Los saharauis que trabajaron en la principal empresa de fosfatos española exigen una indemnización: “Nos lo deben”
Una tarjeta plastificada asoma entre los documentos que Abdeluadud Mohamed conserva desde hace más de 50 años. En la fotografía, un hombre atractivo, de 23 años y cabello oscuro, posa con sonrisa ladeada. Parece orgulloso de haber conseguido un empleo en la mayor empresa española en el Sáhara Occidental, la mina de fosfatos de Fosbucraa. Su gesto transmite el brío de quien da los primeros pasos en una carrera bien encaminada: un empleo en nómina, derecho a la Seguridad Social, un buen sueldo como peón de mecánica y condiciones regidas por la normativa de España en la que era su provincia número 53.
Medio siglo después de utilizar esa tarjeta para entrar en la mina, Abdeluadud, sentado en una jaima levantada sobre el desierto argelino, le cuesta reconocerse en el joven que fue, pero lo reivindica. “No siempre fui así, no siempre tuve este aspecto, ni esta vida. Tenía bastante dinero, vivía desahogado, vestía bien, trabajaba en la mejor empresa que podía trabajar”, describe el mismo hombre de la imagen, de pelo canoso, rostro ajado y unas gafas que ocultan el ojo perdido por el impacto de una mina antipersona. A sus 73 años, tras una espera interminable en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, el hombre ve en esa fotografía una vida arrebatada por la ocupación marroquí, pero también el abandono de los trabajadores saharauis, cuando la abrupta retirada de la empresa pública española les dejó atrás sin indemnización ni reconocimiento de sus derechos laborales.
En su caso, el abandono de la que era —y sigue siendo a ojos de la ONU— la potencia administradora del Sáhara Occidental va más allá de la cesión ilegal del territorio a Marruecos. Para quienes trabajaban para empresas españolas, la salida supuso también la vulneración de sus derechos laborales, quienes en su mayoría, pese a estar contratados y amparados bajo la normativa española, no recibieron indemnización alguna ni han recibido pensión en caso de corresponderles. Uno de los colectivos más afectados por esta situación son los saharauis empleados por Fosbucraa, la empresa dedicada a la explotación a cielo abierto de fosfatos en la mina de Bucraa (Sáhara Occidental).
La compañía, fundada en 1962, fue impulsada por el Instituto Nacional de Industria durante el franquismo. Durante sus primeros años, los trabajos se centraron en la investigación de los yacimientos de fosfatos, descubiertos por un geólogo toledano, y la construcción de la infraestructura, que incluía una cinta transportadora de más de 100 kilómetros de largo, la más larga del mundo, para desplazar miles de toneladas de roca fosfórica por hora hasta el puerto de El Aaiún, donde finalizaba la cinta con un cargadero que se internaba tres kilómetros en el mar para su exportación. A partir de 1972 inició su explotación, que se mantuvo bajo control español hasta 1976, que pasó a manos de Marruecos a través de una sociedad estatal.
La tarjeta de identificación laboral de Adeluadud demuestra junto a otros documentos su vinculación laboral con la empresa. Entre los papeles que guarda está un documento oficial, sellado por el ayuntamiento de El Aaiún, que certifica su residencia en la ciudad; una tarjeta de asistencia sanitaria; y una de las nóminas recibidas por la compañía minera, un largo y estrecho papel amarillo, escrito íntegramente en español. Las cantidades son recogidas en la moneda vigente hasta 1976 en el Sáhara Occidental: las pesetas y todo está escrito en castellano, el idioma oficial de entonces. Con toda esa documentación, el saharaui intenta desde hace décadas reclamar su derecho a una compensación económica como trabajador de la empresa.
Su lucha es compartida con los cerca de 2.000 trabajadores saharauis de Fosbucraa que, según calculó Comisiones Obreras y UGT, trabajaron para empresas españolas antes de la ocupación marroquí. Tras un trabajo de casi una década, ambos sindicatos españoles y la organización saharaui UGTsario, alcanzaron en 2011 un acuerdo con el Gobierno español para indemnizarles. Durante los últimos meses de mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, su Ejecutivo aprobó una reforma de la Ley de Seguridad Social que incluía un primer paso para cumplir su compromiso.
Una ley incumplida
“El Gobierno, en el plazo de dos meses, presentará a la Comisión de Trabajo e Inmigración un informe que recoja una relación de las personas saharauis que trabajaban en empresas españolas el 26 de febrero de 1976, momento en el que España se retiró del Sáhara Occidental. Aparte de las personas trabajadoras afectadas, este informe incluirá el coste, su fórmula de articulación y los plazos”, indica la norma publicada en el BOE en agosto de 2011. El plazo de dos meses expiró, como también han transcurrido casi 15 años sin que ni siquiera se hayan empezado los trámites oficiales para reparar a estos trabajadores. Aunque muchos habrán fallecido sin ver su derecho reconocido, otros, repartidos entre los territorios ocupados y los liberados, continúan reclamando lo que consideran suyo.
