Por qué una maratón tiene 42 kilómetros y 195 metros: este es el origen de la carrera

Sabastian Sawe gana el Maratón de Londres con un récord mundial y el primer tiempo por debajo de las dos horas

Laura Cuesta

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Todo el mundo habla de Sabastian Sawe. El atleta de 31 años se ha convertido en el primer hombre de la historia en bajar de las dos horas en una maratón. El récord lo consiguió en la carrera disputada el pasado domingo 26 de abril en Londres, donde consiguió un tiempo récord de 1 hora, 59 minutos y 30 segundos. Esto fue lo que tardó el de Kenia en correr una distancia total de 42.195 metros.

Hoy cualquiera que esté familiarizado con el mundo del atletismo sabe que la maratón es una prueba de resistencia extrema en la que los corredores deben recorrer una distancia oficial de 42 kilómetros y 195 metros. Sin embargo, son pocos los que conocen que esa cifra, estandarizada ahora en todo el mundo, no siempre fue la misma y que su origen se remonta a la Antigua Grecia.

Cuenta la leyenda que un soldado llamado Filípides recorrió a pie los 40 kilómetros que separan la ciudad de Maratón y Atenas para anunciar la victoria griega sobre los persas en el año 490 a.C. Al llegar, el mensajero compartió la noticia justo antes de caer exhausto y, acto seguido, morir. Aunque la exactitud de esta historia sigue siendo un debate para los historiadores, el relato sirvió de inspiración para crear esta prueba olímpica.

Se dice que el filólogo Michel Bréal fue el que propuso que la distancia entre el lugar de la batalla y la capital griega se utilizara como longitud de referencia para esta prueba de atletismo que recibió el nombre de una de las ciudades protagonistas (maratón) y que se incluyó en los primeros Juegos Olímpicos modernos, los cuales se celebraron en Atenas en 1896.

El primer ganador de esta carrera de larga distancia fue el griego Spiridon Louis, que consiguió completar el recorrido en casi tres horas. La victoria fue una sorpresa porque el corredor no era de los favoritos, entre otras razones porque apenas se había preparado físicamente para la carrera. Antes de convertirse en ganador, Spiridon se dedicaba profesionalmente a vender agua en las calles de Atenas.

Más tarde, se añadieron unos pocos más de metros

Durante varios años, el reglamento establecía que la distancia a correr en una maratón debía ser “alrededor de 40 kilómetros”. Como no se estipulaban unos kilómetros concretos, cada organización podía establecer la longitud de la carrera que considerase oportuna según la ruta elegida. Así, no fue hasta los Juegos Olímpicos de Londres 1908 cuando se corrieron por primera vez los famosos 42.195 metros.

Inicialmente, la carrera que se iba a disputar en la capital de Reino Unido estaba prevista para medir 26 millas, es decir, unos 41,843 kilómetros. Los organizadores decidieron que la prueba iba a empezar en el castillo de Windsor y terminar en la pista del White City Stadium una vez los corredores entraran por la entrada principal del estadio. 

Sin embargo, hubo un cambio de última hora y los deportistas tuvieron que pasar por otra entrada para acceder al estadio, terminando la carrera justo frente al palco en el que estaba la familia real británica. Como resultado, se añadieron unos pocos metros al recorrido. Así, la distancia dejó de ser exacta, y pasó a ser de 26 millas y 385 yardas, unos 42 kilómetros y 195 metros.

Tras largos debates, la federación internacional de atletismo decidió fijar una distancia oficial para todos los maratones, y tomó como referencia la competición disputada en Londres. A partir de 1921, la distancia oficial de estas carreras olímpicas sería de 42,195 kilómetros, un estándar que se mantiene desde entonces. Todas las maratones del mundo, incluyendo las de Tokio, Boston, Londres, Berlín, Chicago y Nueva York, recorren esa misma distancia.

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