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Más de veinte años en la jungla editorial: los sellos independientes que sobreviven a los gigantes y al tsunami de novedades

Editoriales independientes que sobreviven a los gigantes de la industria

Carmen López

Barcelona —
21 de abril de 2026 21:41 h

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Cada semana, las librerías tienen material suficiente como para renovar sus mesas de novedades más de una vez debido a la velocidad a la que funciona la maquinaria de esta industria. En España existen dos grandes grupos que gestionan decenas de sellos. Uno es Penguin Random House, que es propietario de Alfaguara, Debate, Lumen, Reservoir Books o Aguilar. El otro es Planeta, que posee Espasa, Destino, Tusquets, Seix Barral, Península o Temas de hoy. Esta es solo una pequeña lista, porque ambos abarcan muchos más (unos 40 el primero y alrededor de 70 el segundo). Además, están las editoriales independientes, algunas de las cuales tienen ya varias décadas de recorrido, sumadas a las que se forman cada año, cuyo futuro está por ver.

Según el último informe de la Estadística de la Edición Española de Libros con ISBN, en 2025 se publicaron 91.200 libros: 64.600 en papel (el 70,8%) y 26.600 en otros soportes, fundamentalmente digital (29,2%). Un 97,1% fueron primeras ediciones. Con todo, fueron 3.134 editores con una producción media de 29 libros. Estos datos apuntan a un crecimiento del 2% respecto a 2024, y de un 4,6% respecto a 2023.

Ante este panorama, ¿Cómo consigue sobrevivir una editorial independiente en este sector? Luis Solano, fundador y responsable de Libros del Asteroide, responde a elDiario.es: “Si lo haces todo bien, poco a poco, y tienes un poco de suerte, de alguna manera el viento sopla siempre a tu favor”. El año pasado celebraron su vigésimo aniversario con un éxito arrollador y sorprendente: Comerás flores, la novela de la debutante Lucía Solla Sobral lleva más de 100.000 ejemplares despachados desde que se publicó, el pasado septiembre. Ha recibido los premios Cálamo y El Ojo Crítico y todavía no se apea de los primeros puestos de libros más vendidos.

Para Maribel Luque, directora literaria de la Agencia Carmen Balcells, “las editoriales independientes son imprescindibles” porque “han sabido detectar nichos de mercado y los están trabajando de manera excelente, consiguiendo algunas veces fenómenos de gran impacto tanto en venta como en prestigio en prensa”. Véase el de Solla o Seismil, de Laura C. Vela (Niños Gratis*). De hecho, las mejores condiciones para algunos de sus clientes están en esas casas: “No siempre el mejor editor es el más grande o el que paga más, el mejor editor es el mejor lector, el que se enamora del texto y sabe comunicarlo al mundo”.

Solano mantiene que la perseverancia es esencial para perdurar: “Una editorial no vende solo los libros que publica cada año, también el fondo”. Y en el suyo hay nombres como el de Nancy Mitford, Manuel Chaves Nogales, Rachel Cusk, Nora Ephron, Graham Greene o Maggie O'Farrell. Daniel Moreno, que montó Capitán Swing en 2008, le da la razón con su experiencia: “Creo que el título que más hemos vendido ha sido Chavs, de Owen Jones (2012), con más de 25.000 ejemplares. Y el que menos fue La Pícara Coraje, de Grimmelshausen (2010), que no llegó a los 500”.

Capitán Swing es otra de las veteranas del sector, aunque su apuesta empezó y sigue siendo un tanto peliaguda: su catálogo está centrado en el ensayo político, lo que recorta el número de lectores potenciales. “Ha sido un camino duro, plagado de retos y desafíos. Al principio, te marcas el objetivo de aguantar los famosos tres años, que es el tiempo en el que este tipo de proyectos suelen sucumbir”, explica. Ahora bien, asegura que aunque se supere ese periodo, “siempre se está en situación de incertidumbre”: “Te acabas acostumbrando a editar con el agua al cuello”.

