Un temporero marroquí espera su expulsión tras ser detenido mientras iba a su cita para pedir la regularización
Cuando un control policial paró el coche en el que viajaba, Mounir Meziat estaba a punto de pedir formalmente la regularización. El joven marroquí salió desde Altea (Alicante) para recoger a su primo y, juntos, ir al despacho de su abogada para registrar su solicitud. Tenía una cita confirmada y todos los documentos guardados en una carpeta, pero acabó encerrado en el Centro de Internamiento para Extranjeros (CIE) de Valencia por orden del juzgado de instancia número 4 de Benidorm, que aprobó su internamiento sin comprobar su arraigo en el país, una mala práctica recurrente denunciada por los expertos en inmigración. Allí espera su expulsión, prevista inicialmente para este jueves pero aplazada in extremis para el 21 de mayo, pese a que su defensa ya ha presentado en estos días su solicitud de regularización.
“No es justo. Estoy muy nervioso. Estaba a casi a cinco minutos de presentar mis papeles y me encierran para expulsarme”, explica Mounir por teléfono desde el centro de internamiento, donde son encerrados migrantes sin papeles para proceder a su expulsión. Desde el exterior, Yassim, su primo, dice seguir impactado por lo sucedido: “¿Cómo pueden llevárselo a él en ese momento? Tiene el expediente limpio, no tiene antecedentes, solo trabaja y estábamos a punto de llegar al despacho de mi abogada, donde teníamos la cita”, afirma el familiar.
El chico marroquí, temporero especialmente de la campaña de la naranja, fue enviado al CIE por orden judicial ante su supuesta falta de arraigo en el país, pese a llevar más de dos años en el país, estar empadronado en Altea y haber trabajado con contrato durante meses en un restaurante del pueblo alicantino mientras tenía papeles durante la tramitación de una petición de asilo. Tras perder su permiso de residencia, empezó a trabajar en el campo, por lo que se desplazaba por temporadas a la comarca de la Vega Baja del Segura, donde solía encontrar fincas donde necesitaban su mano de obra, especialmente en la campaña de la naranja.
El joven cumple con las condiciones de la regularización. Este medio ha revisado toda la documentación presentada por su abogado en la Oficina de Extranjería de Alicante, que confirma la carencia de antecedentes penales en su país, su vinculación laboral pasada y distintas pruebas que acreditan haber residido en España durante el tiempo exigido. “Tenía toda la documentación preparada e iba a entregarla para registrarla. Hasta el pago de la tasa”, dice Álvaro Vico, el abogado que trata de sacarle del CIE, quien finalmente se encargó de registrar su petición de regularización dos días después del internamiento de su cliente, que ha presentado un recurso al jugado que autorizó su encierro apelando al arraigo de su cliente. La Plataforma CIEs No Valencia ha pedido también la liberación del joven. “Otro joven que cumple los requisitos para regularizarse ha sido internado en el CIE de Zapadores y se le ha notificado que mañana será deportado a Marruecos”, denunció el colectivo.
El marroquí fue detenido el pasado 7 de mayo a las 12:45 por la Policía Nacional, según consta en el auto de internamiento al que ha tenido acceso elDiario.es. La magistrada del juzgado de instancia número 4 de Benidorm, Ana Isabel García-Galbis, autorizó su encierro argumentando la “falta de domicilio conocido”. De la “declaración obrante en autos”, sostiene la jueza, “no se desprende la existencia de elementos que haga pensar que no vaya a evadir la acción de la autoridad gubernamentativa frustrando el expediente de expulsión, porque no le consta trabajo ni domicilio conocido”.
Mounir Meziat está empadronado en Altea (Alicante) desde mayo de 2025, según consta en la documentación a la que ha accedido este medio. Hace solo dos semanas, cuenta su abogado, el joven se había mudado a la casa de su primo en Benidorm. “Creemos que, cuando la jueza le preguntó por su domicilio, como se acababa de mudar no supo decirlo”, explica el letrado, quien empezó a defender su caso después de la orden de internamiento.
Esta semana, Meziat recibió la notificación oficial de su expulsión prevista inicialmente para este jueves. Para ganar más tiempo y defender su arraigo en el país, el marroquí pidió asilo en el CIE como estrategia jurídica, dado que su solicitud será previsiblemente rechazada, ya que cuenta con un proceso anterior que resultó denegado. Tras recibir una queja por parte de Vico, el Defensor del Pueblo ha pedido información sobre el caso a la Comisaría General de Extranjería y Fronteras, por lo que esta gestión también ha podido influir en el aplazamiento del retorno para la semana que viene, según el letrado.
Según el Ministerio del Interior, tras haber recibido el aviso por parte del Defensor del Pueblo, el departamento dirigido por Fernando Grande-Marlaska ha solicitado información al Ministerio de Migraciones sobre la situación administrativa de Mounir Meziat y, por el momento, espera una respuesta.
