Moreno pide el voto de la “concordia” para no depender de Vox: “Sabemos lo que ha pasado en otros sitios”
Juan Manuel Moreno ha cerrado en Málaga la campaña con la que busca volver a San Telmo, a ser posible sin el tutelaje de Vox, con una apelación a la movilización de última hora que le procure la mayoría “suficiente” o de estabilidad que conjure el “lío” que sería, dice, negociar con la ultraderecha. Ese objetivo está en juego por cuatro diputados en el aire, entre ellos uno por Málaga, que dependen de la participación, del sistema d’Hondt y de cuántos andaluces acudan a las urnas el domingo.
“Las cosas van a estar apretadas. Vamos a tener que esperar hasta el último cuarto, al último minuto y probablemente la última canasta. Al noventa y tanto por ciento del escrutinio”, ha avisado el Presidente en funciones y candidato a la reelección.
La alternativa es el caos, ha venido a decir, casi emulando aquella mítica viñeta de Hermano Lobo. “Nos jugamos gobierno o desgobierno, y ya sabemos lo que ha pasado en otros sitios, donde no se aprueban leyes; nos jugamos concordia o discordia; pasado o futuro”. La advertencia lanzada con gravedad contrasta con el tono vitalista de la campaña y la espléndida tarde que se quedó frente al paseo marítimo de Málaga.
Moreno ha pulido un perfil político de personaje amable, un yerno ideal, que saca a pasear con gusto. En ese relato de una Andalucía próspera que avanza de la mano de un émulo de Adolfo Suárez no hay cabida para nada que recuerde que hay un millón de andaluces en listas de espera en la Sanidad y miles que esperan meses las ayudas de la dependencia, el cierre de aulas o la carestía de vivienda asequible.
Esas grietas que revientan ya las costuras de los servicios públicos de titularidad autonómica son fruto de la exageración de una oposición amargada: “Algunos pretenden hacer una campaña subidos en una plataforma de mentiras. Han trasladado que somos unos grandes destructores, de los servicios públicos y la economía”, se queja Moreno. Un relato artificial, dice, que choca con “la hermosa realidad: los centros de salud, hospitales, colegios, institutos, centros de salud…”. Lo cierto es que los últimos trackings sugieren que el descontento con la situación de la sanidad ha calado hasta poner en riesgo la mayoría absoluta del PP.
Sí admite que siempre se puede mejorar, dice que entiende las “frustraciones”, “sabiendo que tenemos que esforzarnos más”, pero luego subraya que está en ello, comenzando una “nueva etapa de cambio”, aunque vaya a superar los ocho años que se marcó como límite. “Estamos sembrando, aunque a veces se tarda en recoger, siempre se recoge”, promete.
Una mayoría absoluta en riesgo
Moreno llega a la línea de meta tras una campaña donde no ha dejado palo por tocar ni suelo por pisar. Ha cantado, en compañía de otros o de la inteligencia artificial; saludado a una vaca por ser ella quien es (la nieta de otra vaca que, cree el Presidente andaluz, le trajo suerte. Ahora aspira a conocer a la bisnieta); concedido entrevistas a medios que hasta ahora evitó y a medios a los que acude cada día que tiene un hueco; mitineado a manos llenas, sin importar los kilómetros.
En el sprint final tocaba exprimir hasta la última gota, en busca del último escaño que evite el “lío”, la idea fuerza de una campaña en la que ha esquivado el cuerpo a cuerpo con Vox. Moreno intuye (o más que eso) que su flanco débil está a la izquierda, en un PSOE que busca sostener suelo, y no tanto en Vox, a quien podría tener que ofrecer las concesiones que su partido ya ha entregado en Aragón y Extremadura para mantenerse en San Telmo.
Las encuestas dan una mayoría absoluta en tenguerengue, dependiente de un puñado de votos bailante, y Moreno asegura que hay cuatro escaños en el alambre. Es difícil discernir cuánto hay de datos ciertos, y cuánto de relato agónico que despierte a los suyos, y aleje el exceso de una confianza que puede dar al traste con la placidez con la que ha gobernado durante la última legislatura.
En esa tesitura, no hay acto que sobre. El jueves visitas a una ganadería en el Valle de los Pedroches, charlas con un señor que perdió a un hijo que sufría piel de mariposa, dedicas un rato a jóvenes universitarios, y ofreces unas cuantas entrevistas, ahora en Canal Sur, luego RNE, también Cadena Ser, que no se diga. Este viernes, de Sevilla a Granada hasta llegar a Málaga, donde echas cinco minutos en estrechar un puñado de manos, y eso que ya cantaban su canción.
Tiene mucho que ver con el tópico de que cada voto cuenta, que tiene bastante de verdad. Cuatro de los últimos ocho diputados, los llamados restos, cayeron del lado del PP en 2022, tres de ellos por poco más de un millar de votos. Sin ellos, no hubiera habido mayoría absoluta.
Y Moreno cantó
La advertencia es un bajón en un mitin así. Lleva el PP la inercia positiva de quien se sabe ganador, y solo busca medir el tamaño de su victoria para que sea total. Lo otro, la victoria que le arroja en manos de Vox, ni se lo quieren plantear, como el propio Moreno reconoce.
Así que en el mitin final, mucho Kilometro Sur, cervecitas, chistes y concierto de versiones final que oponer al supuesto carácter refunfuñón que encuentran al otro lado. “Canta, canta”, le dicen cuando se pone delante del micro. Primero se contiene: “Ya llegará el día”. Pero luego se ve tan sobrado, la cosa está tan a huevo, que le da a la gente un poquito de lo que quiere: “Me desperté…”. Si hasta la presidenta provincial ha animado a pedir el tema en los bares…
El personaje le funciona tan bien que no tiene inconveniente en exponer cómo lo ha construido y hasta pasar viejas facturas. “En 2018 me decían que era un aburrido. Sí, sí”, dice, y la gente no se lo puede creer, con lo bien que cuenta este hombre los chascarrillos. “Decían: ”Es aburrido, insulso“”, vuelve a la carga, y el público alucina, pero si es que hasta canta. “Como dicen mis adversarios, ”un pan sin sal“”. El acabose.
La explicación a esta confusión, dice, es que él no grita, trae “la concordia, la seguridad, el progreso”. Y no es regañón. Pero eso no significa que sea soso. “Somos gente alegre, claro que cantamos. Cantamos y lloramos porque somos así”, dice. Ni siquiera necesita atizar demasiado a Montero para eso ya está Elías Bendodo, que subraya con saña los errores de la socialista en campaña y recupera el agravio con Cataluña.
“Somos constructores de esperanza, queremos sumar, no restar. Vamos a trabajar por la convivencia, por que no haya división entre andaluces. Nos gusta la concordia, llevarnos bien. No nos gustan que chillen a un lado o a otro”. La tranquilidad es lo que más se busca. “También los políticos estamos aquí para hacer un poquito más felices a los ciudadanos, sin insultarlos, sin regañarlos”. Y acaba pidiendo el voto con el argumento definitivo: “Somos buena gente y nos gusta la buena gente”. ¿Quién querría amargarle un domingo metiendo al primo gruñón en su casa? Pues eso.
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