Para él, las claves para que una editorial independiente tenga su lugar en la jungla del mercado pasan por tener una marca que proyecte una buena imagen, buenas estrategias de comunicación, crear una comunidad, no especular y, como señala Solano, construir un buen fondo. Eso, y tener algo de suerte. “Que algunas de las novedades vendan lo suficiente bien como para contrarrestar otras que no lo hacen tanto. Algo de esto no habremos hecho del todo mal y, por eso, seguimos adelante”.

Les Rambles de Barcelona, llenas durante la celebración de Sant Jordi

Solo, quizá no; pero con aliados, sí

Otra de las claves de la supervivencia de estos sellos independientes son las alianzas que establecen. Buena cuenta de ello lo da el grupo Contexto. Si bien el término ‘grupo’ evoca a grandes corporaciones, más bien se trata de una asociación de cuatro editoriales que se juntaron en 2008 para darse apoyo en tareas difíciles de asumir por separado. Está integrada por Libros del Asteroide, Impedimenta, Nórdica y Periférica. Paca Flores, editora de esta última, explica que mantienen estructuras empresariales independientes. Lo que les une es “una entente cordial para tareas del día a día y comparten estrategias de cara a eventos como ferias del libro, o las exportaciones”.

Periférica celebra este abril su vigesimosexto aniversario y declara que el recorrido hasta aquí “ha sido tan difícil como apasionante”. “Nacimos en un contexto propicio para iniciativas de corte vocacional y de espíritu algo temerario”, asegura. Flores cuenta que en ese momento se normalizó la convivencia entre los grandes grupos editoriales, las medianas, las independientes y las pequeñas. En la suya, intentan mantener una cifra fija de 20 títulos anuales y resistir a la lógica del “turbomercado” para mantener sus estándares de calidad y cuidado.

“Una editorial como la nuestra es un pequeño ecosistema que, aparte de las propias, también se nutre de las ideas de sus traductores y autores, incluso de sus lectores. Somos más de buscar, investigar y encontrar que de esperar a que nos lleguen las cosas a través de intermediarios como los agentes literarios”, expone. Flores es la que toma la decisión final de qué se llevará a imprenta (como Solano y Moreno en sus respectivas casas) pero sus compañeras también leen, proponen y toman decisiones. Asimismo, cuentan con unos pocos lectores externos de confianza que las ayudan con títulos en idiomas que ellas no conocen, pero que les interesan.

Candaya es otra de las independientes que atraviesa ahora su veintena. Se creó en 2004, ha crecido y se mantiene “gracias a una férrea voluntad de hacer comunidad: con lectores, libreros, autores, críticos, periodistas, que se han sumado a esta tribu que resiste y se sostiene en una lucha constante”, responden. Cuando cumplieron dos décadas, lo celebraron con el lema: “Haciendo del margen un lugar”.

Su oferta es peculiar, porque gran parte de su catálogo se sustenta en los libros de escritores que ya han publicado con ellos. “Nos interesa ser una editorial de autores, seguirles la trayectoria”, exponen. Aun así, reciben más de cien manuscritos al mes. “Es imposible leerlos todos. Tratamos de que las decisiones sean en común acuerdo y muchas veces confiamos en las recomendaciones de amigos lectores, de nuestras autoras y autores”.

Un caso excepcional dentro de este universo es el de Galaxia Gutenberg, que recorrió el itinerario contrario al de la mayoría: primero fue propiedad de los dos grandes grupos (cada uno tenía el 50%) y después pasó a ser independiente. Fue gracias a la iniciativa de Joan Tarrida, que llevaba 18 años dirigiendo el sello y a quien en 2010 se le ocurrió que la mejor forma de continuarlo sería comprándolo. “No tengo nada en contra de los grandes grupos, simplemente quería hacerlo a mi manera”, apunta. Se lo explicó a ambas partes, lo entendieron y después de “arduas negociaciones”, lo pusieron en marcha.

