Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
La crisis de la sanidad pone en riesgo la mayoría absoluta de Juanma Moreno
Vivienda, Junts y Sumar se preparan para negociar la prórroga de los alquileres
Opinión - 'De Trump a Jinping y Tucídides a Andalucía', por Rosa María Artal

Ana Paula Maia, finalista del premio Booker: “El mundo sigue siendo cruel y peligroso, nada ha cambiado”

La escritora Ana Paula Maia

Carmen López

15 de mayo de 2026 21:48 h

0

Pensar dónde se encuentra el límite de la atrocidad humana puede ser escalofriante. Pero la escritora brasileña Ana Paula Maia se caracteriza por su valentía a la hora de enfrentarse a los terrores reales y, en apenas cien páginas, ha desarrollado una novela que hiela la sangre, titulada Assim na terra como embaixo da terra. Emplazada en una cárcel situada en medio de la nada y olvidada por el resto de la humanidad, la trama gana en intensidad con la lentitud adecuada para que no se pierdan las ganas de soltar el libro. Gracias a esa pericia, la autora figura en la lista de los seis finalistas al International Booker Prize 2026.

Este galardón británico se concede a títulos de ficción en lengua extranjera traducidos al inglés en el año anterior. La traductora de Ana Paula Maia es Padma Viswanathan (Charco Press), y ambas se repartirían las 50.000 libras esterlinas a partes iguales en el caso de ganar el premio que se otorga el próximo 19 de mayo. En España, la novela se puede encontrar en las librerías desde hace algunas semanas con el título Así en la tierra como debajo de la tierra, traducida por Cristian De Nápoli. La editorial Eterna Cadencia la ha traído al país ahora, aunque en Argentina la incorporó a su catálogo el mismo año que se publicó originalmente, en 2017.

“Esta historia fue escrita entre 2015 y principios de 2016. Dediqué unos seis o siete meses a trabajar en ella”, explica Ana Paula Maia a elDiario.es. Es su sexto título y en este aparece Bronco Gil, un personaje que ya había transitado por otro libro anterior, De ganados y de hombres (2013). Desde entonces sintió la necesidad de contar su vida y lo hizo en la novela que ahora compite por el premio. Aunque más allá de las experiencias de Gil, el libro trata “sobre el exterminio que tuvo lugar en América”, matiza.

La autora declara que el proceso de escritura fue “intenso, sin duda”. Para elaborar este trabajo estudió acerca del sistema penitenciario, los barcos de esclavos que llegaban a América, las relaciones de poder y el papel del Estado en su país. “Soy concisa en mis palabras y en mi escritura. Pero esto refleja el sadismo y la escasez que rodean a estos personajes”, dice. Los presos del penal que describe la escritora llevan puesta una tobillera que explota si salen del recinto. Algo que solo ocurre si el director se lo permite, lo que no suele ser una buena noticia. En ese espacio hubo cientos de condenados, pero en el momento de la narración queda apenas una decena.

Sin embargo, nadie se preocupa de qué puede ser lo que ocurre, puesto que la ubicación de la cárcel no tiene tanto que ver con cuestiones logísticas sino ideológicas. “Allí había una plantación donde personas traídas de África eran esclavizadas día y noche en trabajos forzados, torturadas y asesinadas con gran crueldad”, desarrolla la escritora. Cuando la esclavitud se prohibió en Brasil en 1888 gracias a la Ley Áurea, el terreno sirvió de base para encerrar a criminales, pero el espíritu del pasado sangriento siguió impregnando su realidad.

Sin embargo, las condenas no consistían solo en la privación de libertad, sino que había otras formas de represalia menos ortodoxas, por decirlo de alguna manera. Las consecuencias de estas prácticas se escondían convenientemente por si a algún mando superior al alcaide le daba por pasar por allí. La historia de Así en la tierra como debajo de la tierra le sirve a la autora para reflexionar sobre la eficacia del punitivismo, un tema muy cuestionado en la actualidad. “Quien comete un crimen debe ser juzgado y castigado. Pero es común ver que el castigo se extralimita y revela nuestra peor cara. La pena debe existir, pero la masacre excesiva y maliciosa es para el deleite de los psicópatas”, mantiene.

