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José Arsuaga, presidente del TSJC: “Un juez tiene que pelear contra sus propios sesgos”

El presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria, José Arsuaga.

Olga Agüero

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José Arsuaga se ha convertido en la máxima autoridad del poder judicial en Cantabria con el mismo consenso y aprecio entre sus compañeros que le ha acompañado siempre en los cargos que ha ido ejerciendo. Es el quinto presidente que ha tenido el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria (TSJC) tras Claudio Movilla, Francisco Javier Sánchez Pego, César Tolosa y José Luis López del Moral. Licenciado en Derecho por la Universidad del País Vasco en el año 1989, ingreso en la carrera judicial en 1991 y tras ejercer en los juzgados de Medio Cudeyo, Torrelavega, Bilbao y Santander pasó de ser juez decano de los Juzgados de Santander a presidir la Audiencia Provincial antes de aterrizar en la presidencia del TSJC. En el despacho que ocupa desde esta primavera un cuadro de su hermana alegra la estancia y acentúa el contraste con el mobiliario severo y añejo. Arsuaga rompe tópicos sobre la imagen de los judicatura -ni masculina ni endogámica, dice- y comparte la receta para ser un buen juez: estudio, esfuerzo, contacto con la realidad social y pelea contra sus propios sesgos.

En su toma de posesión como presidente dijo que le siguen presentes los mismos motivos que le impulsaron a ser juez, ¿los años de profesión le han hecho cambiar percepción inicial sobre la justicia?

Me di cuenta que estudiando derecho, yo no tengo ningún familiar miembro de la judicatura, pero en la carrera ví algo que me inclinaba a ser juez. Tenía una proyección de tratar de resolver los problemas sociales y luego vi que en el ámbito del derecho se me daba bien el razonamiento jurídico. Te atemoriza la necesidad de estudiar mucho durante mucho tiempo. En líneas generales no ha cambiado esa idea de cuando empecé. Ha cambiado la sociedad mucho, ha cambiado la administración de justicia pero la percepción que tiene uno no ha cambiado mucho. Sobre el juez pesan la carga de grandes decisiones que tiene que interiorizarlas y eso lo sabía al principio y lo se ahora.

¿La administración de justicia también ha cambiado?

Cambia con los tiempos. Cuando yo empecé no había tecnología. Las sentencias las escribíamos a mano. Las búsquedas de datos eran libros y ahora es electrónica. Eso cambia radicalmente la forma de trabajar de un juez. En la parte que quizá tenga más contacto ciudadano que es la celebración de las vistas en los juicios no ha cambiado tanto, sigue haciendo togas y una posición determinada dentro de un estrado con una liturgia. El gran problema que subsiste desde que yo empecé es la carencia de jueces en España, de plazas judiciales para hacer frente a una litigiosidad que desde entonces hasta ahora se ha multiplicado exponencialmente. Solo en los úlitmos cinco o seis años ha subido un 25%. La planta judicial es mayor que cuando yo empecé hace 35 años pero tiene peor proporción respecto al número de procedimientos judiciales. A pesar de que somos en activo unos 5.200 jueces, estamos en peor situación.

La generación del baby boom se va a jubilar ¿cómo va afectar a los juzgados cántabros y qué necesitan para funcionar mejor?

No tenemos un estudio demográfico en Cantabria pero el que hahecho el CJGP sirve para toda España. Lo que vamos a sufrir es una jubilación de aquellas personas que ingresaron en la carrera a finales de los ochenta y principios de los noventa, que fueron bastantes, que si se tuvieran que jubilar de golpe pues se crea la necesidad de reemplazarlos y no hay una previsión muy clara de cómo se va a sustanciar ese reemplazo. A la necesidad de más jueces se añade que habrá más jubilaciones de las habituales. Por lo tanto es uno de los mayores problemas de España en relación a la justicia.

Además de un conocimiento exhaustivo y memorístico del derecho para aprobar una oposición, ¿qué se necesita para ser juez?

Tener una preparación constante que no se termine con las oposiciones, un sentido jurídico que se acerca al sentido común de entender lo que sucede a su alrededor -que pertenece a una sociedad y que tiene que estar integrado-, gran capacidad de escucha y de atención porque no debe de fiarse de su primera impresión. Un juez tiene que pelear contra sus propios sesgos. El juez, como todas las personas, tiene sus sesgos pero tiene que ser capaz de neutralizarlos“. A veces una primera impresión no es la mejor decisión. Por tanto, estudio, esfuerzo, contacto con la realidad social y pelea contra sus propios sesgos.

