Alegría como Félix Bolaños se desmarcaron de las palabras de López, pero el daño estaba hecho. Todos los socialistas aragoneses que apoyaban a Lambán se lanzaron contra el ministro como si hubieran recibido un insulto personal. Como mínimo, López hizo más difícil la tarea de Alegría al frente del partido en Aragón. ¿Para conseguir a cambio qué? Nada.

Los socialistas sufrieron otra convulsión, esta más previsible, con unas declaraciones de Felipe González en las que formalizaba su divorcio con la dirección del partido. Ha decidido votar en blanco en los próximos comicios. Esta vez algunos dirigentes no lo dejaron pasar y, como el ministro Ángel Víctor Torres, le plantearon que abandonara el PSOE. Fue otro error. Sólo sirvió para alimentar los titulares de la prensa de derecha que reflejan la división interna socialista.

El PP lleva tiempo elogiando a González, al que en su momento también consideró un peligro para la democracia. Si algún dirigente del PP se atreviera a hacer críticas en público a la dirección del partido como las que hace el expresidente, hace tiempo que lo habrían decapitado.

En el reciente debate sobre la financiación autonómica, Emiliano García Page tuvo posiciones casi idénticas a las del PP. Su separación de la línea oficial del partido es pública y notoria desde hace tiempo. Mientras gane elecciones, está protegido por el cargo. Al PSOE no le conviene que aparezca como líder del sector disidente.

Por eso, fue un error que la secretaria de Organización acusara a Page y los suyos de estar utilizando el discurso de la derecha. En primer lugar, porque no hay novedad por ningún lado y no es la primera vez que ocurre con el presidente de Castilla La Mancha. Ante la petición de Page de adelantar las elecciones generales con la frase “puede hundirse toda la infantería para que siga existiendo un cuartel general”, Rebeca Torró respondió: “La verdad es que ese tipo de comentarios no los entiendo, sobre todo porque creo que son compañeros del PSOE que compran el marco del PP. No sé por qué hay que comprar el marco del PP”. El comentario sirvió para alimentar una nueva ronda de respuestas críticas de los dirigentes de Castilla La Mancha.

A estas alturas no hay margen para sorpresa. Page siempre estuvo en contra de que el PSOE pactara con los partidos nacionalistas. Era una cuestión de supervivencia propia. Habría preferido rechazar ese pacto aunque condenara a los socialistas a la oposición. Pero al mismo tiempo eso le habría asegurado la presidencia de su región, que es a fin de cuentas lo que más le interesa.

Los códigos internos de los partidos castigan con dureza la indisciplina. Su valoración es bastante subjetiva, ya que los estatutos también suelen promover la discusión interna en los órganos del partido que en su mayor parte trasciende a los medios de comunicación. Lo que ningún partido necesita es que se forme una disidencia interna que sirva como banderín de enganche de cualquier descontento con la línea oficial.

La relevancia de esos dirigentes críticos es importante. Si quien coordina la publicación de un manifiesto crítico es alguien como Jordi Sevilla, ya te puedes imaginar que la dirección de ese partido no sufrirá mucho. Sevilla es más conocido en las redacciones de la prensa de derecha que en las sedes del PSOE. Algunos de los que le siguen han pasado la edad de jubilación.

Los antiguos dirigentes del partido tienen derecho a expresar sus opiniones. No están ya en condiciones de asumir el patrimonio de representar al auténtico PSOE, sea lo que sea lo que eso significa. No representan al PSOE “clásico”, y así aparecen en algunos artículos, como si las formaciones políticas estuvieran exentas de adaptarse a los nuevos tiempos. Los partidos cambian, porque el país cambia, y no se puede pretender que las soluciones sean las mismas que en los años ochenta o noventa. Y algunos no lo entienden.

Todos los partidos que sufren fuertes diferencias internas acaban pagándolo en las urnas. Importa mucho si aparecen en los medios de comunicación con todo lujo de detalles. Lo que llama la atención es que haya dirigentes que piensen que saldrán beneficiados si responden a cualquier desafío a la autoridad del líder. En eso, el método Rajoy resultó ser el más efectivo (cuando Aznar no ocultaba lo poco que le gustaba su gestión). Ignorar al abuelo y sus protestas es la solución que genera menos tensiones.

Etiquetas
stats