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La izquierda busca un plan en pleno auge de la extrema derecha: “Bienvenido quien quiera ayudar, pero no va de nombres”

El diputado de ERC Gabriel Rufián pasa ante el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y las vicepresidentas, María Jesús Montero y Yolanda Díaz, en una imagen de archivo.

José Enrique Monrosi / Alberto Ortiz

14 de febrero de 2026 22:22 h

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La izquierda vuelve al diván para afrontar su enésimo reseteo menos de tres años después de alcanzar ponerse de acuerdo en una candidatura conjunta. Tras un largo periplo de guerras fratricidas, la marca electoral 'Sumar', impulsada por Yolanda Díaz, consiguió aglutinar a quince partidos diferentes para presentarse a las elecciones generales de 2023. Y fue, en realidad, la historia de un éxito.

Ya en pleno ascenso de la extrema derecha y con todas las encuestas convertidas en vaticinios de fracaso progresista, la coalición consiguió, contra todo pronóstico, aguantar el tipo. 31 diputados, el 12,3% de los votos y más de tres millones de papeletas. Un empate técnico como tercera fuerza con la ultraderecha de Vox y un resultado determinante para revalidar el Gobierno de coalición con el PSOE. Pero el éxito resultó fugaz, principalmente porque aquella unidad había nacido muerta.

La ruptura cantada de Podemos, que a las primeras de cambio abandonó Sumar y echó a andar en solitario en el Congreso, fue solo el principio de una convivencia siempre turbulenta entre los aparatos de los partidos. Y su incapacidad para ejercer una coordinación efectiva entre las distintas formaciones llevó a Yolanda Díaz a renunciar como líder de ese espacio tras un batacazo electoral en las elecciones europeas de 2024. “He decidido dejar mi cargo como coordinadora de Sumar. Es necesario que haya un debate y con esta decisión abro el camino”, dijo en junio de 2024, menos de un año después del logro de las generales.

Ya ha pasado un año y medio de aquel anuncio y ese interminable debate interno de la izquierda sobre su propia existencia no sigue abierto, sino sin visos de una solución rápida. Y mientras, el espacio político en su conjunto se desangra, elección tras elección, en pleno auge de la extrema derecha. La foto es poco halagüeña. Al desgaste de la difícil convivencia interna se suma la imagen de un Gobierno marcado por la parálisis legislativa y la incapacidad de afrontar soluciones a grandes crisis como la de la vivienda. Y todo ello unido al lastre que suponen los escándalos que afectan al PSOE, el socio mayoritario del Ejecutivo que comparten.

Señalados por resultar a menudo indistinguibles de los socialistas, esa deriva ha conducido a los partidos y a los liderazgos de Sumar a desplomarse en encuestas que dibujan un horizonte imposible para una izquierda en retroceso con una ultraderecha enfrente que no hace más que crecer. Y en este escenario adverso irrumpe ahora la figura de Gabriel Rufián.

El portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya, que en el último CIS ya resulta el político más valorado de la izquierda, ha visto crecer su popularidad como la espuma entre un espectro político progresista huérfano de referentes, desmovilizado y desencantado con el balance del proyecto de la izquierda estatal. Y lo ha hecho en base a una evolución política que lo ha llevado en una década, el tiempo que lleva en el Congreso, de posiciones muy duras del secesionismo catalán durante el procés y la declaración de independencia, a convertirse en una voz nítida del discurso netamente de izquierdas y contra el auge de la ultraderecha.

Por eso, su movimiento de esta última semana ha disparado las expectativas y las ilusiones de una parte del electorado situado a la izquierda del PSOE. Lo que anunció Rufián fue una ronda de actos con “líderes de la izquierda plurinacional”, una especie de gira que dará comienzo en Madrid el próximo miércoles. Y lo hará, curiosamente, de la mano de Emilio Delgado, un diputado autonómico de Más Madrid, ahora desmarcado de la dirección de su partido y que reveló su intención de disputarle en primarias a Mónica García la cabeza de cartel para las próximas autonómicas.

