El caso de Inmaculada, una de las mujeres que murió por la crisis del cribado de cáncer de mama en Andalucía
Lorenzo conduce un taxi por las calles de Sevilla en silencio, a no ser que el pasajero se anime. Habla del tiempo, comenta los jaleos del tráfico y, con la tertulia radiofónica de fondo, sale la actualidad política. La gestión sanitaria impactó de lleno en su vida: Inmaculada González es una de las mujeres que murió por la crisis de cribado de cáncer de mama en Andalucía. Su mujer falleció con 60 años hace siete meses. Al hablar de ella, se emociona, pero la rabia asoma cuando rememora todo lo ocurrido. El mismo día en que se notificaba la aparición del cáncer por parte de un médico privado llegó una carta del Servicio Andaluz de Salud (SAS) notificando que estaba sana, afirma. “A todas las mujeres que se suben al coche les digo que se revisen, porque el cáncer puede llegar”.
Todo comenzó en 2024. Inmaculada fue expresamente a pedir la cita para la revisión mamografía, ya que no habían contactado con ella como habían hecho en años anteriores. Fue al centro de salud de Ronda Histórica y le preguntó al radiólogo que la atendía por qué no estaba contemplada en aquella ocasión la ecografía junto a la mamografía que le habían practicado. Retrotrayéndose en el tiempo, Lorenzo Grande, su marido, recuerda que la única respuesta fue que “estaba fuera del protocolo establecido”.
Pasaron los meses sin que hubiera respuesta por parte del SAS con los resultados, pero, de repente, Inmaculada notó un bulto en el pecho, así que acudieron a una clínica privada en la que le hicieron una nueva prueba. “Ahí fue cuando le dijo lo que tenía”, sentencia. Dio positivo en cáncer, mientras que el SAS aseguraba en una misiva que se encontraba en perfecto estado, asegura Lorenzo. Con el diagnóstico de la clínica privada, volvieron a su centro de referencia en la sanidad pública y, finalmente, los derivaron al Hospital Virgen del Rocío al comprobar que la enfermedad se estaba desarrollando, justo en el complejo sanitario donde se concentró la mayor parte de los errores de la crisis del cribado de cáncer: “En un año, el tumor pasó de cuatro a ocho centímetros”.
La enfermedad iba a contrarreloj. La paciente recibió un tratamiento de quimioterapia. Sin los resultados esperados, pasó a la radioterapia y, en un último intento, optó por participar en una terapia experimental para la cura del cáncer de mama. “Un día fuimos al médico porque se asfixiaba, y ya no salió”, quedándose ingresada en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Inmaculada falleció el 30 de septiembre de 2025.
“Era trabajadora, fuerte, muy buena persona”
“Nos conocimos en el colegio a los 14 años”, rememora Lorenzo. Oriundos de Sevilla, cada uno siguió su cauce hasta que coincidieron en Palma de Mallorca, a donde habían llegado en busca de trabajo en los '80. “Nos encontramos de casualidad, ni siquiera sabíamos que estábamos al lado”, teniendo cada uno hecha su vida. Inmaculada, que trabajaba como camarera de piso y tenía una hija de su anterior matrimonio, decidió volver con Lorenzo a Sevilla. Encontró un puesto como gobernanta en un hotel, mientras que Lorenzo logró ser taxista tras pasar por varios bares como camarero. Todo ello, con la Exposición Universal del 92 como telón de fondo.
“A ella le gustaba mucho andar, se levantaba a las seis de la mañana y se iba hasta dos horas”, cuenta sobre ella, “incluso después de la operación, intentaba salir”. En esas caminatas conocía a fondo su barrio y sus pasos la guiaron por Los Príncipes, por Pío XII y a lo largo de la Alameda de Hércules, lugares en los que vivió la pareja hasta que se asentaron en el barrio de Pino Montano. “Era trabajadora, muy meticulosa, muy buena persona, fuerte”, se deshace Lorenzo, “y nadie nos ha dado ninguna disculpa”. A raíz de la enfermedad, acudió a la Asociación de Mujeres con Cáncer de Mama (Amama) en busca de apoyo.
Los 266 expedientes y la vía judicial
Días antes de la muerte de Inmaculada, la Cadena SER publicaba la primera información sobre la crisis de cribados en la que la Junta de Andalucía reconocía los fallos en el programa de detección precoz del cáncer de mama tras la denuncia de la Asociación Amama. Siete meses después, hay varias constataciones: desde 2023 se notificaron los fallos en el sistema que afectaron a un total de 2.317 mujeres, sobre todo relacionadas con los hallazgos mamográficos catalogados como BI-RADS 3 y concentradas en el Hospital Virgen del Rocío; y el Gobierno de Juanma Moreno sigue sin dar explicaciones ni a las pacientes, ni al Defensor del Pueblo Andaluz, ni a la ministra de Sanidad, silencio informativo mediante.
El caso de Inmaculada está en manos de Manuel Jiménez, el abogado de Amama, quien asegura que hay, al menos, tres muertes relacionadas directamente con el fallo en los cribados de cáncer de mama. En una mesa alargada, descansa su carpeta entre los 266 expedientes que acumula la causa, de los que 166 están presentados. El error se expandió por las ocho provincias: Sevilla acumula la gran parte (144); le sigue Málaga (28); Córdoba (24); Jaén (22); Huelva (21); Cádiz (20); Granada (entre 15 y 17 casos); y Almería (entre 8 y 10). Las dos vías en las que trabaja el letrado son, por un lado, aquellos casos donde ha habido una negligencia médica y, por otro lado, los que se derivan directamente de los cribados de cáncer, ya fuera por mamografías que no se repitieron o resultados que no se comunicaron y degeneraron en tumores malignos.
