Tras la retirada del estudio de Barbacid sobre el cáncer de páncreas, ¿qué pasa con los 3,6 millones recaudados?
La exitosa y sonada campaña de recaudación de fondos de Mariano Barbacid para su investigación contra el cáncer de páncreas se ha topado con un sobresalto. La Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (NAS) ha retractado el estudio publicado en la revista PNAS por no haber declarado un conflicto de intereses de Barbacid como miembro de la academia: tanto él como dos de sus coautoras, Vasiliki Liaki y Carmen Guerra, tienen participación en la empresa Vega Oncotargets, creada en 2024 para la posible explotación comercial de los resultados.
Aunque Barbacid y su entorno aseguran que se trata de un “olvido” y una “mera cuestión formal” que no afecta al contenido del estudio, este hecho y su conducta durante la campaña —que ya fue señalada por crear falsas expectativas en los pacientes— podría vulnerar el código ético de la institución para la que trabajan. Desde el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) han anunciado este martes que están estudiando el caso en el marco de su código de buenas prácticas.
El Código de Buenas Prácticas Científicas del CNIO describe la no declaración de un posible conflicto de intereses como una “mala praxis” y recoge una serie de protocolos de actuación que podrían conllevar la reunión del Comité Científico para estudiar el caso y aplicar sanciones disciplinarias. El artículo 5.2 del Código exige que todos los investigadores deben “comunicar y justificar sus conflictos de intereses reales o potenciales” y establece de forma explícita que el incumplimiento debe ser notificado al Comité Científico para iniciar una evaluación e investigación y emitir una resolución disciplinaria de carácter vinculante.
La fundación CRIS Contra el Cáncer, que lideró la campaña de recaudación de fondos para financiar una futura investigación basada en estos resultados, estudia qué pasos dará en los siguientes días, aunque informa de que los 3,6 millones de euros recaudados están en su poder y a la espera de definir el plan técnico. Fuentes internas del CNIO han expresado sus dudas sobre la forma en que se va a canalizar este dinero, que debería vertebrarse a través de su laboratorio del centro público de investigación contra el cáncer, que es el que ha financiado su trabajo. “De no ser así —asegura una fuente interna— se habría usado la imagen de un investigador del CNIO pagado con un salario público para recaudar dinero con fines privados”.
“Solo es un cambio de ventanilla”
La investigadora Carmen Guerra, coautora del artículo y número 2 del laboratorio de Barbacid, resta importancia a la retirada del artículo y ha confirmado a elDiario.es que el trabajo fue enviado de nuevo a la revista el pasado 7 de abril, aunque esta vez por otras vías y con revisores que elija la propia revista. “Pero eso no afecta en nada a la investigación”, insiste. El artículo fue presentado en la modalidad “contributed” de la revista PNAS, una vía reservada a los miembros de la academia, condición que cumple Barbacid, en la que estos eligen a sus propios revisores. “Fue un error nuestro”, asegura Guerra. “Si lo hubiéramos declarado, nos habrían enviado por otra ventanilla, la del envío directo (direct submission), que es la que hemos seguido ahora, para que sean ellos los que elijan los revisores”.
Fue un error nuestro. Si lo hubiéramos declarado, nos habrían enviado por otra ventanilla, la del envío directo, que es la que hemos seguido ahora, en la que ellos eligen a los revisores
En un comunicado difundido en redes, Mariano Barbacid también ha insistido en que simplemente “se olvidó mencionar los vínculos con la empresa Vega Oncotargets”, cuya creación “es un paso esencial para llevar a cabo estos objetivos” y ha llamado a la tranquilidad a las personas que donaron dinero en su campaña de recaudación para la terapia contra el cáncer de páncreas.
Carmen Guerra defiende la necesidad de canalizar esta investigación a través de su empresa, que no recibe beneficios aunque fue creada para una futura explotación comercial y sus creadores conservan la patente. “El paso en el que estamos de investigación, que es el descubrimiento de fármacos (drug discovery) no se puede hacer a través de la investigación pública. O sea, nosotros necesitamos contratar ocho químicos e instalaciones para poder hacer ese desarrollo. Eso cuesta mucho dinero y en el CNIO no se puede”, asegura.
Vega Oncotargets, que tiene a Barbacid y Guerra como cofundadores y asesores científicos y está participada por la fundación CRIS, el propio CNIO y la Fundación Álvarez Quirós, ya fue señalada por un posible conflicto de intereses dentro del centro. En el marco de la crisis desatada en el CNIO que provocó la salida del exgerente Juan Arroyo y de su directora científica, María Blasco, esta última ya mencionó los intentos de llegar a acuerdos con esta empresa a espaldas a la Oficina de Transferencia y el área de Innovación o la cesión gratuita de activos patrimoniales del CNIO, saltándose el cauce habitual de negociación de acuerdos con empresas dentro de la institución.