Los turnos en la empresa consistían en tres días trabajados y cuatro de descanso. El 6 de noviembre de 1975, Abdeluadud Mohamed disfrutaba de las jornadas de libranza en su ciudad, El Aaiún, cuando Marruecos inició la invasión de la entonces colonia española a través de la llamada ‘Marcha Verde’. Ningún superior se puso en contacto con él, nadie le advirtió del proceder de la empresa a partir de entonces. “Simplemente, se fueron”, explica el saharaui. El joven, temeroso de posibles represalias marroquíes, huyó a Argelia, donde los refugiados levantaron varios campamentos temporales que permanecen 50 años después, donde Abdeluadud vive desde entonces a la espera de la convocatoria del referéndum de autodeterminación exigido por la ONU.
“Estoy muy enfadado con lo que hicieron los españoles. Ni siquiera nos han dado una indemnización a los trabajadores de Fosbucraa. No nos han reconocido nada”, dice el hombre, resguardado del sol bajo una jaima desplegada en el campamento de Auserd, durante la celebración del Festival de Cine del Sáhara Occidental (FiSáhara). Él vive en otro campamento, a media hora de distancia, y se ha desplazado hasta aquí, con su carpeta de documentos, para explicar su situación a elDiario.es y tratar de abrir una puerta al reconocimiento de su derecho.
“Ellos son los que se han ido. No nosotros. Yo tenía un contrato, estaba en nómina y nunca firmé un despido ni la cancelación del contrato. ¿Dónde están las leyes españolas de las que hablan? ¿Dónde está la humanidad?”, se queja el señor, quien en los últimos años dice tener aún mayor necesidad de recibir la compensación económica que considera suya: “Somos muchos los que reclamamos nuestros derechos. Hay que conseguirlo. Sobre todo a esta edad, que lo necesitamos”.
Cuando este medio pregunta al mecánico saharaui si ha intentado solicitar este derecho por alguna vía formal, Adeluadud responde con otra pregunta, que atina de lleno en el diagnóstico del bloqueo de su situación: “¿Cuál es la puerta abierta para solicitarlo?”, se pregunta el anciano, con la misma sonrisa ladeada que lucía en los 70, pero más envejecida.
“Es cierto”, confirma Alejandra Ortega Fuentes, responsable para países árabes, África y Asia de CCOO, quien lleva décadas pidiendo a las distintas autoridades españolas el reconocimiento de sus derechos laborales. “A día de hoy, no existe ninguna puerta para solicitarlo. Eso es lo que falta: el informe y la creación del procedimiento. Y así llevamos más de diez años”, indica.
La batalla sindical que quedó bloqueada
En los años de batalla sindical, actualmente con bajo fuelle, el objetivo inicial era lograr la concesión de una pensión para los extrabajadores saharauis de Fosbucraa que alcanzasen la jubilación. “A partir del año 2003, y de manera sistematizada, se enviaron las documentaciones que demostraban y avalaban la pérdida de estos derechos. Se logró enviar más de 3.000 expedientes. Una vez informatizados los archivos de la Seguridad Social se empezaron a recibir contestaciones que concluían, en la mayoría de los casos, que los trabajadores no habían trabajado suficiente tiempo como para generar derecho a obtener una pensión”, recoge CCOO en un informe publicado en 2016.
Después de intentar sin éxito obtener “una concesión de una pensión mínima no contributiva a los trabajadores saharauis” que demostraran la relación laboral que tuvieron con empresas españolas en el Sáhara. Las negativas y complicaciones burocráticas con las que se chocaron Zapatero, empujó a los sindicatos plantear una vía de compensación de mínimos: la obtención de una indemnización única. Para ello, sostiene CCOO, no hacía falta una ley, pero sí “realizar un informe que pudiera avalar el cálculo de estas posibles indemnizaciones”. Esta es la opción que acabó aceptando el Gobierno, como quedó reflejado en una disposición adicional de la Ley de Seguridad Social, aprobada en el BOE en 2011.
elDiario.es ha preguntado al Ministerio de Seguridad Social y al de Trabajo sobre cuál es la razón de no haber actuado sobre este asunto pendiente hasta el momento y si han recibido las peticiones de los sindicatos al respecto, pero por el momento no ha recibido respuesta, aunque aseguran que lo estudiarán y contestarán próximamente.
“Han pasado más de 10 años y no se ha avanzado nada desde entonces”, dice a elDiario.es Ortega Fuentes. “El Gobierno de España no ha realizado todavía un informe que debía haberse presentado en dos meses a partir de la fecha de publicación en el BOE”, indica la sindicalista, que asegura que durante este tiempo se han enviado cartas a los distintos equipos de gobierno sin haber recibido una respuesta por escrito. “En algunas ocasiones se han alegado dificultades técnicas, y en otras, sin alegar nada”, recogía ya su informe de 2016. Diez años después de la publicación del documento, el sindicato confirma con cierta vergüenza que el texto apenas requiere de actualización: “Todo está bloqueado”.
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