Arranca el Fisahara, un festival con “calor humano” para denunciar el olvido de la ocupación del Sáhara
El avión está a punto de despegar, pero un asiento está ocupado y no debería. Alguien se acerca a la persona que lo ocupa para indicarle que parece que está sentado donde me corresponde. Su respuesta recuerda el lugar al que nos dirigimos: “Da igual. Puede ser que ese sea tu sitio, pero aquí da igual”, responde Aziz con amabilidad, a sabiendas de que, subidos en ese vuelo chárter, ya se empieza a respirar la calma y la irreverencia de quienes llevan 50 años esperando. Ya empezamos a estar un poco en los campamentos de refugiados saharauis, donde este martes ha empezado el Festival de Cine del Sáhara Occidental (Fisahara).
En ese avión donde empezaba a “dar igual” viajaba un centenar de personas, entre organizadores, artistas, técnicos y periodistas, para montar un cine en medio del desierto argelino donde hace medio siglo huyeron cientos de miles de refugiados saharauis tras la ocupación marroquí de su pais. A veces, ni los promotores del Fisahara saben cómo logran sacar adelante cada edición, pero las palabras de Aziz pueden señalar claves sobre cómo acaba siendo posible.
Si sale adelante es porque saben que cada problema de los muchos que surgen acaban “dando igual”, porque hay algo mucho más importante que supera cualquier puntualidad, programa o perfección técnica. Aquí el cine sirve de canal y excusa para lo importante: poner el foco en el Sáhara Occidental y las consecuencias de la ocupación marroquí, mientras las actividades, películas o talleres entretienen y nutren a una población que vive hastiada de esperar por un referéndum de autodeterminación acordado por la ONU en 1991. Lejos de haberse celebrado, las presiones marroquíes y los últimos movimientos de EEUU parecen alejar el objetivo.
“Cada festival es recibido como un impulso de calor humano”, describió la gobernadora del campamento de refugiados de Auserd, uno de los que componen la totalidad de los asentamientos en una región de Tindouf, cedida por Argelia, histórico enemigo de Marruecos, al Frente Polisario. “Con cada inyección de moral que hacéis en cada visita nos decís que no estamos solos. Nos decís que ”nos desmarcamos de esta política injusta con los saharauis“, ha dicho para definir la forma en que, a su juicio, los saharauis reciben cada edición.
“Y este festival eso. Más que festival es una actitud solidaria y humana, que nos da inyección para salir adelante”, ha añadido.
El tiempo pasa, son ya 50 años de exilio, y son ya varias generaciones completas que nunca han pisado el suelo al que anhelan regresar. Fati camina con su madre por la explanada dedicada al Festival. Cuenta que el ambiente en este punto, próximo a algunos de los comercios existentes en este campo de refugiados, contrasta con lo que observamos a nuestro alrededor. La calma y tranquilidad suelen reinar, frente al ambiente animado de los días de Festival. “Nos gusta venir, conocer gente de distintos lugares, y ojalá ayude a no estar tan olvidados”, dice la joven, de 28 años. Otra veinteañera saharaui, en un perfecto español, explica que le gusta aprender de todas las actividades programadas durante los siguientes días.
Entre ellas, además de las decenas de películas, destaca el concierto del violinista Ara Malikian, que se encuentra entre los artistas que han viajado a los campamentos durante esta edición. Entre los invitados también se encuentran la actriz Patricia López Arnaiz y el director Fernando León de Aranoa.
“El único festival con vocación de desaparecer”
Quizá si los detalles técnicos “dan igual” estamos ante un festival que no busca existir para siempre. Durante décadas, cualquier mejora de las condiciones de vida en los campamentos, como cambiar el adobe por cemento o la llegada del wifi o la electricidad, generaba entre algunos cierto recelo de que pudiese simbolizar la permanencia en un lugar que quieren abandonar. “Es el único festival con vocación de desaparecer”, dijo el delegado del Frente Polisario en España, en una charla informativa. “Es un festival hecho para luchar por la independencia del pueblo saharaui”, indicó.
“Por eso, cuando desaparezca, estaremos hablando de un Sáhara libre e independiente”, dijo el representante político, quien aprovechó la oportunidad para señalar los últimos golpes recibidos por el pueblo saharaui por parte del Gobierno de Pedro Sánchez. “Mientras vemos un alegato del cumplimiento del derecho internacional, también asistimos a una hipocresía política. Esos mismos derechos que defienden no lo cumplen con el pueblo saharaui”, ha dicho.
Todo está preparado para la inauguración del Festival, pero esta semana produce con horas de retraso de la hora programada. No pasa nada, porque estamos en un campamento de refugiados, y quienes vienen aquí lo saben: además de los participantes y periodistas, son voluntarios de ONG, activistas prosaharauis, familia que han tenido niños saharauis acogidos en sus casas. También acude el presidente de la República Árabe Saharaui, Brahim Gali, a las jaimas desplegadas en el centro del espacio, que representan la vida nómada de muchos saharauis en la zona liberada del Sáhara Occidental.
Las películas tampoco empezaron ni acabaron a la hora pactada. Pero “da igual” porque el proyector se encendió y, hasta la madrugada, decenas de refugiados saharauis se sentaron frente a un camión convertido en pantalla sin mirar el reloj. Varias artistas conectarán con la causa saharaui durante la próxima semana. Y, durante, unos días, se hablará un poco más del Sáhara Occidental.
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