He aprendido que puede no tenerse un trastorno mental y ser perfectamente malo, que lo que lleva a alguien a la comisión de los hechos es la pura maldad

Usted es profesor, desde hace años, del master de psiquiatría legal de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Entre alguno de los textos que ha escrito con otros colegas profesionales sobre la psiquiatría en el ámbito jurídico dice que la maldad existe, independientemente de la enfermedad mental. Que no tiene cabida en la psiquiatría ni se cura con fármacos.

Yo preferentemente he sido juez civilista, no tanto penalista pero me han interesado mucho las enfermedades mentales porque inevitablemente tenemos en la judicatura una relación bastante directa con las personas que lo padecen porque en última instancia nosotros somos los que autorizamos los ingresos psiquiátricos. No tiene que aparecer un delito para que intervenga un juez. Siempre me interesó mucho. Ahora en el ámbito penal que trabajo mucho está muy relacionado en ocasiones con la enfermedad mental. Pero es verdad que no todos los hechos execrables tienen que ver con la enfermedad mental ni mucho menos. Es una cosa completamente distinta a la actividad delictiva. He aprendido que puede no tenerse un trastorno mental y ser perfectamente malo, que lo que lleva a alguien a la comisión de los hechos es la pura maldad. Eso te introduce en un mundo mucho más complejo de las inquietudes humanas, de la literatura, la ciencia, incluso la neurociencia, de los impulsos vitales que pueden llevar a una persona a cometer hechos delictivos. Eso me ha interesado mucho por mi condición de juez y como ciudadano.

En Cantabria cada vez hay más asuntos en los juzgados ¿cuáles son los asuntos que generan mayores reclamaciones judiciales?

Hay dos jurisdicciones que tradicionalmente han estado sobrecargadas y siguen estando: la civil y la social. La civil, desde luego, porque el aumento de la protección social lleva a que haya más reclamaciones de ese naturaleza. Ha cambiado completamente. Desde el año 2015 aproximadamente sufrió lo que se llama la necesidad bancaria o crediticia. Un consumidor o inversor, cosa que no sucedía antes, empieza a reclamar contra la empresa que le proporciona servicios bancarios, crediticios o de inversión, y ahí aparecen las reclamaciones de hipotecas, luego las preferentes y se transformó hacia otros productos financieros: las tarjetas revolving o los microcréditos. Eso ha alterado muchísimo la percepción del juez civil. También hay jurisdicciones más estables como la de familia, pero también es verdad que cada vez hay más acuerdos respecto a lo que pasaba hace treinta años que era más habitual el divorcio o la separación contenciosa que de mutua acuerdo. Ahora predomina mucho el mutuo acuerdo. Hay otro tipo de litigiosidad que ha desaparecido en materia de arrendamientos urbanos, de responsabilidad civil, de tráfico o de seguros. Se ha reducido mucho. En cambio aparece la necesidad de protección del consumidor e inversor que empieza a reclamar en el juzgado generalmente con buenos resultados. La justicia ha servido de amparo porque no ha habido otros canales alternativos de solución. Aquí se ejerce una función jurisdiccional pero también se presta un servicio público y que toda la discrepancia que existe en esa materia inevitablemente llegue a los juzgados puede dar una respuesta satisfactoria pero no temprana y ahí empiezan los problemas.

El verdadero defensor del consumidor en este país han sido los tribunales de justicia

Si la justicia lo ha echado atrás es porque los bancos estaban vendiendo productos que no eran legales pero nadie lo ha corregido en origen, se seguian comercializando.

Ha habido avances significativos porque generalmente la justicia cuando declara la nulidad de una hipoteca o un producto financiero, ha habido una progresión en las leyes que partiendo de la ley protección de los consumidores y la ley de condiciones generales hacíamos la arquietctura de una sentencia. En esto la Unión Europa ha sido muy firme y ha dictado una serie de reglamentos que nos han ido diciendo cómo valorar a la hora de apreciar si un producto financiero se ha vendido o no bien. Eso nos ha servido para integrar la legislación europea con la española. Por ejemplo, con las preferentes nos vinieron muy bien las leyes MiFID que decían qué características debían apreciarse en la compraventa de un producto financiero para considerar si se había vendido bien. Generalmente los resultados que ofrecía ese producto cuando no había crisis era muy bueno. Nadie reclama cuando es bueno, pero cuando el resultado es muy malo y se pierde la inversión hay que pensar qué ha pasado aquí. Mucha gente decía: los jueces actúan con sesgo retrospectivo pero es que a pesar de que el resultado en el inicio fuera bueno estaba mal vendido porque no era ni la persona apropiada ni ese producto se le tenía que ofrecer. El verdadero defensor del consumidor en este país han sido los tribunales de justicia.