El paso dado por Gabriel Rufián se interpretó mayoritariamente como un plan para convertirse en el candidato de un proyecto de izquierdas estatal que consiguiera unir a todos los partidos en una sola papeleta, un anhelo de los votantes, pero también un globo que él mismo se ha encargado de desinflar. “Yo quiero seguir representando a ERC, y no es una frase hecha. Yo estoy aquí por ERC, por gente que me puso cuando no me conocía nadie. No me estoy vendiendo, no estoy diciendo que quiera liderar nada. Lo que estoy diciendo que no nos pongamos a hacer lo de siempre, que intentemos hacer alguna otra cosa para ilusionar”, rebajó esta semana.

En el entorno político de Gabriel Rufián se admite que “aún es pronto” para calibrar en qué podría desembocar el movimiento emprendido esta semana, pero también que la respuesta unánime de los partidos políticos interpelados ha sido la más absoluta frialdad. “Si al menos fuéramos capaces de que cundiera el ejemplo de una lista unitaria de todas las izquierdas en Catalunya, por ejemplo, eso podría prender en otros territorios del Estado. Si en Catalunya fuera posible, ¿por qué en otros sitios no?”, se preguntan en ese mismo entorno del portavoz de ERC.

El desmarque de los partidos

Pero ninguno de los partidos interpelados parece dispuesto a recorrer esa senda. Lo que pone Rufián encima de la mesa es una alianza de formaciones con implantación territorial en otras partes del Estado tales como EH Bildu, BNG o su propio partido, ERC. Todos, y también desde la izquierda estatal, han respondido casi al unísono en los últimos días que no respaldan la idea de Rufián.

“Es objetivo que Gabriel gusta a un perfil joven que ahora podría estar desmovilizado y nos parece fenomenal que él o cualquiera quiera echar una mano con lo que puedan aportar. Pero aquí hay una gente que llevamos trabajando desde hace tiempo en construir una oferta democrática y de izquierdas que sea capaz de coordinarse y ponerse al servicio de la gente. Lo estamos haciendo y eso es lo que va a cristalizar en el acto del día 21. Estaría bien que todo el que quiera ayudar también quiera coordinarse y no se sienta el elegido por gracia divina que viene a empezar todo otra vez de cero, porque también tenemos experiencias que señalan que eso suele salir mal”, alerta una de personas de referencia del espacio político que comparte Consejo de Ministros con el PSOE y que admite en privado que nadie en Sumar fue informado previamente del paso dado y que tampoco termina de comprender su verdadero alcance.

Los primeros en cerrar esa puerta, de hecho, fueron sus compañeros de filas. La dirección del partido de Oriol Junqueras se desmarcó con claridad de la incipiente propuesta de formalizar una alianza plurinacional que vaya más allá de los actuales partidos independentistas y soberanistas de izquierdas. “Nos presentamos por Catalunya y somos una formación central en Catalunya”, aseguró la secretaria general, Elisenda Alamany, que garantizó que ERC solo concurrirá en las circunscripciones catalanas y con sus siglas históricas.

También se desmarcó de Rufián el Bloque Nacionalista Galego, otro de los partidos interpelados. “El BNG es una fuerza gallega. Somos una fuerza nacionalista gallega que defiende los intereses de Galicia y vamos a seguir concurriendo con nuestras siglas. Nos preocupa el incremento de la extrema derecha, pero también nos lleva a reflexionar sobre que en Galicia tenemos un mapa electoral muy diferente al estatal y ese tipo de fuerzas políticas no tienen representación”, reaccionó Ana Pontón.

No son las cosas muy diferentes en EH Bildu. La formación liderada por Arnaldo Otegi, que ya tiene alianzas estratégicas con Esquerra para las elecciones europeas o para el Senado, marcó distancias desde el principio con el amago de Rufián de implicarlos en su plan. “Nuestro proyecto, EH Bildu, es y será un proyecto por y para nuestro país: Euskal Herria y su gente”, escribió en sus redes sociales Oskar Matute.

