Vive rodeado de ricos, viene de Wall Street y lo ha elegido Trump: quién es Kevin Warsh, el nuevo presidente de la Fed
¿Podrá Kevin Warsh (Nueva York, 1970) aguantar la presión de Donald Trump para bajar los tipos de interés? De momento, lo que se sabe del nuevo presidente de la Reserva Federal, confirmado este miércoles por el Senado de EEUU, es que fue incapaz de desmarcarse de una de las mayores teorías falsas del presidente de EEUU: que Joe Biden le arrebató la Casa Blanca en 2020 gracias a que las elecciones fueron robadas.
“¿Perdió Donald Trump las elecciones de 2020?”, le preguntó la senadora demócrata Elizabeth Warren hace un mes en el Capitolio. Y Warsh respondió sin contestar: “Intentaremos mantener la política, si me confirman, fuera de la Reserva Federal”.
“Solo estoy haciendo una pregunta objetiva. Necesito saberlo. Necesito evaluar su independencia y su valentía”, insistió Warren.
“Creo que este organismo certificó esas elecciones hace muchos años”, replicó Warsh de nuevo sin contestar, ante lo que terció Warren: “Esa no es la pregunta que estoy haciendo. Lo que pregunto es: ¿perdió Donald Trump en 2020? Y le sugiero que respalde esas elecciones”.
A partir de ese día, Warsh fue bautizado por los representantes demócratas como “marioneta” de Trump, por su incapacidad para decir en público que no hubo pucherazo en las elecciones de 2020. Y ese detalle es un aviso relevante sobre su incapacidad para hacer frente a la Casa Blanca.
Pero no es el único aviso. Warsh, que en su día fue partidario del libre comercio, ha defendido los aranceles de Trump en los últimos meses, argumentando en entrevistas televisivas que es poco probable que provoquen inflación. En paralelo, se ha alineado con los llamamientos de Trump a bajar los tipos de interés.
“El presidente tiene razón al sentirse frustrado con Jay Powell y la Reserva Federal”, dijo Warsh en una entrevista en Fox News durante el verano. Warsh, además, ha respaldado algunas de las críticas de la Administración Trump al banco central, entre ellas que el tamaño de la Fed y el alcance de su labor han sobrepasado el mandato del Congreso.
Así, Warsh no se atreve desautorizar a quien le debe un puesto que ha ambicionado desde que se convirtió en el miembro más joven de pertenecer a la junta de gobernadores de la Reserva Federal, con 35 años. Era 2006, le colocó allí George W. Bush y quedaban un par de años para que se produjera la gran crisis mundial de deuda que se llevó por delante muchas empresas, economías y conquistas sociales.
En ese contexto de crisis económica global, Warsh no acabó su mandato y dejó la silla de la Fed en 2011 con críticas hacia políticas monetarias como la compra de bonos para aliviar la deuda pública, marcando un claro perfil de halcón reacio al intervencionismo de lo público en la economía. Por eso, hay quien piensa que no casa tanto con Warsh bajar tipos y menos al ritmo que reclama el presidente de EEUU, en tanto que históricamente le ha importado más controlar la inflación, que ahora está en máximos desde 2023, en el 3,8%.
En efecto, Warsh defendió de que las compras de activos a gran escala y fijar tipos de interés cerca de cero pueden, a su juicio, distorsionar los mercados y socavar la estabilidad de precios a largo plazo. Warsh acabó oponiéndose a la segunda ronda de compra de bonos de la Reserva Federal, un programa conocido como quantitative easing –flexibilización cuantitativa–.
Pero Warsh sabe que en una entrevista en la CNBC se le preguntó a Trump si se sentiría decepcionado si Warsh no bajara los tipos de interés de inmediato y el presidente de EEUU respondió: “Sí”. Pronto saldrán de dudas los estadounidenses y la Administración Trump: Warsh tomará posesión este viernes y la primera reunión de política monetaria bajo su presidencia se producirá en un mes, el 16 y 17 de junio próximos.
Trump ha sido capaz de insultar un día sí y otro también a Jerome Powell para que la Fed bajara los tipos, a pesar del cúmulo de incertidumbres económicas provocadas por el propio presidente de EEUU con sus guerras arancelarias y los bombardeos sobre Irán lanzados el 28 de febrero –con el consiguiente bloqueo del estrecho de Ormuz–. Y a pesar, también, de que la inflación siempre se ha situado por encima del objetivo del 2% desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, y de que el empleo no ha dado síntomas de robustez –está en el 4,3%–, si bien el crecimiento del PIB se ha mantenido a buen ritmo en 2025 –2,1%–, impulsado por las empresas de Inteligencia Artificial.
Y con todos estos elementos tendrá que lidiar Warsh, de 55 años, quien se crio en el norte del estado de Nueva York, donde cursó sus estudios secundarios en un instituto público antes de licenciarse en Políticas Públicas en la Universidad de Stanford, donde se graduó en 1992. Después, Warsh se licenció en Derecho en la Universidad de Harvard.
Tras siete años como banquero en Wall Street en Morgan Stanley, Warsh se unió al círculo íntimo de asesores de política económica de George W. Bush en 2002. Ese mismo año, se casó con Jane Lauder, ejecutiva de Estée Lauder y heredera de una de las familias más ricas de Estados Unidos. El suegro de Warsh, Ronald Lauder, es un importante donante republicano, recuerda WSJ.
En 2006, Bush nombró a Warsh para formar parte de la Reserva Federal como gobernador, convirtiéndose en la persona más joven en incorporarse a la Fed en la historia del banco central. Una vez dejó la junta directiva de la Reserva Federal, Warsh ha ejercido como profesor en el think tank conservador Hoover Institution, de la Escuela de Negocios de Stanford, y como asesor del inversor multimillonario Stanley Druckenmiller, además de formar parte del consejo de administración de UPS.
Poco después de que Donald Trump ganara las elecciones presidenciales de 2016, Warsh fue incluido en un grupo externo de líderes empresariales convocado para asesorar a la Casa Blanca. En aquel entonces, Trump pudo haber nombrado a Warsh presidente de la Fed, pero se inclinó por Jerome Powell, a quien ahora odia de forma furibunda. Diez años después, Trump ha elegido a Warsh. El tiempo dirá si en el nuevo presidente de la Fed pesa más la lealtad a la institución o a quien le ha nombrado después de una campaña de acoso y derribo durante meses contra su predecesor, Jerome Powell.
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