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Entrevista

Azahara Palomeque, escritora: “La memoria de la Guerra Civil ha cambiado desde el momento en que se terminó”

La escritora Azahara Palomeque

Carmen López

26 de febrero de 2026 22:13 h

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La carta de presentación de la escritora Azahara Palomeque parece una fiesta de logros: licenciada en Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid, pasó temporadas de formación en Lisboa y São Paulo, hizo un máster en Estudios Luso-brasileños por la Universidad de Texas, se doctoró en Estudios Culturales en la Universidad de Princeton y trabajó como docente en la Universidad de Pensilvania. Mientras tanto, le dio tiempo a publicar los poemarios American Poems (la Isla de Siltolá, 2015; Coolgrove, 2021), En la ceniza blanca de las encías (la Isla de Siltolá, 2017), RIP (Rest in Plastic) (RiL Editores, 2019), Currículum (RiL Editores, 2022), así como Año 9: crónicas catastróficas en la era Trump (RiL Editores, 2020, 2024).

Pero, tras pasar 13 años a miles de kilómetros de distancia, decidió que quería regresar a Andalucía, su tierra natal. Ella creció entre Córdoba y Extremadura, su familia sigue allí y sintió que necesitaba volver al calor del nido, después de tanto tiempo al otro lado del Atlántico y de perderse tantas cosas importantes como los funerales de sus abuelos, entre otras. Una vez en España, publicó la novela Huracán de negras palomas (La Moderna, 2023) y el ensayo Vivir peor que nuestros padres (Anagrama, 2023). Ahora reaparece en las librerías de la mano de la editorial Cabaret Voltaire con Pueblo blanco azul, un libro de ficción que contiene bastantes trazas de realidad. 

La protagonista, una mujer joven llamada Elaia, visita el pueblo de sus antepasados ya desaparecidos para reconstruir su historia y terminar de cerrar su duelo por ellos. Quiere plasmarla en una novela, pero los tiempos históricos se solapan según investiga y, además, el problema ecológico que afecta al territorio se hace tan evidente que pasa a formar parte de una trama que ya no habla en pasado. 

La escritora Azahara Palomeque

El germen de su nuevo libro reside en el amor por tus abuelos.

Mis abuelos se murieron cuando yo estaba viviendo en EEUU y no pude ir a los entierros. Entonces, esa sensación de duelo y de herida abierta es lo que motiva una investigación que tiene que ver con averiguar cómo fueron sus vidas sobre todo durante la Guerra Civil y el franquismo. A mí me interesaba saber cómo eran sus vidas en este pueblo ficticio, Villasueño de la de las Flores Secas (mi pueblo que, en realidad, se llama Castro del Río) en una época en la que yo no los había conocido. Así que la protagonista, que se llama Elaia, va allí, comienza esa investigación y empieza a interactuar con personajes del lugar y a descubrir más sobre el pasado, sobre los fantasmas que habitan ese pueblo de la campiña cordobesa, y ahí empieza la historia.

¿Este libro es ficción, es autobiográfico, es autoficción? Por lo que cuenta, tiene mucho que ver con su propia historia.

El libro es ficción. Pero yo he partido, para elaborarla, de mi propia experiencia lejos de mi pueblo, de mi sentimiento de duelo. Y los personajes que aparecen sí que están basados en miembros de mi familia aunque, obviamente, yo no puedo asegurar que lo que cuento sea verdad porque, para empezar, yo no sé quién era mi abuela cuando tenía 20 o 30 años porque yo no estaba en el mundo ni en el pensamiento.

De hecho, hizo como la protagonista y se fue a EEUU. La novela menciona el ‘síndrome de Ulises’. ¿Lo experimentó?

Sí, por supuesto, tenía muchas ganas de volver. Esa nostalgia creo que motiva la percepción de la protagonista del reencuentro con las raíces, que es importante porque el sentimiento de conectar con las raíces tiene que ver con pertenecer a una colectividad. Ella se integra en el pueblo, empieza a hacer entrevistas a la gente, le pregunta a la bibliotecaria sobre libros de la historia de la Guerra Civil, sobre qué pasó en la batalla de espejo, cuando se perdió el pueblo. 

Y, por otra parte, el concepto de raíz tiene que ver también con el arraigo a una tierra desde el punto de vista ecológico. Elaia se da cuenta de que han cortado el agua en el pueblo y eso se convierte en un problema a la hora de poder seguir su escritura sobre el pasado. Digamos que el presente se le cuela y ella se debate entre continuar esa ficcionalización del pasado o hacerle caso al presente, que para mí era una forma de integrar los tiempos históricos.

La memoria se cuela hacia el presente y va impulsando el futuro

Azahara Palomeque Escritora

¿Por qué decidió darle tanta importancia al punto de vista ecológico?

