Del flechazo al ‘match’: por qué nos inquieta tanto entender el amor
“En las cuatro décadas que llevo de tarotista he podido comprobar que el 80% de las personas quiere saber sobre el amor, por encima de la profesión, el trabajo y cualquier otro asunto. Cuarenta años tratando con distintas generaciones y no hemos cambiado tanto, seguimos siendo los mismos, nos sigue preocupando el amor”.
Este testimonio de una de las asistentes resonó en la sala del Ateneo de Madrid en la que se celebraba la conferencia Del flechazo al match: ¿Qué queda del amor? La intervención condensó una de las ideas centrales que atravesaron toda la conversación: pese a los cambios sociales, tecnológicos y generacionales, el amor sigue ocupando un lugar prioritario en nuestras inquietudes.
Bajo el marco de la celebración de San Valentín, la tarde del 12 de febrero se reunieron varias autoras: Andrea Proenza, periodista y autora de Cartografías del deseo amoroso (Ediciones en el mar, 2025); Inma Benedito, periodista y autora de Too Match (Plaza & Janés, 2025) y Gema del Castillo, guionista y autora de Algún día nos reiremos de esto (Grijalbo, 2025) y Dama de pueblo (Ediciones en el mar, 2022). De la mano de Laura Piñero, periodista de Cadena Ser, una sala con todos los asientos ocupados –y varias personas escuchando de pie– era testigo de una conversación que buscaba cuestionar los clichés asociados al amor y abrir una reflexión crítica sobre los vínculos en la contemporaneidad.
El amor en la era digital
“Internet ha convertido el ligar en persona como algo no satisfactorio”. Así de contundente se mostraba la periodista Inma Benedito, quien encontraba en la llegada de las nuevas tecnologías el último cambio que hemos vivido en el ámbito de las relaciones y vínculos amorosos. El auge de las redes sociales y las aplicaciones de citas han transformado por completo el escenario del cortejo. “Hoy en día ligar es aprender a usar las apps de citas”, aseguraba –mientras, buena parte del público asentía en silencio–. “En persona entran en juego la incertidumbre, el rechazo en directo… Nos hemos acostumbrado a lo ‘fácil’ que nos lo pone Internet”.
Internet ha convertido el ligar en persona en algo no satisfactorio (...) En persona entran en juego la incertidumbre, el rechazo en directo… Nos hemos acostumbrado a lo ‘fácil’ que nos lo pone
Las redes sociales y los perfiles en aplicaciones de citas nos facilitan un “tráiler” o primer vistazo de una persona. “Te ahorran un paso”, explicó Benedito, “ya tienes un filtro de inquietudes que te pueden ayudar a saber si vas a hacer match”. Acostumbradas a que entre las generaciones más jóvenes la norma sea tener presencia en plataformas, cuando Gema del Castillo –después de un año “ligando a tope” por redes sociales– se encontró con una persona que no tenía ningún perfil, se sintió rara y pensó que de alguna manera había vuelto “al mundo real”, a un espacio sin filtros previos.
En esta línea, Andrea Proenza habló sobre un cambio en los mensajes. “El amor romántico se guía por una serie de guiones; sabemos qué significa un roce o un determinado tipo de mirada, pero de repente estamos en un ámbito en el que no está claro qué quiere decir que te den me gusta a una historia. Puede ser porque a la otra persona le gustes tú o le haya gustado lo que publicas”. Varias asistentes parecieron reconocerse en esta confusión, ya que la reflexión encontró una respuesta casi inmediata en la sala, que se llenó de asentimientos, murmullos cómplices y comentarios en voz baja.
La mercantilización del amor
Para las autoras, la forma en la que nos vinculamos –incluida la amorosa– es un reflejo de la sociedad en la que vivimos. Inma Benedito analizó cómo las relaciones de hoy en día replican patrones de la lógica mercantilista: “Vemos a las personas que nos gustan como un objeto de consumo, las vemos en función de lo que nos van a aportar”.
Esta fue una de las temáticas que, abierto el espacio de debate, generó conversación entre el público —formado por personas de todas las edades—, ya que no todos se mostraron completamente de acuerdo con esa lectura. Sin embargo, conectó especialmente con la parte más joven de la sala, que reconoció cómo esta lógica se ve potenciada por las redes sociales y las aplicaciones de citas, que ofrecen un catálogo (casi) infinito de opciones. “Las relaciones son más efímeras porque crees que a la vuelta de la esquina hay alguien mejor”, añadió Proenza; el cambio de pareja es más fácil si se alimenta la idea de que siempre va a haber una persona nueva disponible.