Asimismo, se extrae que la reinserción en la sociedad después de la estancia entre rejas no va más allá del discurso. Una vez atraviesan la puerta del penal, los presos entran en el olvido de la sociedad: “Lo vemos a diario. Algunos merecen ser olvidados, pues son despreciables. Pero no la mayoría. Algunos anhelan una nueva oportunidad para hacer las cosas de manera diferente y son ignorados atrozmente”. De ahí que los pensamientos sobre qué sucederá tras el encarcelamiento sean, en ocasiones, trabas para los prisioneros. ¿Puede ser mejor la cárcel que una vida en libertad pero sin opciones de supervivencia digna?

Una voz propia

Todos los personajes de Así en la tierra como debajo de la tierra son varones, una particularidad habitual en las ficciones de la autora. No es la única que utiliza la voz masculina para narrar sus tramas, por supuesto, pero llama la atención. “Siempre he escrito sobre personajes masculinos. Es un hábito, una práctica que se ha vuelto muy natural”, comenta. Ponerse en la piel de un hombre le ayuda a tomar la distancia que necesita para erigir relatos sobre espacios conflictivos y cuyos ambientes son difíciles de soportar. “Mis personajes son problemáticos porque cualquiera que camina sobre este mundo carga con sus propios demonios”, argumenta. 

Ha pasado casi una década desde que la novela llegó a manos de los lectores por primera vez en su lengua original. Desde entonces, la realidad se ha puesto aún más patas arriba con guerras como la de Rusia contra Ucrania, la de EEUU contra Irán o el genocidio palestino en Gaza por parte de Israel. Por nombrar solo algunos de los sucesos que tienen lugar ahora mismo. A la pregunta de cómo considera que este libro encaja en la actualidad, Ana Paula Maia responde: “Creo que el mundo sigue siendo cruel y peligroso. Nada ha cambiado. Vivimos en una colonia penal; basta con mirar a nuestro alrededor”.

El International Booker Prize 2026

Esa visión, además de la calidad de su escritura, la ha colocado en la ‘lista corta’ del prestigioso International Booker Prize 2026. Es la única autora latinoamericana, porque Gabriela Cabezón Cámara figuraba en la ‘lista larga’ de preseleccionados con su novela Las niñas del naranjel, pero no consiguió pasar el filtro final. Sin embargo, Maia considera que la literatura latinoamericana, especialmente de autoras femeninas, vive un buen momento. “Es un movimiento en auge. Tenemos grandes escritoras, cada una más poderosa que la anterior. Es una literatura poderosa, desafiante y valiente”, afirma.

De hecho, de los doce finalistas del galardón (seis escritores y seis traductores) la mayoría son mujeres: cinco escritoras y cuatro traductoras. Los trabajos llegan de ocho países: Brasil, Bulgaria, Canadá, Francia, Alemania, Taiwán, Reino Unido y EEUU. “Si bien hay desgarro, brutalidad y aislamiento en estas historias, su impacto perdurable es revitalizador”, dice Natasha Brown, presidenta del jurado en esta edición. Ya solo con haber sido seleccionados para optar al premio, la obra de estos autores y autoras recibirá un impulso considerable: además de expandirse en el mercado anglosajón, que en la faja de los ejemplares aparezca “finalista del International Booker Prize 2026” es un imán para los posibles lectores.

Ana Paula Maia considera que tiene unos competidores “excelentes y talentosos”, aunque aún no ha leído sus libros. Lo hará cuando se traduzcan al portugués, algo que probablemente suceda pronto. De momento, está “muy feliz e impactada”. “Es un logro enorme estar entre los finalistas. Espero que ayude a abrir camino a otros escritores brasileños. Tenemos una literatura diversa”, concluye. 

Etiquetas
stats