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El Gobierno de Rajoy y el PP de la época compiten en desmemoria sobre su guerra sucia

La exdirigente del PP Soraya Sáenz de Santamaría, este lunes.

Pedro Águeda

27 de abril de 2026 22:21 h

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Los miembros de la cúpula del Gobierno y del Partido Popular en tiempos de Mariano Rajoy han logrado hacer de sus comparecencias como testigos en el caso Kitchen un cómodo trámite. Su escasa voluntad de colaborar se ha beneficiado de la jibarización del caso por parte del instructor, Manuel García Castellón, que adelgazó la trama hasta dejarla en una idea de Jorge Fernández Díaz ejecutada por un grupo de policías. En consecuencia, ninguna acusación pesa en este juicio sobre Mariano Rajoy, María Dolores de Cospedal, Soraya Sáenz de Santamaría y Javier Arenas, cuyos testimonios se han movido entre el desconocimiento y la desmemoria.

El periodista Alfonso Pérez Medina tituló su libro sobre dos décadas de corrupción con tres fórmulas estereotipadas a las que recurrían constantemente los acusados en grandes procedimientos como Gürtel, Púnica o 3%: “No lo sé. No me consta. No recuerdo”. Es el paraguas que han utilizado un expresidente del Gobierno y una antigua jefa del servicio secreto para que los márgenes de protección que estableció García Castellón no se desbordaran durante sus declaraciones. 

Los dos fiscales anticorrupción que impulsaron el caso Villarejo calificaron la actuación de García Castellón como “cordón o inaceptable línea roja” de protección alrededor de quienes han declarado las dos últimas jornadas como testigos. Este martes, su compañero César de Rivas, que representa a Anticorrupción en el juicio, ha saltado como un resorte para cortar una pregunta a Sáenz de Santamaría porque entendía que desbordaba el procedimiento. Es la segunda vez que lo hace. 

Una enfermedad hizo que la oposición renunciara a citar a Soraya Sáenz de Santamaría a la comisión de investigación del Congreso, así que esta era la primera ocasión que tenía de declarar sobre la operación Kitchen. Cuando esta se produjo, la abogada del Estado era vicepresidenta del Gobierno y responsable del Centro Nacional de inteligencia (CNI). 

Sáenz de Santamaría despachó con un monosílabo –“no”– a las primeras preguntas, formuladas por el abogado de Podemos. Luego creció en palabras para decir que se enteró de la operación Kitchen por la prensa, aunque no llegó a pronunciarlo. Solo dijo “sí” cuando le plantearon esta posibilidad. 

La exvicepresidenta contaba para su comparecencia con una carta que no manejan el resto de testigos: la actividad del CNI está clasificada como secreta. La exvicepresidenta no necesitó recurrir a ese comodín. El letrado le preguntaba si algo le constaba. Y ella decía, por sistema, que no. 

Por no constarle, ni supo que en el CNI había “animadversión” a Villarejo. Los hechos dejan en evidencia sus palabras. Esa “animadversión”, justificada o no, está detrás de la caída en desgracia del comisario, como coinciden todos los conocedores del conflicto larvado entre el policía y el servicio secreto. El propio denunciante de Villarejo dijo en un periódico que era colaborador del CNI. 

Además, esa “animadversión” se concretó en uno de los errores cometidos por el director general del CNI entonces, el general Félix Sanz Roldán, subordinado de Sáenz de Santamaría. El general respondió a las bravuconadas del comisario con una querella por injurias y calumnias. En el juicio, Sanz Roldán dijo que había acudido a Londres a “convencer” a Corinna Larsen con que recondujera su animosidad contra su anterior pareja, el rey Juan Carlos I, por “amistad” con el monarca, como una actividad privada. Y cuando se le preguntó por los detalles dijo que no podía darlos porque la actividad del CNI está protegida por el secreto. Todo ello con la asistencia letrada de un abogado del Estado y, por tanto, con cargo a los fondos públicos. Villarejo resultó absuelto. 

La sombra del conocimiento o participación del CNI en el espionaje a Luis Bárcenas, fuera de sus competencias, se cierne sobre el sumario de Kitchen. Su presencia aflora también en el último tramo de la causa. El escrito de defensa de Francisco Martínez, el primero en señalar en sus anotaciones del móvil la participación del CNI, revela un dato desconocido hasta ahora: el Centro colocó cámaras en el chalé de Bárcenas en la estación de Baqueira. Se desconoce con qué autorización judicial. 

En el escrito de Martínez se solicitaba la desclasificación de las grabaciones realizadas por esas cámaras y cualquier otra grabación que proceda de “vigilancias realizadas sobre el señor Bárcenas, sobre su esposa o sobre los inmuebles de su propiedad”. Las imágenes, añade, fueron remitidas a Interior el viernes, 2 de agosto de 2013, en pleno apogeo de la operación Kitchen.

Los líderes del PP y la primera línea del Gobierno de Rajoy han trasladado durante el juicio que tres noticias que sacudieron la política española en 2013 apenas interesaron en el partido ni en el Ejecutivo. A saber, la publicación de los papeles de Bárcenas –prueba a la postre de que el partido se financió durante más de dos décadas con dinero negro de empresarios–, la fortuna que su tesorero escondía en Suiza, y la existencia de una operación en el Ministerio del Interior para sabotear el caso de la caja B.

Soraya Sáenz de Santamaría respondió con cierto desdén al abogado Gorka Valle, de Podemos, cuando este le preguntó por si su papel de portavoz del Gobierno le hizo indagar en el asunto de la operación Kitchen. “No”, fue la respuesta de la testigo. Javier Arenas, exsecretario general del PP, miembro de la Ejecutiva del partido cuando se desarrolló el operativo, fue consultado por Gloria Pascual, abogada del PSOE, por la reacción de la dirección de la formación política a las noticias de los ‘papeles’ del tesorero y su botín escondido. “En el partido no observe ninguna inquietud”, dijo Arenas en su declaración en Kitchen como testigo. 

Los miembros de la cúpula del PP y de aquel Gobierno han tenido una senda marcada cuando les ha tocado declarar. El primero en comparecer fue Mariano Rajoy, el jefe de todos ellos. Rajoy no contradijo hechos conocidos y relevantes, sino que se llevó la contraria a sí mismo. Los mensajes con el tesorero que recordó en el juicio de Gürtel, cuando todavía era presidente, se le han olvidado

María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP de la época, dijo que no recordaba haber hablado en su vida por teléfono con Villarejo. Lo dijo pese a la grabación en la que le encarga “parar” la publicación de los papeles de Bárcenas. 

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