Las reclamaciones patrimoniales presentadas por el abogado en los juzgados de Sevilla expirarán pronto y, entonces, tomarán la vía de lo contencioso-administrativo. El tiempo administrativo se ha agotado, ya que el SAS se ha mantenido en silencio durante estos últimos seis meses, así que no quedará más remedio que proseguir el trámite judicial. Un paso que sume a las afectadas en un proceso largo y dificultoso que desearía que se obviara si el Gobierno andaluz de Moreno se sentara a negociar la reparación de cada víctima, “caso por caso”. Sin embargo, no ha habido ningún ofrecimiento: “Jamás se nos ha dado la posibilidad de dar una solución plausible a estas mujeres”.
Sin respuesta
El presidente Moreno afirmaba recientemente en una entrevista concedida a El Correo de Andalucía que se había intentado negociar: “El consejero de Salud se ha sentado en varias ocasiones con esa asociación [sin nombrar a Amama] y con muchas otras con las que mantenemos una relación fluida. Pero, según me ha trasladado, no ha habido forma de llegar a un acuerdo razonable”. Unas declaraciones que, para el letrado, son “totalmente inciertas”.
“La presidenta de Amama solamente se ha sentado con el consejero de Sanidad cuando se creó la mesa del cribado y, en esa primera reunión, se le exigió a la presidenta que firmara un documento de confidencialidad, lo cual no se le pidió a ninguno de los otros miembros de la mesa”, declara. En un segundo encuentro, Ángela Claverol abandonó la mesa debido a que no se abordó la crisis del cribado “en su intensidad”. A raíz de esta ruptura, el letrado se puso en contacto hasta en dos ocasiones con la Consejería de Sanidad, liderada por Antonio Sanz, sin que se devolviera ninguna respuesta.
Cada día llegan nuevos correos a la bandeja de entrada de Jiménez. “¿Van a hacer pasar a estas mujeres por el calvario de un juzgado? Porque, como todos sabemos, lo más grave es que algunas de ellas no van a llegar. Es más, si la Junta ya ha reconocido el error, ¿por qué no lo resarce?”. Así, la vía judicial será abierta por Anabel, la primera mujer que reclamó en junio del año pasado una indemnización por haber sufrido los retrasos en el cribado. Nueve meses después desde que iniciara la batalla legal, se presentó ante los juzgados y reclamó que la Junta la obligaba a “perder tiempo y dinero cuando yo sigo en tratamiento”.
Contra la campaña de desprestigio
A tenor de las reclamaciones patrimoniales que presentaron contra el SAS, el abogado insiste en que no tiene ninguna relación con las denuncias que presentaron los partidos de IU y Adelante Andalucía, al igual que el Defensor del Paciente. Estas fueron interpuestas ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía contra los altos cargos de la Junta que en aquel entonces tenían la condición de aforados por la vía penal. La Fiscalía de Andalucía concluyó que no había indicios para seguir adelante, pero sí reconocía irregularidades en la gestión del protocolo de detección precoz del cáncer. Por otra parte, el Ministerio Público también archivo la investigación referente a la supuesta manipulación de historiales clínicos. Pero estos procesos que se abrieron no van al quid de la cuestión: las pacientes.
“Yo no he participado en ninguna de estas denuncias y, en el caso de los historiales clínicos, se concluye que no ha habido delito tecnológico, lo cual no implica que haya otro tipo de ilícito”, subraya el especialista. En cambio, critica duramente que se haya utilizado el archivo de estas causas para desmerecer las consecuencias de la crisis de cribados, en un momento marcado por el periodo precampaña que azuza a construir relatos políticos triunfalistas. Pese a quien le pese, Jiménez proseguirá en lo contencioso-administrativo hasta sus últimas consecuencias.
La Asociación Amama ha brindado asesoramiento jurídico y social, atención psicológica y acompañamiento a las pacientes de cáncer a lo largo de 31 años, recuerda Jiménez frente a la campaña de desprestigio que ha sufrido la organización después de que saliera a la palestra la polémica sanitaria. Al inicio de la crisis recibieron más de 4.000 llamadas en las que se atendieron dudas y requerimientos sobre una cuestión que ponía en peligro sus vidas, una avalancha de personas que necesitaban apoyo para transitar por un proceso en el que, por lo menos, ya ha habido tres víctimas mortales constatadas por el letrado.
“La asociación visita cada día a a todas las mujeres recién operadas de Sevilla y se dedica a la impartición de charlas, que se han dado de forma ininterrumpida en estos años para que las mujeres sepan cómo tocarse para descubrir los bultos y ahora ha tocado atender a estas mujeres que llamaban escandalizadas, mientras que, por mi parte, he viajado a cada provincia y me he reunido una por una”, sostiene. En su despacho recibe a cada víctima de la crisis, anota y registra los documentos, escucha su relato, y espera a que la justicia interceda, como en el caso de Inmaculada.
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