Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Sobre este blog

Todos los miércoles, el corresponsal de elDiario.es Andrés Gil explica las claves de lo que sucede en el EEUU de Donald Trump. Porque lo que pasa en Washington no se queda en Washington.

Contradicciones, conflictos y un atacante que intenta atentar contra Trump en una cena con periodistas

Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, Melania Trump y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asisten a la Cena de los Corresponsales de la Casa Blanca celebrada en el Washington Hilton el 25 de abril de 2026 en Washington, DC.
29 de abril de 2026 08:04 h

6

Yo no asistí a la cena del sábado pasado. Soy miembro de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca desde que me trasladé a Washington DC, en mayo pasado. La cuota anual es de 140 dólares y te da acceso directo, entre otras cosas, a las informaciones del pool, ese grupo de periodistas, rotatorio, que entra en el Despacho Oval y acompaña al presidente en el Air Force One, por ejemplo.

Históricamente, la asociación de corresponsales –se llama así a aquellos periodistas nacionales e internacionales cuyo principal cometido es cubrir la Casa Blanca– elegía los periodistas que integraban el pool, pero desde el regreso de Donald Trump a la presidencia de EEUU, es la Casa Blanca la que elige quién entra y quién sale de ese pool, y eso se está notando en la mayor presencia de seudomedios y de periodistas que hacen halagos en lugar de preguntas.

Hace meses, a finales del año pasado, me llegó un correo electrónico en el que se me informaba de la cena, el día en que se iba a celebrar, el lugar y el coste: 480 dólares por cubierto.

En ese momento me lo planteé: esa cena se presenta como una fiesta de la libertad de expresión, acude la plana mayor de la Administración, hay congresistas, senadores, compañeros... Es, además, un acto tradicional en la ciudad, al que históricamente han acudido los presidentes y en cuyos discursos intentaban reírse de sí mismos.

En esta ocasión, sin embargo, quedaba la duda de que Donald Trump quisiera asistir, en tanto que se había negado a ir durante su primer mandato.

Le di muchas vueltas, y hablé con algún compañero, que me recordó que, además de los 480 dólares de la cena, tendría que pagar el alquiler de un esmoquin, que es la prenda obligatoria para los hombres.

Pero tenía dudas. ¿Era razonable pedir a mi periódico que pagara cientos de dólares por asistir a una cena así?

Durante este año que llevo en Washington DC he podido ver cómo el presidente de EEUU insulta día sí y día también a los periodistas, que se producen vejaciones y amenazas, mientras la reacción de la profesión es limitada. Después de cada insulto de Trump, no se produce una censura por parte de la siguiente persona que toma la palabra; tampoco se ha producido ningún plante por la falta de respeto a la libertad de expresión por parte del presidente de EEUU; nadie se ha levantado de una rueda de prensa en la que Trump o su portavoz, Karoline Leavitt, insulta a los periodistas por preguntar; ni siquiera se publican comunicados de colectivos denunciando esa situación.

Este mismo domingo, 24 horas después del intento de atentado, Trump tachaba de “vergonzosa” a la periodista del programa 60 Minutes por preguntarle por el documento escrito que el atacante de la cena, Cole Tomas Allen envió a sus familiares. “Yo no soy un violador ni un pedófilo, eres una vergüenza”, decía Trump enfurecido, sin que apenas haya desatado reacciones relevantes. ¿Y qué había escrito Allen? Lo siguiente: “Lo que hacen mis representantes se refleja en mí. Y ya no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor manche mis manos con sus crímenes”.

Al día siguiente, el lunes por la mañana, Leavitt responsabilizaba a la izquierda y a los medios de comunicación no trumpistas del intento de atentado del sábado.

Y este martes, se ha sabido que el órgano ha ordenado revisar las licencias de Disney–ABC por un monólogo de Jimmy Kimmel de la semana pasada que ha desatado la ira de Melania y Donald Trump.

Es decir, en un contexto de una Administración Trump que ataca la libertad de expresión, se plantea la posibilidad de compartir cena con las mismas personas que persiguen, atacan y amenazan a periodistas y medios de comunicación.

Al final, decidí no pagar los 480 euros que daban derecho a solicitar el acceso a la cena, cosa que quedaba en suspenso en función de las solicitudes recibidas y la cantidad de autoridades presentes, que daría lugar a una criba posterior.

Tuve dudas hasta el último minuto. Me parecía muy correcta la decisión de acudir, pero creía tener motivos también para no hacerlo. Y, también, pensaba que, si en lugar de trabajar en elDiario.es estuviera trabajando en un medio más tradicional o público, quizá tendría unos compromisos de asistencia o de representación institucional diferentes que me llevarían a tener que asistir sin darle tantas vueltas.

El miércoles antes de la cena estuve con unos amigos, que me comentaron que el New York Times tampoco acudía a la cena. Es decir, contaba con dos periodistas en el salón para cubrir el acto, pero la empresa ya no compra entradas para la fiesta: la última cena a la que asistió el Times fue en 2007.

