“El mundo está hecho para las parejas”: ¿ha cambiado nuestra forma de ver la soltería?
Todos los estados civiles llevan unos potenciales problemas y estigmas en la letra pequeña que la sociedad añade a los papeles oficiales. El matrimonio se relaciona con el final de la libertad, el divorcio o la separación con el fracaso, la viudedad con la tristeza y la soltería con una mezcla bien elaborada de todos ellos. Obviamente, esto es un listado de tópicos rancios pero la cantidad de personas sin pareja que habrán tenido que escuchar las pasadas Navidades la pregunta “¿sigues sin novio/a?” no habrá sido poca. Es un cliché que ha dado para muchas obras culturales pero quizá se haya producido un cambio en el tono o la intención de quien plantea la cuestión: si antes se preguntaba con un puntito de maldad, reproche o advertencia, ahora quizá la negatividad se haya rebajado. ¿Ha mejorado la percepción que la sociedad tiene sobre la soltería?
Para Sandra (43 años) la respuesta es que no ha cambiado para nada. “Sobre todo con las mujeres”, comenta a elDiario.es. “La gente te dice: ‘tranquila, ya encontrarás a alguien’, como si estar soltera fuera malo. Y parece que si eres selectiva porque no tienes prisa ni ganas de aguantar, eres demasiado exigente y no vas a encontrar nunca a nadie”, sostiene.
Esa percepción de ‘temporalidad’ es algo que también molesta mucho a Irene (28 años), que es soltera por elección o soltera política. Hace aproximadamente siete años mantuvo una relación con un chico durante tres años que no tuvo demasiadas complicaciones ni terminó de manera dramática, de hecho a día de hoy se llevan bien. Pero el factor que rompió su unión fue un clásico de las relaciones heterosexuales: “Yo acabé un poco convertida en su madre y empezó a ser insostenible que la relación fuera de madre-hijo”, declara.
Después de esa experiencia, Irene comenzó a reflexionar en lo que la heterosexualidad tiene que ofrecer a las mujeres y pensó mucho en las parejas de su alrededor, incluidos sus padres. “No veía ni la excepción que confirmara la norma de en qué parejas yo decía ‘ese hombre no se merece a la mujer que tiene al lado’, y eso que intenté quitar mis sesgos, que los tendré de todos los colores”. La conclusión a la que llegó fue que las relaciones heterosexuales no eran de ninguna manera positivas para las mujeres y no quiere formar parte de una.
Esto no significa que sea célibe, ni que no se relacione con hombres –“no quiere decir que no me vayan a romper el corazón”, apunta–, solo que les dice a los varones con los que se vincula que no busca novio y que, de hecho, no lo quiere tener ni lo va a tener. Pero como decía Sandra, a ella también le dicen cosas como: “Nunca digas nunca”. “Por qué para mí ese nunca tiene que tener un límite y su ‘siempre’ [el que se promete en las bodas], no”. También es consciente de que su decisión de ser madre soltera hace que su plan sin límite tenga más firmeza aún.
El sistema empuja a tener pareja
Raúl (40 años) considera que: “La soltería ha pasado de ser vista o descrita como un defecto a ser interpretada como un estado del ser humano equiparable a la pareja, sobre todo gracias a los avances en igualdad, que ya no tenemos esos prejuicios, y a la concepción diferente y diversa que se tiene de la familia hoy en día”. Pero hace una observación que coincide con la tesis de Irene de que “el mundo está hecho para las parejas”. Tal y como observa Raúl: “Tener pareja ha pasado de ser un desiderátum a una necesidad, puesto que en la economía actual se necesitan como mínimo dos sueldos (y generosos) para poder subsistir con garantías de bienestar”.
Ha pasado de ser vista como un defecto a ser interpretada como un estado del ser humano equiparable a la pareja, sobre todo gracias a los avances en igualdad y a la concepción diferente y diversa que se tiene de la familia
Él, como hombre homosexual, sí observa que a pesar de los cambios que ha señalado anteriormente, cuando se relaciona con personas de generaciones anteriores todavía existen juicios de valor positivos con respecto a la gente emparejada. “Han conseguido adquirir todos esos estados del bienestar que son de un corte más conservador con respecto de las personas que no tienen pareja y que de alguna manera siguen por detrás o no han conseguido todo aquello que se suponía que una persona funcional debería conseguir”, reflexiona.
Sin embargo, para Raúl, que la sociedad haya asumido que tener compañero o compañera sentimental es “lo más natural del mundo” roza el disparate. “Si lo observas de manera objetiva y lo analizas calculadamente, que dos personas que no se conocen de nada se encuentren en el mundo de una manera fortuita y se atraigan hasta el punto de generar una relación de solidaridad, coordinación y colaboración tal que les permita vivir juntos y entenderse en los aspectos más fundamentales de la vida me parece de lo más difícil”, expone. “Incluso más aún cuando eso implica temas emocionales, sentimentales o ya íntimos relacionados con la sexualidad”. No es que le resulte “antinatural” sino mucho más complicado que “lo que se presupone en la sociedad actual o de lo que se presupone según los valores culturales que tenemos heredados y sobre todo cimentados en nuestro conocimiento”, considera.
Rubén (30 años) cree que el momento sociopolítico actual influye en la percepción de la soltería. Si antes era sinónimo de que algo “estaba mal” en la persona, hoy en día tiene algo de “rendición colectiva”, define. “Ahora nadie tiene asegurado un futuro estable a nivel laboral, poder comprar una casa, mantener un hijo es impensable para mucha gente”, responde. Así que si hace dos o tres décadas la soltería era un símbolo de fallo ahora sin más es que: “El contexto es complicado, no tenemos tiempo y estamos arrollados por la vida”.