En estos días, las direcciones de Izquierda Unida, Más Madrid, Movimiento Sumar (el partido de Yolanda Díaz) y los Comuns fueron, con matices entre unas y otras, críticas con el paso adelante del portavoz de ERC. “Es bueno que perfiles como los de Rufián se muevan, pero lo que pesará son los partidos”, reflexionaba esta semana una fuente de los Comuns, que precisaba que en cualquier caso nada de lo que se está moviendo en la izquierda “va de nombres” sino de construir proyectos sólidos.

Quizás el más crítico ha sido estos días el líder de Izquierda Unida, Antonio Maíllo, que el lunes censuró los “hiperliderazgos” y argumentó que la gente está “cansada” de las telenovelas de la izquierda. Con los días, fue matizando su discurso a la vista de que Rufián parece estar más interesado en articular una alianza de izquierdas independentistas y regionalistas mucho más que de convertirse en el nuevo líder de todo el espacio progresista. Lejos de estas grandes figuras, el líder de IU es mucho más partidario de articular un proceso en el que sea la sociedad la que impulse nuevos liderazgos que puedan movilizar al electorado.

Movimiento Sumar es la fuerza que, al menos públicamente, ha puesto menos objeciones a la conversación activada por el portavoz de ERC y fuentes del partido celebran la “tecla” que puede haber tocado para movilizar al electorado progresista.

Otras consultadas reconocen en cualquier caso que el anuncio de la charla les pilló “a contrapié”, puesto que en sus planes estaba anunciar precisamente esta semana su propio acto de lanzamiento de la coalición. Aunque la coincidencia en el tiempo quizás ha ayudado a multiplicar la conversación sobre el futuro de la izquierda, algunas personas en el espacio de Sumar lamentan que sus planes hayan quedado opacados por el dirigente de ERC.

Una nueva alianza, un liderazgo en duda

La dimisión de Díaz como líder orgánica de Sumar aquel lunes de junio de 2024, apenas un día después de la debacle en las elecciones europeas, abrió un espacio nuevo de diálogo que en estas semanas empieza a concretarse en una idea. En aquel momento, la vicepresidenta valoró haber logrado que el paraguas del 23J se convirtiera en una estructura estable de diálogo y toma de decisiones entre los diferentes partidos. Pero aquella crisis no tenía relación solo con la ruptura con Podemos, sino con una tensión en aumento entre los partidos que sí seguían dispuestos a confluir. Primero con el despliegue de Sumar en los territorios, que enfrentó a Díaz con Más Madrid. Y después con la negociación de las listas europeas, que dejó a Izquierda Unida al borde de una ruptura total con su principal aliada en los últimos años.

A partir del paso al costado de la ministra, los partidos iniciaron un diálogo más horizontal que tardó en fructificar, pero que un año y medio más tarde ha alumbrado una estructura estable en la que los dirigentes son capaces de ir pactando los pasos en un clima de más colaboración y de menos competencia. Es lo que tratarán de enseñar al electorado el próximo 21 de febrero en el acto ‘Un paso al frente’, que juega con una doble idea: la de mostrar al espacio progresista que hay una coalición que está dispuesta a dar la batalla y la de un “frente” de partidos como el que ha llevado a la izquierda al gobierno en países latinoamericanos como Uruguay o Chile. 

Pero a pesar del ciclo virtuoso que acompaña el diálogo de estas cuatro fuerzas, los Comuns, Más Madrid, Izquierda Unida y Movimiento Sumar, queda en el aire una pregunta que enturbió esta semana el lanzamiento del acto: ¿Sigue Yolanda Díaz dispuesta a seguir liderando la futura coalición?

No es una pregunta que solo pueda responder ella, puesto que si la vicepresidenta segunda diese un paso adelante tendría que recibir el aval de los partidos o incluso de las militancias. La idea que está sobre la mesa es la de intentar un consenso sobre la futura candidatura y, si no se logra, definirlo en unas primarias abiertas. Un modelo como el que pusieron en marcha los partidos de Por Andalucía para las elecciones autonómicas. 