Yo tengo una trayectoria de pensar la crisis climática y la ecología en general, pero lo que yo quería aquí hacer era integrar los tiempos históricos. Lo más fácil desde el punto de vista narrativo, por lo menos yo lo siento así como escritora, es encapsular la historia en el tiempo. Cuando empiezas a mezclar los tiempos, la ficción se te complica, pero me parece mucho más interesante porque la visión que aportas de ese pasado no es un pasado cerrado, no es un pasado monolítico. Al mismo tiempo, a mí me servía para decir que la memoria impulsa el futuro. La memoria se cuela hacia el presente y va impulsando el futuro. 

Quedan pocas personas vivas que puedan dar testimonio en primera persona de lo que pasó en la Guerra Civil. La generación Z ya no escuchará a sus abuelos hablar de aquello.

Esa memoria se va a seguir manteniendo, pero va a ir transformándose. O sea, seguimos hablando de los romanos y de los egipcios y obviamente no tenemos una percepción en primera persona. Yo siempre digo que la memoria de la Guerra Civil ha cambiado desde el momento en que se terminó. Para empezar, son memorias múltiples porque tienes memorias de muchísimos bandos dentro de los dos bandos. Las izquierdas estaban formadas por socialistas, anarquistas, comunistas o los del POUM, y las derechas por los católicos, los carlistas o los falangistas. Son memorias que se han ido transformando y luego está la memoria del régimen, que se fue transformando desde una primera memoria de cruzada hasta otra de reconciliación. Y las memorias de los exiliados también fueron distintas. 

En la novela me interesaba rescatar la memoria afectiva de los personajes. No tanto las batallas que ya se han contado, porque tenemos una industria cultural muy poderosa que se ha dedicado a la Guerra Civil, sino cómo sentían esos personajes, cómo se enamoraban, cómo afrontaron el paso de la República a la dictadura. Cómo el cuerpo se permea de esos cortes históricos y, en ese sentido, creo que lo que hago es una memoria emocional y afectiva.

Después de 13 años en EEUU, ¿por qué decidió volver a España?

Porque me importaba esa relación con las raíces. Quería estar en contacto con mi familia, quería sentirme en casa, quería pertenecer a un lugar. Y ese sentimiento de pertenencia también desata esta ficción. Cuando vuelvo a Córdoba empiezo a tener reminiscencias de la infancia, como una memoria muy sensorial, olfativa: llegué y olí el azahar y el jazmín y reconecté con el acento de la gente. Todo eso también me impulsó a escribir una historia sobre la familia, porque es una manera de anclarte en un sitio y decir: “Vale, esta es mi casa, entonces vamos a elaborar la casa en forma de ficción”.

Palomeque presenta su nueva novela

En 2023 publicó Vivir peor que nuestros padres (Anagrama), ensayo que causó cierta polémica porque fue uno de los primeros que señaló que había un problema de desigualdad entre generaciones. ¿Cómo ha envejecido?

Pues muy bien, porque precisamente una de las cosas que nos están contando ahora, que yo sí que conté, es que la fractura generacional tiene que ver también con una debacle climática. Las generaciones de ahora van a sufrir un clima más extremo que las anteriores porque no existían esas circunstancias, esos fenómenos meteorológicos. Ahí se puede ver incluso una línea continuista en mi trabajo, en la preocupación ecológica. 

Ese mismo año publicó una novela que también contiene una catástrofe ecológica aunque ubicada en EEUU, Huracán de negras palomas (La Moderna).

Sí, esa la había escrito mientras estaba todavía allí. Y también hay coherencia porque esa es la novela de la caída del Imperio norteamericano y Pueblo Blanco Azul es la novela del regreso.

Vivió la primera ‘era Trump’ y escapó por los pelos de la segunda, que está siendo terrorífica. ¿Cómo se siente al ver lo que está sucediendo allí? ¿Llegó a considerar a EEUU como su casa?

No, nunca fue mi casa. Veo ese declive y esa decadencia y al mismo tiempo mantengo cierta distancia con lo que está sucediendo, que no se convierte en cinismo. Me preocupa lo que está ocurriendo, pero no dejo que me afecte porque precisamente estoy enfocada en los reencuentros, las bienvenidas, la integración en España, el retorno, la vida en el pueblo, la creación de vínculos afectivos, las amistades. Aquella es una etapa que ya he dejado atrás.

¿Cómo espera que sea la acogida del libro?

Me espero cariño lector. Hay cierta expectación que se ha creado por las cosas que han salido ya en los medios. Alguna gente me escribe y me dice que tiene muchas ganas de leerla. Creo que es una novela que conecta con el sentimiento actual de volver a las raíces, de la preocupación ecológica, de la memoria histórica, que sigue muy presente en el debate público. Conecta al pasado con el presente. Y tiene un vocabulario muy poético que creo que también hace falta, porque dulcifica un poco el ambiente de las polémicas y de la agresividad que que vivimos en otros espacios discursivos. Yo estoy muy emocionada con esta gira, nunca había hecho una tan larga. Tenemos más de 20 ciudades y nos siguen llamando para que añadamos más. Tengo certeza de que va a salir todo bien.

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