“En aquel momento llegamos a la conclusión de que el evento se había centrado demasiado en las celebridades y socavaba nuestra necesidad de demostrar a los lectores que siempre procuramos mantener una distancia adecuada con respecto a las personas sobre las que informamos, muchas de las cuales asisten como invitados”, explica Richard W. Stevenson, jefe de la delegación en Washington. Evidentemente, no es lo mismo un periodista del New York Times, uno de los periódicos más importantes de EEUU y del mundo, que uno de elDiario.es; y tampoco la hipótesis de proximidad o confraternización entre un corresponsal de un medio español o del NYT con un dirigente norteamericano.

Y así fue como llegó el pasado 25 de abril –aniversario de la liberación italiana y de la revolución de los Claveles portuguesa–. Había convocada una protesta a las puertas del hotel Washington Hilton en el que se celebraba la cena, y me quise acercar para ver el ambiente. Llovía, hacía frío, y había unas decenas de activistas propalestinos, fundamentalmente, denunciando los asesinatos de periodistas durante el genocidio israelí en Gaza, realizado con la complicidad de la Administración estadounidense, y criticando el papel de los medios estadounidenses en la cobertura de los crímenes cometidos por Israel y EEUU en Oriente Próximo, también a raíz de la guerra en Irán.

A continuación, decidí marcharme a mi casa para ver la retransmisión de la cena por la televisión. De acuerdo con los horarios anunciados, Trump saldría de la Casa Blanca a las 7.45 y se esperaba que la cena arrancara después de su llegada.

Y así ocurrió, pero solo hubo tiempo para unas palabras de presentación de la presidenta de la WHCA y a servir el primer plato, que fue interrumpido por el estruendo –que luego se supo que provenía de un tiroteo– y el alboroto de la evacuación del presidente de EEUU.

En aquel momento, me levanté del sofá y me puse a grabar con el móvil lo que veía en la televisión. Y temí que el desalojo tuviera algo que ver con algún escrache o acción de los activistas que se encontraban fuera y que podrían haber irrumpido en alguna zona restringida del hotel; unos manifestantes pacíficos que conozco de haber cubierto diferentes protestas en estos meses que llevo en EEUU.

Pero no, no eran ellos.

Luego se supo que se trataba de un joven que, según se ha ido desprendiendo de la investigación, actuó en solitario, que no pertenecía a ningún grupo de organizado ni a ningún colectivo de izquierda. Como en el caso de Luigi Mangione, el acusado de matar al CEO de una poderosa aseguradora médica, Allen no cuenta con antecedentes penales, pero sí con una carrera académica respetable. Y ambos comparten la idea de que el sistema político estadounidense no tiene arreglo por vías pacíficas.

Entonces, una vez que la amenaza no pasó de ahí y de que todos los presentes en la cena salieron ilesos, mis pensamientos volvieron a aquel correo electrónico del 1 de diciembre pasado en el que se me invitaba a solicitar asistir a la cena de corresponsales.

Visto lo que ha pasado, ¿y si hice mal no intentando ir? Al fin y al cabo, me he perdido vivir en primera persona como periodista una de las noticias del año: un ataque frustrado contra la cúpula de la Administración estadounidense.

La cena es una ocasión única, con multitud de personas importantes, compañeros que saben mucho y un acontecimiento relevante en la agenda política estadounidense desde hace décadas. Y, además, en esta ocasión se ha producido una historia de la que llevamos días escribiendo sin parar.

¿Y si fue un error?

En todo caso, ya no se puede echar marcha atrás. Pero lo que ha ocurrido sí puede servirnos para reflexionar sobre decisiones difíciles que se toman sobre la marcha y que pueden tener consecuencias en la cobertura de las noticias. Y, todo ello, teniendo en cuenta que en esta profesión, como en la vida, a menudo hay que cabalgar contradicciones y lidiar con conflictos profesionales y personales sin perder de vista que, al fin y al cabo, nuestro trabajo es dar noticias. Y nuestro empeño debe ser estar en la mejor disposición posible para poder hacerlo.

Y, en este caso, se ha tratado de una cena que celebraba la libertad de expresión con una poderosísima persona caracterizada por perseguir la libertad de expresión como invitado de honor; un acontecimiento que no pudo celebrarse por un ataque violento que está siendo aprovechado por esa poderosísima persona para redoblar sus ataques a la prensa y a la izquierda y para apuntalar elementos clave de su agenda ultra como la renovación de una extraordinaria financiación del ICE sin que existan límites para los agentes en su represión migratoria.

Sobre este blog

Todos los miércoles, el corresponsal de elDiario.es Andrés Gil explica las claves de lo que sucede en el EEUU de Donald Trump. Porque lo que pasa en Washington no se queda en Washington.

Etiquetas
stats