En un informe técnico interno al que ha tenido acceso elDiario.es, se señalaba que la propuesta de acuerdo con Vega Oncotargets resultaba perjudicial e inadecuada para el CNIO porque pretendía la cesión gratuita de patentes y conocimientos técnicos que pertenecen al centro y evidenciaba un claro conflicto de intereses y un riesgo legal, dado que la tecnología y los futuros descubrimientos del grupo ya estaban comprometidos en exclusiva con terceros.
Carmen Guerra se defiende alegando que ella no está trabajando ni recibiendo dinero de la empresa y que participar en una compañía no es ningún conflicto ni nada malo. “Al revés, en Estados Unidos estas cosas se potencian y el investigador que no tiene una de estas empresas se considera que realmente no está haciendo investigación”, sostiene. También afirma que Vega Oncotarget pidió al director científico en funciones del CNIO el uso de las campanas del centro para poder hacer allí los experimentos químicos que necesitan y les dijeron que no.
¿Expulsado de PNAS y del CNIO?
Félix de Moya Anegón, experto en bibliometría y fundador del Grupo SCImago, cree que en la revista PNAS han tenido un comportamiento impecable y que el trasfondo del asunto está en que claramente el conflicto de interés existe. “Ellos crean una empresa con la finalidad de comercializar productos anticancerígenos y como consecuencia de eso, pues, realizan una investigación cuyo resultado va a dar lugar a un producto que va a ser comercializado por su empresa”, asegura. “Y hay tres autores implicados directamente”. Para el especialista, fue el hecho de ir por la modalidad de artículo “contributed” lo que ha provocado su retirada, ya que “Barbacid estaba obligado doblemente a dejar claro el conflicto de interés por ser miembro de la academia”.
El editor de la revista debe excluirle de publicar nuevas contribuciones en un plazo no inferior a un par de años y el CNIO debería clarificar la continuidad de su relación contractual
Isidro F. Aguillo, responsable del Laboratorio de Cibermetría del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC, es más crítico aún y se muestra muy partidario de castigar este tipo de faltas muy graves en los procesos de comunicación científica. “Este caso es una variante de lo que ya pasó a otro español, Josep Baselga, en 2018, que fue expulsado de su institución por no declarar intereses comerciales”, asegura. “El editor de la revista debe excluirle de publicar nuevas contribuciones en un plazo no inferior a un par de años. Respecto a su filiación con el CNIO, se debería clarificar la continuidad de su relación contractual con el mismo”.
Xosé Bustelo, director del Centro de Investigación del Cáncer de la Universidad de Salamanca, recuerda que los conflictos de intereses son algo que siempre tienes que declarar cuando mandas cualquier dato a publicar simplemente por transparencia. “Tienes que decir si tienes una empresa, contratos con empresas, acciones, etc.; también si hay conflictos de interés indirectos de tus colaboradores o familiares”, apunta. “No significa que si los tienes no puedas publicar. De hecho, hay muchísima gente que los tiene. Pero hay que declararlos por transparencia, tanto a los evaluadores del artículo como a sus futuros lectores”.
Falsas esperanzas
Bustelo fue muy crítico con la forma en que se realizó la campaña para recaudar dinero para la investigación de Barbacid, al margen de los cauces oficiales y habituales en investigación. “Creo que en este caso se ha cruzado una frontera y todo está un poco fuera de madre”, aseguró a elDiario.es. “Hay un hilo muy delgado entre lo que se comunica y las expectativas que creas: hay un riesgo de dar esperanzas erróneas y frustración en los pacientes”.
La forma en que Barbacid anunció el resultado en los medios provocó que el CNIO recibiera la mayor avalancha de consultas de su historia, con personas que se dirigían a la institución para ser incluidas en los ensayos clínicos (inexistentes). El investigador acudió al programa El Hormiguero, en Antena 3, donde hizo algunas afirmaciones que podían inducir a error y se trasladó el mensaje erróneo de que su investigación ha sido posible por financiación privada.
Este encontronazo con la Academia Nacional de Ciencia de EEUU se produce en mitad de un escándalo por la corrupción en el CNIO, cuyo principal señalado es el exgerente del centro y hombre de confianza de Barbacid, Juan Arroyo. La Fiscalía Anticorrupción investiga el uso masivo de contratos menores, para ajustarse al límite legal, así como la simulación de competencia mediante filas “ofertas de acompañamiento”, pese a lo cual Barbacid ha seguido defendiendo la labor del exgerente y acusa a los críticos de tenerle envidia o de actuar por motivaciones personales.
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