Lluïsa Cunillé rebusca en las entrañas de las relaciones maternofiliales en 'Dinamarca', su estreno más esperado
Catalunya sigue rendida a los pies de su gran autora de teatro: Lluïsa Cunillé. El público y la profesión saben que tienen a una Pinter entre sus filas y la cuidan. Ahora llega un plato bien fuerte, una de las obras más esperadas de la autora escrita hace diez años, pero todavía no representada en Catalunya. Dinamarca se estrena esta semana con dirección de Albert Arribas y dos de los grandes actores del teatro catalán: Pere Arquillué e Imma Colomer. La historia: puro Cunillé.
La obra aterriza en uno de los espacios naturales de la autora, la Sala Beckett, donde Lluisa Cunillé comenzó andadura junto a Sanchis Sinisterra. Dinamarca cuenta la historia de la convivencia en un piso de dos personajes, madre e hijo. Allí viven encerrados, enquistados el uno en el otro, sin futuro, fuera del tiempo. Todo explotará cuando sean acosados por fantasmas del pasado.
“Lluïsa es una de las grandes que tenemos en este país. Y precisamente esta obra es Cunillé, Cunillé”, asegura Pere Arquillué a elDiario.es, “yo ya había hecho alguna otra como L'Emperadriu del Paral·lel, pero este montaje es un obrón, era una asignatura pendiente enfrentarme a su teatro en una obra como esta”, afirma con entusiasmo el actor.
Arquillué, uno de los grandes referentes del teatro catalán, afirma que además está muy contento al poder compartir escena con Imma Colomer: “Qué voy a decir, es una de las grandes, fundadora de Els Comediants, del Teatre Lliure, es una actriz con un pasado que pesa y se nota en escena”. “Es la dupla perfecta”, dice por su lado el director de la obra, Albert Arribas. “La potente presencia de Pere frente a la aparente fragilidad, pero llena de fuerza interna, de Colomer, es el juego de equilibrios le viene perfecto a la historia”, asevera.
La máscara y el actor
Albert Arribas es el director que en los últimos años mejor ha sabido leer la poética y la teatralidad de esta autora. Las tres veces que ha dirigido su teatro (El jardí, en 2021; El gos, en 2023 y Al contrari!, en 2024) ha sabido captar el mundo liminal y poético de Cunillé, así como la ironía y la capacidad de forzar los límites dramáticos presentes en su obra.
“Albert ha conseguido ponerle ojos nuevos y una respiración nueva al teatro de Cunillé”, afirma Arquillué. “Tiene una mirada muy personal, con referencias al teatro contemporáneo alemán, por ejemplo, que ha conseguido conectar con un tipo de público al que quizá la Cunillé le daba un poco de vértigo”, explica.
Arribas, además, llega a esta cita con una nominación a los Premio Max por el montaje de Opereta imaginària, una delicia imposible, tan gamberra como intelectual, que cuenta con un gran texto del francés Valère Novarina y fue uno de los éxitos de la temporada pasada. Confiesa que su acercamiento al teatro de Cunillé fue una manera de rencontrarse con el teatro de texto: “Llevaba años yendo hacia un teatro más experimental, performativo”, confiesa, “pero el día que Cunillé me ofreció dirigir una obra suya, se produjo un enganche que dura hasta hoy”, argumenta.
El director explica que el teatro de Cunillé y el de experimentación no están peleados, “su teatro puede parecer en un principio convencional, pero esconde una escritura muy sutil y radical que pervierte todos los mecanismos de lo que llamamos drama”, razona. Algo que en Dinamarca, según el Arribas, es muy claro: “Es el Hamlet de Lluïsa, los límites de la realidad y de la representación y, por lo tanto, de la fantasía y del deseo se borran y esto permite que te acerques a su escritura de una manera muy libre a nivel escénico, muy lúdica incluso”.
Arquillué desvela que en este montaje el director ha querido introducir un potente juego teatral basado en la máscara: “Ese juego convierte la obra en una tragicomedia que raya lo esperpéntico, un esperpento con unas gotas de Kafka. Más que unas gotas un buen trago”, explica.
“El teatro de Cunillé es muy delicado”, confiesa el actor, “es un teatro de lo invisible que tienes que conseguir hacer palpable, algo para lo que necesitas mucha finura y sutilidad. Con Albert esa necesidad de tener que afinar mucho se junta con ese juego teatral que además ha de parecer fácil. La combinación es todo un reto”, concluye.
Al conversar sobre este nuevo modo de trabajar el teatro de esta autora, Arquillué espeta que “Cunillé también ha cambiado, no es lo mismo la Lluïsa del 95 que la de ahora”. Al preguntarle qué ha cambiado, el actor dice no querer meterse en camisa de once varas, “pero valga una anécdota”, apunta: “Cuando leí la obra conté 165 pausas, de las cuales 25 eran pausas largas. En este montaje casi no hacemos pausas. Y esto no es solo del director, la autora ha venido a muchos ensayos y está muy de acuerdo, le gusta que no respetemos sus pausas”.
Shakespeare es una de las sombras que sobrevuelan este montaje donde los dos personajes van dinamitando todo su entorno para ver si encuentran un sentido a su relación y su existencia, “incluso está bien presente el suicidio como en Hamlet”, apunta Arribas. “Cunillé afronta con radicalidad el tema del suicidio, asumiéndolo en su vertiente política y también en contraposición con la esperanza de encontrar una pulsión de vida, ahí la autora consigue que afloren con mucha fuerza las cuestiones esenciales del ser humano”, sostiene.
Pero la sombra del inglés no está tan solo presente en la escritura, “sino también en los mecanismos de la teatralidad. Incluso el tratamiento del espacio, que es vital en esta obra; es muy shakesperiano. Aunque la situación comience en el interior de un piso, la obra va virando hacia el exterior”, explica Arribas, que ha trabajado con Silvia Delagneau la escenografía.
“Silvia no es una escenógrafa, es una dramaturga del espacio. Y no solo porque tenga una capacidad plástica, sino porque comprende en profundidad las obras y hace que el espacio ponga de manifiesto las tensiones del texto y acompañe a los personajes en su evolución a través de la obra”, comenta Arribas sobre esta escenógrafa y vestuarista que el año pasado ganó el Premio Max con Afanador y que está detrás de trabajos fundamentales de los últimos años como Personas, lugares y cosas, Travy, Gula o La muerte o la primavera, entre otros muchos.
Llega, en definitiva, una de las obras más esperadas de la temporada. En junio, Cunillé estrenará un nuevo montaje dirigido por Carlota Subirós, La Ruta, en el Festival Grec. Cunillé encarna una de las apuestas más personales e intransferibles de nuestra escena. Su teatro, tan liminal como ético, tan cotidiano como evocador en sus silencios y subtextos, abre al espectador un espacio fuera del tiempo donde poder mirarse. Lejos quedan montajes como L'aniversari (1999) o Barcelona, mapa d'ombres (2004). Pero lo bueno es que una de las historias más retadoras y asombrosas de nuestro teatro sigue bien viva y presente.
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