Él considera que como hombre homosexual tiene un sesgo concreto, pero comparte con sus amigas y amigos solteros “un pesar y un malestar, incluso una pena”, por no encontrar pareja. “Creo que a nivel social tenemos otro concepto de la soltería pero a nivel emocional tengo mis dudas de que sea que el concepto haya permutado a algo a lo que le demos menos importancia”. Es decir, para él: “No es una carencia, porque eso es que te falta algo y está mal, sino que tengo tantas ganas de amar y de ser amado y lo busco y no pasa, que qué pena”.
Qué dicen los expertos
Sobre la soltería (y todos los estados civiles, de nuevo) se han generado miles de estudios, hecho películas, compuesto canciones y escrito libros y artículos. Uno de los últimos que más repercusión ha tenido gracias, sin duda, a su titular con gancho ha sido ¿Es que ahora da vergüenza tener novio? de Chante Joseph, que se publicó en la edición de Vogue Gran Bretaña a finales del pasado mes de octubre. En realidad, el texto trata sobre si el hecho de que una mujer (sobre todo si se trata de una influencer) suba fotos con su novio en las redes sociales hace que pierda suscriptores, con alguna mención al término heteropesimismo y la conclusión de que no hay que tener vergüenza de tener pareja pero ser soltera por elección “se está convirtiendo en un estatus deseable y codiciado”. Pero el boom del amor romántico en ficciones audiovisuales como El verano en que me enamoré o las fotos con anillos con pedrusco de petición de mano y las bodas de postín que inundan las redes sociales podrían ser la respuesta negativa rápida al artículo de Joseph.
La socióloga Clara Cortina remarca que hay que tener en cuenta que el incremento de la soltería, sobre todo en el caso de las mujeres, debe entenderse 'en el contexto de la transformación de los roles de género en la sociedad y las expectativas que hombres y mujeres tienen sobre las relaciones de pareja y la formación familiar
Clara Cortina Trilla, profesora agregada del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) y miembro del Grupo de Investigación en Demografía y Sociología (DEMOSOC), afirma que no dispone de datos sobre la percepción de la soltería. Pero en el tercer trimestre de 2015 había 12.764,5 personas (mayores de 16 años) solteras en España, mientras que en el tercer trimestre de 2025 había 15.970,5. Además, según los primeros datos del censo anual de población de 2025, también del INE: “A 1 de enero de 2024 el 34,9% de la población de España era soltera”. La socióloga remarca que hay que tener en cuenta que este incremento, sobre todo en el caso de las mujeres, debe entenderse “en el contexto de la transformación de los roles de género en la sociedad y las expectativas que hombres y mujeres tienen en relación a las relaciones de pareja y la formación familiar”.
Patricia Lodeiro, psicóloga y directora del centro CAIP, dice al respecto que los roles de género han cambiado de forma que: “El hombre se ha feminizado y la mujer se ha masculinizado”. Eso ha hecho que la soltería de las mujeres ya no esté tan estigmatizada y, de hecho, ella advierte: “En consulta me he encontrado con más hombres que mujeres a quienes sí les genera cierto malestar no tener pareja o un proyecto familiar compartido”. En su caso, sus pacientes no suelen demandar ayuda psicológica por no tener compañero o compañera sentimental pero sí se ha encontrado con ello: “Sobre todo en el marco de dificultades de vinculación íntima cuando han habido eventos traumáticos en la trayectoria vital de la persona”.
La también psicóloga Sofía Pérez afirma que muchas de las personas que llegan a su consulta lo hacen con altos niveles de ansiedad por “no tener pareja, no haberse comprometido todavía o con la sensación de ‘irse quedando atrás”. Estos pensamientos “suelen impactar directamente en la autoestima, porque la soltería se vive no como una elección, sino como una prueba de insuficiencia personal, como de ser inferior, no ser suficiente, o tener algo malo en mí”, expone la especialista.
Ya no se pregunta tanto ‘¿por qué estás sola?’, pero sí aparece de forma más sutil: la idea de que algo falta, de que es una etapa transitoria o de que el proyecto de vida ‘completo’ sigue siendo la pareja
Patricia Maguet, psicóloga como Lodeiro y Pérez, también vive situaciones similares en sus sesiones. Sus pacientes no suelen acudir a ella por el mero hecho de no tener una relación romántica, aunque acaba por salir. “Suele entrar por la puerta de la autoestima, la comparación social, el miedo al futuro o la sensación de ir ‘a contrarreloj”, desarrolla. Y añade: “Muchas personas no sufren por estar solteras, sino por cómo interpretan lo que esa soltería dice de ellas. Y eso genera presión, culpa o urgencia por vincularse, a veces a costa de elegir mal o tolerar relaciones poco cuidadas”.
Para ella, el estigma en las mujeres es mayor y el discurso que mencionaban Irene y Sandra al principio es real. “Ya no se pregunta tanto ‘¿por qué estás sola?’, pero sí aparece de forma más sutil: la idea de que algo falta, de que es una etapa transitoria o de que el proyecto de vida ‘completo’ sigue siendo la pareja”, afirma. Para Sofía Pérez, el tema de la maternidad ejerce mucha presión: “Muchas mujeres no tienen claro si quieren o no tener hijos, pero el hecho de estar solteras ya les genera malestar, porque sienten que no pueden ni siquiera plantearse esa decisión”. “Aparece la idea de que para poder decidir necesitan estar en pareja, y eso genera presión, ansiedad y bloqueo emocional”, concluye.
1