Richard Ford, escritor: “No me considero un intelectual político, pero sí un buen observador”
El autor estadounidense Richard Ford va con un cuaderno a todas partes. En él anota las ideas que quizá en un futuro se desarrollen en una novela o se queden en simples esbozos. Lo ha señalado en el encuentro que ha mantenido con la prensa en Barcelona, donde ha viajado para participar en la conferencia Influencias extraliterarias en el Centre de Cultura Contemporànoa (CCCB), un trasunto de acto de presentación de su libro En palabras sencillas, el primero de la colección Feltrinelli Lectures.
Aunque el calor ya ha despojado a los barceloneses de la manga larga, él no se ha quitado el blazer de escritor con camisa de cuadros, quizá para no perder ni un ápice de esa imagen de intelectual relajado.
En este último trabajo, breve pero consistente, Ford explora la dimensión política de su obra. Una característica de la que no fue consciente hasta mucho tiempo después de haber empezado. “Hace 25 años alguien me preguntó si lo que yo escribía era realismo social y yo dije que en absoluto. Si yo soy estadounidense”, ha declarado. Se dio cuenta de que estaba equivocado gracias a sus lectores, precisamente. “Hay muchos escritores que piensan que hablar con los lectores es como una carga. A mí me gusta y además me hace pensar”, ha sostenido.
La apertura de ojos que le provocaron los apuntes de su público no le hicieron dudar de si sus novelas son mejores o peores, pero sí le han dado una dimensión que, a priori, él no había reconocido. Pese a que creía que sus trabajos no tenían una dimensión política, sus seguidores sí la percibían, por lo que de alguna manera tenía que estar ahí. Con la escritura de novela contemporánea “se establece un puente no con la política electoral, no con Donald Trump o con quien sea. Pero sí que, de alguna forma, la política surge a partir de la vida cotidiana”, ha reflexionado Ford.
Al respecto del actual presidente de los Estados Unidos, el escritor ha afirmado categóricamente que “Trump, y lamento incluso usar su nombre, le tiene miedo a la vida intelectual, y por eso tenemos que enfrentarnos a ese miedo de que intentará exterminarla y hacer lo que podamos para enfrentarnos a ello”. Asimismo, ha hecho referencia a una biografía de Stalin que ha leído este año, en la que se dice que mató a profesores e intelectuales. No cree que eso vaya a suceder en su país, pero sí que deben estar atentos para identificar las señales.
Literatura, humor y vida
Para Richard Ford, que antes de dedicarse a la literatura trabajó como periodista deportivo (la novela que le consagró, en 1986, se titula precisamente El periodista deportivo), el trabajo de un escritor se parece a una carrera de fondo en la que la meta es hacerlo lo mejor posible.
“Tengo una definición para la literatura: es algo que nos acompaña en nuestra vida emocional y nos permite asumir una nueva conciencia respecto a la realidad”, ha expuesto. Además, ha explicado que él no comparte la idea de algunos de sus compañeros que consideran que ser escritor es solo escribir. Ford quiere saber para qué escribe y que sus libros sirvan para algo. “Los libros nos enseñan la realidad”, ha sostenido.
El ganador del premio Pulitzer y el Faulkner en 1996 por su título El día de la independencia, ya había hecho el amago de despedirse de sus lectores pero le ha sucedido como a Eduardo Mendoza o Julian Barnes, que estuvo hace poco en la ciudad: no pueden poner freno a su imaginación y casi sin darse cuenta, su cabeza se pone a desarrollar una novela a partir de algún pensamiento que hayan tenido.
En el caso de Ford, que tiene 82 años, fue el fallecimiento de un conocido. “Tenía un amigo que decidió morir mediante eutanasia y tenía a todos sus seres queridos reunidos en la habitación a la hora de morir. Y pensé si no sería interesante imaginar si te pasara a ti, con tu familia pero también con tus amigos reunidos. Y decidí que sería una buena base para una novela de humor”, ha declarado. Por lo visto, su cuaderno cada vez tiene más apuntes sobre elementos que podrían ser interesantes para la trama y se titularía Never Better. Otro detalle: será breve porque no quiere “más Moby Dicks”.
La bibliografía de Ford arranca sin risas en sus dos primeros libros. Por aquel entonces estaba influenciado por Camus y los existencialistas y tenía la idea de que la solemnidad era importante. Pero un amigo le preguntó por qué sus obras no tenían un poco del humor con todo el que él gastaba en su día a día. Así, encontró una nueva voz aunque ha puntualizado que cada vez que empieza un nuevo trabajo, utiliza nuevas voces. “Aunque esté protagonizada por Frank Bascombe [personaje recurrente en sus libros], intento introducir matices diferentes en cada ocasión”, ha comentado. “Todos tenemos varias voces en nuestra cabeza y hablamos con la que toque según nos dirigimos nuestro amante, el terapeuta, el fraile o el gastroenterólogo”, ha agergado.
Su “maravillosa mujer”, que le conoce desde que tenía 19 años, a veces le dice que una frase o una palabra no parecen suyas cuando le lee alguna cosa nueva que está escribiendo. “Básicamente, yo le respondía, quizá tendrías que conocerme un poco mejor”, ha dicho entre risas, pero apreciando la confianza que su esposa depositó en él y en su carrera, incluso cuando algún proyecto no salía bien. “Mucha gente que quiere dedicarse a la escritura no tiene una pareja que le anime a escribir otro libro. La mayoría le dirían que buscase un trabajo de verdad y ganase algo de dinero”.
El futuro, quizá
El mencionado Frank Bascombe no volverá a aparecer en sus futuros libros, si los hay. Según ha afirmado Ford, quiere ser él quien decida cuándo parar a que lo hagan otros. Y la trayectoria del personaje se terminó con Sé mía (Anagrama, 2024), la última entrega de la pentalogía protagonizada por el periodista deportivo que se pasó al gremio inmobiliario y en lugar de redactar titulares vendía casas.
Por el momento, pretende seguir con sus apuntes en el cuadernito y sus artículos en la prensa: “No me considero un intelectual político pero sí un buen observador”, ha declarado. Ha asegurado que está “feliz” con sus trabajos para la prensa, pero lleva mal el funcionamiento de los medios. “Más allá de la parte no informativa de los medios lo que hay es una versión predigerida de la política y creo que mi imaginación es mejor. Muchas veces veo entrevistas y pienso que no le están haciendo las preguntas importantes al político. En la novela puedo hacer las preguntas que quiera”, ha concretado.
Lo que ha dejado claro es que está totalmente de acuerdo con el crítico literario británico Cyril Connolly, que decía que todo escritor debe tener la ambición de firmar una obra maestra. “Yo quería ser un gran escritor y no solo un buen escritor”, ha asegurado Ford, “prefiero escribir un libro intentando que sea una obra maestra y fracasar que escribir un libro que no aspire a serlo”. Con libros como Acción de Gracias (Anagrama, 2008), Canadá (Anagrama, 2012) o El día de la independencia (Anagrama, 1996) se ha acercado bastante a su objetivo.
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