Ayuso se apunta a la aristocracia trumpista
La Policía del ICE tiene derecho a pedir los papeles en EEUU a cualquier persona que encuentren por la calle si la escuchan hablar en español o en inglés con acento hispano (convalidado por el Tribunal Supremo en 2025). Detienen a niños para forzar a sus padres a que salgan de sus casas donde se han refugiado para evitar ser detenidos. El Gobierno ha comprado inmensos almacenes en zonas aisladas para encerrar a decenas de miles de personas, la mayoría latinoamericanas, con vistas a su futura deportación. No serán dos o tres. El presupuesto es de 38.000 millones de dólares. Es difícil llamarlos de otra manera que campos de concentración (sin gas Zyklon B, todo hay que decirlo).
Es sin duda el mejor momento para que esa gran defensora de la hispanidad que dice ser Isabel Díaz Ayuso haya anunciado esta semana que entregará la medalla internacional de la Comunidad de Madrid a Estados Unidos. Es una distinción que ya concedió a Milei con lo que casi podríamos decir que está a la altura del Premio FIFA de la Paz que se llevó Donald Trump. “Celebramos con júbilo cada paso que EEUU da adelante en defensa de la hispanidad”, dijo. Nada la defiende más que montar una Gestapo con la que perseguir y aterrorizar a la población latina de ese país que no tiene papeles.
Ayuso hizo pública la decisión en un vídeo enviado a una gala de los trumpistas latinos celebrada en Mar-a-Lago, el complejo turístico de lujo en Florida propiedad de Trump, que es un poco como la zona cero del pesebre (aquí se puede ver una buena parodia del vídeo). Todos los que quieren congraciarse con el presidente van allí y pagan por el alquiler de sus salas. No hay nada que le guste más a Trump que hacer caja con sus activos inmobiliarios. Ayuso recibió una distinción que la coloca entre los favoritos de la comunidad MAGA. Javier Negre estaba en el comité organizador, lo que ya da una idea del nivel de los congregados. Hacen méritos para que Trump se fije en ellos y puedan pillar un pedazo generoso de la tarta.
Ante todo este panorama pavoroso que está afrontando la comunidad latina norteamericana, Ayuso justificó el premio por el hecho de que EEUU es “el principal faro del mundo libre”. Libre para todos menos para los inmigrantes, y sus hijos, que llevan años, algunos hasta décadas, trabajando en el país y contribuyendo a su progreso. El Gobierno de Trump ha declarado la guerra política a la Unión Europea y la acusa de ser responsable de una especie de colapso civilizatorio por culpa de la inmigración. Por no hablar de los aranceles concebidos como un castigo a las economías europeas y del resto del mundo.
Ahora mismo, EEUU es un faro de la oscuridad. La alianza estratégica de Europa y EEUU pende de un hilo. Sólo existe por el empeño europeo para que Washington no se desentienda de Ucrania. Dirigentes nada izquierdistas como el alemán Merz y el francés Macron saben que la UE no puede ya contar con el paraguas norteamericano.
Todo eso que llena páginas y declaraciones en los periódicos y 'think tanks' europeos no entra en la cabeza de Ayuso. Lo suyo es otra cosa. Busca los temas que más escándalo puedan causar en la izquierda y se aplica con pasión en meter el puño en la herida. Entiende la política como una confrontación agresiva en que al enemigo no se le respeta, sino que se le acuchilla. Adopta todos los temas más gratos para la extrema derecha, a menos que interfieran en su gestión, y les da legitimidad con el fin de ganar votos.
Sus únicos principios se basan en la defensa de sus intereses personales. Le gustaba decir que los latinoamericanos que viven en Madrid no son realmente extranjeros. “La inmigración hispana no es inmigración. Un argentino o un venezolano en Madrid no es un inmigrante”, dijo. Pero cuando el Gobierno de Pedro Sánchez anuncia que dará papeles a los inmigrantes que no los tienen (el 91% de ellos son latinoamericanos, según un estudio de Funcas), se revuelve rabiosa contra la iniciativa. Lo mismo que ha hecho Feijóo, que afirmaba antes que los españoles comparten “valores” con ellos. Será que los prefieren sin derechos y marginados. De otra manera, no se explica.
Unos días antes de su bautizo trumpista, Ayuso dio otro discurso. Esa vez, tocaba pulsar otra tecla típica de la extrema derecha. “Nos oponemos a la islamización de Europa, que pretende imponer un régimen autocrático paso a paso en todo el continente”, anunció en tono dramático. Abascal podría demandarla por derechos de autor.
Forma parte de su discurso analfabeto en términos históricos sobre la civilización europea. Le gusta decir que venimos de Grecia y Roma, ignorando la historia antigua de España en la que los pensadores musulmanes fueron esenciales para traducir y difundir las enseñanzas clásicas. Pero eso supondría reconocer la aportación de la época dorada de la España musulmana y renunciar al mito falsario de la Reconquista. Ayuso y otros muchos reaccionarios mencionan además Grecia y Roma para no hablar de la Ilustración, el origen histórico auténtico de la Europa que se desarrolló siglos después. Elogian la civilización europea y se olvidan sin rubor de Auschwitz y dos guerras mundiales en el siglo XX, como si no hubieran ocurrido en Europa.
Ayuso dijo después que el premio era para un país, no para su Gobierno. Pocos le han creído. Su nivel de demencia política no ha pasado desapercibido para algunos que la suelen elogiar. El homenaje a EEUU en mitad de la estrategia racista de Trump ha recibido críticas de Pablo Motos y Vicente Vallés, que vienen a decir que la presidenta madrileña está desvariando. “Es un paso más en su avance hacia actitudes cercanas al trumpismo”, dijo Vallés en su informativo.
Ciertamente, Ayuso se parece cada vez más a algunas de las figuras principales del Gobierno de Trump, como la fiscal general, Pam Bondi. En una reciente comparecencia en el Congreso sobre el caso Epstein, Bondi perdió los papeles y recordó a los demócratas que deberían estar hablando de que el índice Dow Jones ha superado los 50.000 puntos.
En su carácter caprichoso a la hora de imponer debates ficticios, su autoritarismo mezclado con la paranoia por creer que todo tiene que ver con ella y su lectura reaccionaria de la historia de España y Europa, Díaz Ayuso es realmente el faro del trumpismo en España.
Libros
El historiador Gutmaro Gómez Bravo publica 'Cómo terminó la Guerra Civil española' (Crítica), que incluye documentos inéditos con los que reconstruye las últimas semanas del conflicto, con un Ejército Republicano cada vez más agotado y dividido y un alto mando franquista dispuesto a aprovechar la situación para acelerar su victoria: “Estamos acostumbrados a versiones ideológicas opuestas, pero frente a la imagen de caída brutal y colapso por un lado y de victoria militar por otro, lo que hay es una negociación para el fin de la guerra y una rendición”.
Ta-Nehisi Coates es uno de los intelectuales norteamericanos más interesantes. En su nuevo libro 'El mensaje' (Capitán Swing), explica cómo la escritura continúa siendo la única forma de desentrañar las claves de un conflicto y de que los pueblos sometidos cuenten su verdad al mundo. A partir de sus viajes a Senegal, Palestina y Carolina del Sur en EEUU, destaca el poder de la palabra como la herramienta que servirá para responder a los relatos históricos con los que el colonialismo ha impuesto su verdad en varias zonas del mundo.
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