Pero varias voces coinciden en que si Díaz decidiese optar a ser de nuevo candidata, los movimientos subterráneos para buscar un nuevo liderazgo tendrían poco futuro. Pese a las tensiones internas y el desgaste de todos estos años, la vicepresidenta y ministra sigue siendo la figura con más conocimiento entre los electores y retiene una buena valoración en las encuestas. Y no existen muchos perfiles en la izquierda con esos atributos.

Todo depende, por tanto, en primera instancia, de una decisión sobre la que Díaz de momento mantiene un secretismo extremo, aunque no son pocas las voces entre los partidos de la izquierda estatal que perciben en su actitud el final de una etapa tanto política como personal. Por el momento, no ha trasladado ni siquiera si acudirá y en su caso intervendrá en el acto del 21 de febrero junto al resto de líderes de la futura coalición, algo que en el espacio político la mayoría sí da por descontado. Lo que sí ha hecho es una llamada al entendimiento de todas las fuerzas y animar también al electorado a acudir tanto al lanzamiento de la nueva alianza como a la charla entre Rufián y Emilio Delgado, un gesto que ha levantado cierto resquemor entre algunos de los partidos hoy encuadrados en Sumar. 

La noticia más interesante que deja el acto del 21 de febrero es la voluntad de esos cuatro partidos de consolidar la alianza, que aleja las especulaciones sobre una ruptura de Izquierda Unida con lo que hoy es el cosmos Sumar para volver a aliarse con Podemos. Porque el partido de Ione Belarra, irreconciliable con Sumar, pero en una situación de debilidad tras la debacle del resultado cosechado en Aragón, abrió la puerta a volver a encontrarse también a nivel estatal con su antiguo socio agarrado al balance positivo de esa alianza en Extremadura. Así que en el partido que presentará de candidata a Irene Montero siguen abiertos a repetir Unidas Podemos con los de Maíllo y con los Comuns.

Las especulaciones sobre la reedición de esa alianza se fueron abriendo durante el año pasado ante las dificultades internas de Sumar. Después de Extremadura, en la que se repitió la fórmula entre Podemos, IU y Alianza Verde, hubo algunos conatos negociadores tanto en Aragón como en Castilla y León para repetir la fórmula, pero finalmente los de Maíllo se han inclinado por concurrir con Movimiento Sumar en ambos territorios. 

En paralelo, a nivel estatal, las negociaciones entre las cuatro fuerzas han cristalizado en la idea de renovar la coalición, abrazar un nuevo nombre y presentarse al electorado con espíritu y fuerzas renovadas de cara a las elecciones. Esta nueva alianza no cierra el debate sobre la unidad y de hecho ha invitado a todas las fuerzas de la izquierda “plurinacional y transformadora” al acto del 21. 

Los Comuns, específicamente, han apelado a Podemos para que pueda participar de la coalición en las futuras generales, aunque los pasos que ha dado el partido de Ione Belarra en el último tiempo apuntan a la dirección contraria, al reforzamiento de su identidad como un partido a la izquierda de lo que representan las dos partes del Gobierno, un alejamiento que hoy por hoy parece firme e irreversible. “Nosotros ese camino estamos dispuestos a recorrerlo, el problema está en la parte que no quiere llegar a acuerdos”, analizan en Podemos sobre esa posible y ya lejana alianza con Izquierda Unida pero sin Yolanda Díaz ni Más Madrid. “Ellos empiezan la casa por el tejado, repartiendo escaños y no con una reflexión sobre lo que ha hecho el Gobierno en estos dos años”, trasladan sobre el proyecto que reimpulsan las cuatro fuerzas del Ejecutivo.

Esta próxima semana coincidirán los actos que han removido la izquierda en los últimos días. Primero, la charla de Rufián y Delgado en la madrileña sala Galileo Galilei y el sábado los cuatro partidos de Sumar en el Círculo de Bellas Artes de la capital. Una izquierda que se moviliza en diferentes direcciones, pero que, al menos durante unos días, abandonó el letargo de una legislatura de la que, hasta ahora, solo parece sacar rédito la extrema derecha.

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