El marroquí llegó a Ceuta a nado en agosto de 2024, donde solicitó asilo. Después de que su petición fuera admitida a trámite, el joven obtuvo el permiso de residencia temporal habitual durante la tramitación del procedimiento, explica el hombre. Con ese permiso, encontró un trabajo como ayudante de cocina en un restaurante de Altea, donde vivía con su primo, en marzo de 2025. “Allí trabajamos los dos, hasta que su documentación iba a caducar y le tuvieron que despedir”, explica su primo Yassim, preocupado por su familiar. Entre los papeles presentados para acogerse a la regularización extraordinaria, también está la carta de despido emitida por su antigua compañía, documento que confirma que el joven perdió su trabajo un día antes de la vigencia de su permiso provisional como solicitante de protección internacional, que no pudo renovar. En el escrito, los responsables explican su obligación “sobrevenida” de interrumpir su contrato por “la imposibilidad legal” de que Mounir continuase en su puesto debido a que iba a carecer “de autorización legal” y no había presentado hasta entonces un documento que acreditase su renovación.
El 17 de junio fue el último día que acudió al restaurante alemán en el que, durante cuatro meses, ayudó a cocinar las pizzas que pedían algunos de los miles de turistas que cada año recibe el pueblo alicantino. El día siguiente, su permiso de residencia caducó y Mounir se quedó en situación irregular. Desde entonces ha trabajado en empleos puntuales, especialmente en el campo. En las temporadas de mayor demanda de mano de obra agrícola, el joven suele mudarse temporalmente a la zona agrícola de Almoradí, en la provincia de Alicante, donde ha trabajado en las campañas de la naranja. En esos días, se junta con otros compañeros temporeros y pernocta en la zona, algo común en el personal agrícola temporal, especialmente en situación irregular. “Dos días antes de su detención, terminó su trabajo en Almoradí, para renatar los trámites para la regularización en Altea y presentarla”, dice su primo.
“Él vive en Altea, pero sabes que si estás irregular, tienes que comer. Él iba a Almoradí o a otras zonas para intentar trabajar, se apañaba con sus amigos para dormir, para trabajar y sobrevivir. Y si no consigue trabajo, volvía a Altea”, detalla su primo. El día de la detención, un amigo le estaba llevando en coche a Benidorm, donde se encontraba su primo, para recogerle y, juntos, ir a la cita con la abogada, ya que le estaba ayudando en el proceso de regularización. “Cuando salía de Altea, me llamó, diciendo que le iban a detener”, explica Yassim.
Con la intención de revocar la orden de internamiento, el letrado Álvaro Vico ha registrado un recurso de reforma ante el juzgado de instrucción número 4 de Beniform el internamiento cautelar de Mounir “sobre la base de una supuesta situación de riesgo de incomparecencia y frustración de la expulsión”. El abogado recuerda que, mientras que la magistrada indica que “no le consta trabajo ni domicilio conocido” dicha afirmación “resulta manifiestamente incompleta y contradicha por la documentación obrante”. Para acreditar su afirmación, Vico ha adjuntado los documentos de empadronamiento, la asignación del número de la Seguridad Social, su contrato de trabajo extinto, copia de la tarjeta sanitaria y el certificado que demuestra la inexistencia de antecedentes penales en su país.
“Debe recordarse que esta parte ha aportado abundante documentación acreditativa de arraigo social, laboral, sanitario y administrativo en España, así como acreditación de la reciente formalización de solicitud de regularización extraordinaria, concurriendo circunstancias plenamente incompatibles con una ejecución automática e inmediata de la expulsión”, indica un escrito enviado por el abogado al juzgado este mismo miércoles, tras el susto de la notificación de retorno que finalmente fue pospuesta.
El caso de Mounir Meziat, como tantos otros, refleja una sucesión de varios abusos y errores del sistema en cadena, desde la dificultad para realizar ciertos trámites, como su detención policial, una asistencia jurídica deficitaria y el “automatismo” de muchos jueces de instrucción a la hora de decretar los internamientos en los CIE, según analiza Jesús Mancilla, abogado de Algeciras Acoge, en declaraciones recientes a elDiario.es. Este medio ha publicado los casos de Omar y Oussmane, dos jóvenes marroquíes con arraigo que fueron ingresados en un CIE a las puertas del proceso de regularización, cuando cumplían con los requisitos. Tras su publicación, ambos fueron finalmente liberados, pero los expertos se preguntan qué pasará con todos aquellos que no hayan tenido acceso a la prensa o a una ONG que denuncie su caso.
En 2024, un informe de Amnistía Internacional cuestionó el “automatismo por parte de los jueces” al decretar el internamiento en un CIE. Según concluyó la ONG, “el juez o jueza de instrucción, así como la fiscalía, tienden a seguir casi en exclusiva el criterio policial en vez de realizar una valoración propia a la luz de todas las circunstancias”. En la mayoría de los juzgados “se tira de modelo de auto de internamiento, sin analizar más allá los requisitos legales, el caso por caso”, concluyó la investigación. La organización también denunció “la falta de representación letrada adecuada y de calidad que permita a las personas privadas libertad una tutela judicial efectiva que visibilice aquellas circunstancias o situaciones de vulnerabilidad que pueden ser clave para oponerse a una medida de internamiento”.
4