Las relaciones son más efímeras porque crees que a la vuelta de la esquina hay alguien mejor
No todo es negativo: la autora de Too Match reconoció que las aplicaciones de citas tienen ventajas, especialmente para personas LGTBIQ+, ya que permiten conectar con más miembros del colectivo y conocer a personas de círculos y ámbitos distintos. Sin embargo, Benedito no ignora los riesgos: la abundancia de opciones puede provocar lo que llama “fatiga por decisión”, y el acceso constante a estas plataformas introduce dinámicas perversas: “Puedes usar la app en el baño, en el metro, en la sala de espera del dentista… De hecho, la gente lo hace. Al final, el motor de usar estas apps son el aburrimiento y la frustración, y que el motor del amor sean dos elementos que no tienen nada que ver con él dice mucho de cómo se construyen estos vínculos”. Concluyó tajante que “si el objetivo [de las aplicaciones] fuera conseguir un vínculo duradero, serían un éxito, pero un fracaso como negocio”.
Por otro lado, el primer vistazo que ofrecen las aplicaciones y redes sociales sobre la persona que nos interesa puede ser engañoso. Proenza recuperaba a Sara Ahmed y sus “archivos de la felicidad” [La promesa de la felicidad] para recordar que en todas estas plataformas cada persona elige proyectar únicamente las partes de sí mismo que más les interesa.
A esa falsa sensación de conocer a alguien se suma la manera de comunicarse de las nuevas generaciones, que a menudo trastoca los códigos que parecía que habíamos empezado a entender. La generación Alfa, según apuntó Gema del Castillo, ya ni siquiera publica de forma estable en plataformas. “Se comunican de forma aún más efímera, con publicaciones de 24 horas, que me hacen preguntarme si la imagen que quieren dar es precisamente que nadie los conozca al 100%”.
Atravesadas por la precariedad
El amor se concibe a menudo como algo abstracto, etéreo. Sin embargo, la autora de Cartografías del deseo amoroso dejaba claro que el amor es político y se ve atravesado por las condiciones de vida; y si hay algo que actualmente marca y genera conversaciones entre las generaciones más jóvenes es la precariedad.
Cuando Gema del Castillo escribía Algún día nos reiremos de esto estaba viviendo una etapa de precariedad que quedó reflejada en su obra. En ella, además de hablar sobre amor, habla sobre cómo lo material atraviesa los vínculos: “Sin las condiciones materiales necesarias no eres libre para amar, o para amar como te gustaría (...) Nuestra generación tiene casi como única opción el irse a vivir en pareja, porque si no es imposible”. Proenza recordó cómo incluso en el desamor esas condiciones materiales son imprescindibles; muchas parejas que desearían separarse o divorciarse no lo hacen por no poder hacer frente al coste económico que ello conlleva.
Sin las condiciones materiales necesarias no eres libre para amar, o para amar como te gustaría (...) Nuestra generación tiene casi como única opción el irse a vivir en pareja, porque si no es imposible
El amor se aprende: “No hemos superado el amor romántico”
A lo largo de la conversación y el debate se dejó claro que buena parte de las ideas que tenemos sobre el amor provienen de relatos que consumimos desde la infancia: películas, novelas, revistas juveniles, comedias románticas... Historias que –como se narra en Cartografías del deseo amoroso– durante décadas, han repetido una misma promesa: pareja estable, convivencia, matrimonio, hijos. Una trayectoria que, como señalaba Proenza ante un público que asentía con claridad, sigue funcionando como modelo dominante: “No hemos superado el amor romántico (...), sigue sustentado en instituciones como el matrimonio o la familia nuclear”.
La idealización del amor y la aspiración a conseguirlo que se impone desde los relatos clásicos resultan evidentes para del Castillo. Tras la intervención de Proenza, señaló: “En los cuentos de hadas, la historia acaba cuando se casan”. Lo que viene después apenas aparece.
Para Benedito es problemático que durante generaciones hayamos aprendido a querer casi exclusivamente a través de la cultura de masas: “El amor se aprende, y si todo lo que aprendemos es a través de la cultura de masas, adquiriremos una idea del amor diseñada para encajar en la sociedad mercantilista”.
A pesar de que las intervenciones de las ponentes y las reflexiones del público se entrelazaban y abrían constantemente nuevas líneas de análisis, tras más de hora y media de diálogo intenso se puso fin a la conferencia Del flechazo al match: ¿Qué queda del amor? Pero con el cierre formal no llegó el final de la conversación. Tras despedir a las autoras entre aplausos, muchos asistentes prolongaron el debate, intercambiando impresiones sobre las ideas que más les habían interpelado. Otros se acercaron a las ponentes para continuar la charla y plantear nuevas preguntas.
En definitiva, la diversidad del público evidenció que, más allá de las diferencias generacionales, sociales o culturales, la manera en que nos vinculamos y entendemos el amor sigue siendo una inquietud compartida. Porque, aunque cambien los formatos y los códigos, la necesidad de reflexionar sobre cómo sentimos y nos relacionamos permanece como un hilo común que atraviesa edades, contextos y miradas.
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