El grano que conecta la guerra de Ucrania con Israel: Kiev acusa a Tel Aviv de comprar cereal “robado” del Donbás
La ocupación rusa del este de Ucrania tiene una derivada económica contra la que Kiev lleva peleando desde el inicio de la guerra: el aprovechamiento de la amplia producción de cereal de la región del Donbás, que Rusia emplea para financiar el esfuerzo bélico. Rusia coloca la materia prima en el mercado tratando de ocultar su origen, y ha encontrado en Israel un destino para las exportaciones de cereales. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, protestó públicamente el martes porque entiende que Israel hace la vista gorda. Israel alega que no le consta irregularidad alguna.
“Las autoridades israelíes no pueden no ser conscientes de qué barcos llegan a sus puertos y qué mercancías traen”, lanzó el mandatario en X, después de la publicación de un reportaje en el medio israelí Haaretz en el que se detallan las estratagemas rusas para sacar ilegalmente los cereales de los territorios ocupados del este. Ucrania, que en el año anterior al inicio de la guerra exportó cereales por valor de 11.500 millones de euros, calcula que Rusia se ha hecho con 15 millones de toneladas de grano desde el inicio de la guerra.
La información de Haaretz documenta una práctica reiterada: los barcos rusos desconectan sus sistemas de localización al aproximarse a Ucrania para cargar y no los vuelven a conectar hasta después de trasladar la carga en medio del mar a graneros flotantes u a otros barcos, a su vez también ilocalizables durante las maniobras. Valiéndose de los datos de seguimiento disponibles e imágenes de satélite, el diario atestiguó dos casos in fraganti: desde los puertos en zona ucrania ocupada, pasando por el trasbordo en el mar, a la llegada a puertos de Israel. Pero también alberga sospechas de varios casos más, en una maniobra que parece habitual desde 2023.
Haaretz obtuvo también documentos del Gobierno ruso, entre los que figuraba una lista de 120 cargamentos de grano ucraniano que salieron a través de dos puertos de Crimea (ocupada por Rusia desde 2014): Kerch y Sebastopol. Entre noviembre de 2022 y junio de 2023, la mayoría de los cargamentos se dirigieron a Siria y Egipto, otros a Turquía, Libia, Arabia Saudí y Túnez, y 31 de ellos —90.000 toneladas en total— estaban destinados a Israel.
La información del periódico israelí resulta especialmente punzante para Ucrania porque señala que había un nuevo barco dispuesto a desembarcar en el puerto de Haifa el pasado domingo, apenas un mes después de que Kiev avisase a Tel Aviv de que un buque iba camino de un puerto israelí cargado con grano de los “territorios temporalmente ocupados”. Esto suscitó una protesta pública de Ucrania. “Es preocupante que pese a la información facilitada y a los contactos entre las partes se permitiese al buque descargar en el puerto de Haifa”, censuró el ministerio de Exteriores en un comunicado.
El nuevo episodio documentado por Haaretz provocó una respuesta más agria. El ministro de Exteriores, Andrí Sibiga, anunció el lunes en X que había llamado a consultas al embajador israelí. “Las relaciones amistosas entre Ucrania e Israel tienen el potencial de beneficiar a ambos países, y el comercio ilegal de Rusia con el grano ucraniano robado no debería socavarlas. Es difícil entender la falta de respuesta adecuada de Israel a la legítima solicitud de Ucrania respecto al buque anterior que entregó mercancías robadas a Haifa. Ahora que otro buque de este tipo ha llegado a Haifa, una vez más advertimos a Israel contra aceptar el grano robado y dañar nuestras relaciones”, escribió.
La respuesta israelí se produjo por el mismo medio. El ministro de Exteriores, Gideon Sa'ar —cuyo primer ministro no puede viajar por buena parte de Europa por el riesgo de que lo detengan y entreguen al Tribunal Penal Internacional— escribió que en Israel “impera el Estado de derecho” y que no había pruebas de las acusaciones, pese al exhaustivo trabajo de Haaretz. “Ni siquiera presentó una solicitud de asistencia legal antes de recurrir a los medios y las redes sociales”, se quejó. El mensaje de Zelenski, insatisfecho con la respuesta, llegó al día siguiente. Anunció sanciones para las empresas e individuos implicados.
Consecuencias en Oriente Medio
El mensaje de Zelenski hacía una mención velada: “Trabajamos sinceramente por mejorar la seguridad, especialmente en la región de Oriente Medio. Esperamos que las autoridades israelíes respeten a Ucrania y eviten emprender acciones que socaven las relaciones bilaterales”. Zelenski aseguró en marzo, durante una reunión con Emmanuel Macron, que había enviado “equipos de expertos” a “tres países” de la región para ayudarles a operar drones interceptores con los que derribar a los modelos Shahed con los que Irán ha atacado numerosos objetivos en la región en respuesta a los bombardeos de EEUU e Israel. “Sin nuestros pilotos, personal militar y software especializado, nada de esto funciona”, advirtió entonces.
Sa'aar se refirió de nuevo al asunto en una rueda de prensa el martes. “Rechazamos este tipo de diplomacia de Twitter”, protestó. Aseguró que el último barco sospechoso “no ha entrado a puerto y todavía tiene que enviar su documentación”, e insistió en que no hay pruebas de las acusaciones ucranias. Si Zelenski se refirió a la asistencia militar ucraniana, el ministro israelí dijo sentirse “un poco sorprendido” de la reacción habida cuenta del “apoyo en foros internacionales”, la ayuda humanitaria y los generadores eléctricos facilitados a Ucrania.
Historial de comercio ilícito
Pese a los lamentos de Sa'ar, Israel no guarda mala relación con Rusia, de donde procede en torno a un 15% de la población israelí. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, se jactaba en diciembre, en ese sentido, de su “relación personal” con Vladímir Putin, y de cómo ese trato “de muchos años” había beneficiado a los “intereses vitales de Israel”.
Ambos países comparten experiencia, desde la invasión de Ucrania, con el comercio desde territorios ocupados. En materia agrícola, la campaña Boicot, Desinversiones y Sanciones insiste desde hace años en que Israel exporta dátiles obtenidos en asentamientos ilegales de Cisjordania y que los etiqueta como israelíes o provenientes del valle del Jordán.
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