Según su opinión, hay tres cosas esenciales para que una editorial independiente sobreviva: “El apoyo de los libreros, el de los autores y la complicidad de la prensa”. Evidentemente, una empresa de este tipo necesita buenos trabajadores, porque su estructura no tendrá muchos recursos, pero para Tarrida el trío mencionado es vital: “En Galaxia tenemos la suerte de contar con todos”, presume.

Imagen de archivo de la librería Finestres

En primera línea

Las librerías son grandes focos de prescripción. Un buen librero o librera conoce bien los títulos que tiene en su local, cuáles podría conseguir si se lo piden y es capaz de hacer recomendaciones según las pinceladas que le dé un cliente potencial. Chema Aniés, de La Anónima (en Huesca), es uno de ellos. Lleva en el sector desde 1988 y sostiene que el mercado “siempre ha estado saturado, con un número de publicaciones inasumible”. Pero ante esa especie de tsunami de lanzamientos, las editoriales independientes suelen tener buenas estrategias de resistencia.

Para Aniés, estas suelen proteger y seleccionar mejor sus títulos, lo cual les otorga un lugar en la mesa de novedades o escaparate del local. “Los dos grandes grupos cada semana te pueden hacer llegar, entre los dos, 200 títulos. Es imposible hacerlos funcionar ni prestarles atención siquiera” arguye. Las independientes cuidan más su relación con los libreros, tanto cuando informan de sus novedades como con acciones especiales. “Por ejemplo, Libros del Asteroide cumplió el año pasado 20 años y envió un expositor donde cabían un montón de sus títulos. Y yo lo vi en todas las librerías”.

Óscar es otro de los veteranos del sector: trabaja desde 1996 y ahora está en la librería Finestres de Barcelona, una de las más reputadas de la ciudad, pero antes estuvo en Gigamesh (tanto en la librería como en la editorial), así que sabe qué se cuece en ambos escenarios. “Las editoriales independientes tienen que saber manejar el éxito para no irse al garete”. Considera que si una editorial así “pilla un pelotazo, tendrá que gestionar una cantidad de libros, de ventas y de dinero para la que igual no está preparada”.

En la conversación menciona al grupo Contexto como ejemplo de buen hacer y añade el ejemplo de la asociación de editoriales independientes Llegir en Català, que funciona según el mismo esquema. Coincide con Aniés en que las editoriales independientes conocen mucho mejor su catálogo. “La mayoría de comerciales de las grandes organizaciones venden esto como podrían hacerlo con zapatos o coches”. Gestionar toda “la cantidad de novedades desmesurada” de los grandes grupos le resulta “más antipático”. Y aclara: “Te hablo ahora de una librería grande, pero es igual porque somos esclavos de las novedades, por eso las pequeñas tienen que trabajar muy bien lo que sacan, vendértelo y crear afinidad”.

Varias personas miran libros en un puesto instalado por el Día del Libro.

¿Se compra o no?

A mediados de abril se desató una polémica (o discusión, según se mire) dentro del sector cultural a raíz de unos datos presentados en el Congreso de Librerías organizado por Cegal (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros) el pasado mes de febrero. Dicha información hacía referencia a la venta de libros en el país y algunos medios interpretaron que casi la mitad de los libros disponibles en las librerías no venden ni un solo ejemplar a lo largo del año. Es decir: ni un amigo, familiar, conocido o incluso enemigo acérrimo del autor compra su obra aunque sea para criticarla.

Aniés considera que ese es un “dato catastrófico”, pero no se deja vencer por el desánimo y se aferra al hecho de que puede que una librería no venda ni un sólo ejemplar de un título, pero la de tres calles más para allá puede ser que venda tres. Óscar, de la Finestres, también matiza esos datos recordando que dicha estadística sólo hace referencia a librerías independientes, lo que deja fuera a gigantes como la Casa del Libro, Fnac o el Corte Inglés. Con todo, él mismo reconoce que en su librería hay libros de los que se compran menos de 100 ejemplares en un año. Para la editorial independiente puede suponer un golpe duro, pero a un gran grupo “tanto le da. V a sacar 100 novedades y, si sólo vende una, las otras 99 se pagan”.

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