Prácticamente todas las semanas en Cantabria hay alguna vista relacionada con abusos sexuales, en muchas ocasiones a menores en su propio entorno familiar ¿es solo una sensación o hay un incremento de este tipo de delitos?

Nos damos cuenta pero no tenemos una explicación sociológica o científica de por qué ocurre. Hay un aumento significativo de los procedimientos que se enjuician relacionados con la libertad sexual, claramente, y además con menores. Nos hacemos la pregunta de qué está pasando. Posiblemente tenga que ver mucho las redes sociales o la información que se propaga en redes, con la cultura, la educación, la información que se ofrece y con una cierta banalización de las relaciones personales. Eso es lo que yo intuyo, pero es la misma intuición que puede tener cualquier ciudadano. Antes era el violador del ascensor y ahora sucede de forma muy distinta entre personas que se conocen, que han salido esa noche a tomar algo juntos.

El presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria, José Arsuaga, durante la entrevista en la sala de juntas de La Salesas.

El lenguaje judicial por su complejidad es una barrera para los ciudadanos. Hace una semanas leíamos, por ejemplo, que Zapatero está imputado en la trama Plus Ultra a raíz de un auto judicial, ¿no se había desterrado esta palabra en favor de investigado, que suena menos peyorativo?

Es un término tradicional. Se sustituyó por investigado porque se pensó que tenía una carga más relevante lo de imputado. Lo que sí que nos corresponde es utilizar un lenguaje certero, lo más claro y preciso posible. Lo dice la Ley: que las sentencias tienen que ser claras y precisas, otra cosa el lograrlo. En general vamos poco a poco hacia un lenguaje más claro en el que no utilicemos tantos gerundios, párrafos tan extensos, que apliquemos bien la puntuación que reduzcamos las frases subordinadas. Se está haciendo un esfuerzo en eso pero sin descender a un lenguaje vulgar, porque esto es una ciencia y el lenguaje es técnico. No entramos en cómo informan los medios de comunicación, nosotros tenemos nuestro canal que son las oficinas de comunicación que hacen una gran labor a la hora de trasmitir de forma sencilla resoluciones judiciales que a veces no son fáciles de entender por su lenguajae alambicado o porque el propio asunto sea complejo. Nos facilitan mucho la labor. ¿Cómo se trasmite a través de los medios de comunicación? nosotros ahí somos espectadores. Sí que vemos que la sociedad está más polarizada -antes se decía crispada- creo que es afectiva, emocional.

Los ciudadanos perciben que el estamento judicial se ha contagiado de la polarización política, quizá influida por esa elección de las cúpulas judiciales en arenas políticas ¿Qué le diría a todos aquellos que desconfían de la justicia?

Se da por sentado que hay polarización y que hay una afinidad política. Habría que someterlo a crítica. Hay que tener pensamiento crítico para saber si esto que me cuentan es así o no, porque estamos dando por válido lo que yo todavía no acepto. Todos tenemos ideología, hay que tratar de hacer un esfuerzo para que la ideología se quede en casa cuando nosotros vayamos a juzgar. Tenemos que trabajar contra nuestros propios sesgos que por ser inconscientes generalmente fluyen. La asignación política de unos determinados magistrados se hace por parte de unos medios de comunicación que no creo tenga intervención decisiva la judicatura. Puede parecerlo por la forma de designación, que es la establecida en España y posiblemente en otros países. Luego está cómo se designa a los miembros del Poder Judicial, y la designación en este momento es parlamentaria, por lo tanto, si no nay intevencióndecisiva de los jueces en la designación de los vocales que van a nombrar a los altos cargos judiciales no sé hasta qué punto influyen los jueces en nombrar a los propios jueces cuando no tienen participación decisiva. Entonces, no se cómo se soluciona ésto. Cuando hay procedimientos en los que tienen alguna relación con las personas que en ese momento están ejerciendo el poder político me imagino que molestará porque el poder judicial puede ser incómodo. Y es natural que lo sea. A nadie le gusta que le estén investigando y ahí inevitablemente aflorarán posiciones. Les parece mal que un juez instruya un procedimiento determinado, por la trayectoria de ese juez, unas veces porque creen que va muy rápido o muy lento.

A los jueces también se les achacan sesgos propios.

Se dicen varias cosas de los jueces que no son enteramente ciertas. Se dice que son hombres, que pertenecen a familias con miembros en la carrera judicial. Es decir que hay predominancia masculina y endogamia. Que pertenecen a una clase social económicamente privilegiada que no ha hecho la transición. Esto lo oigo continuamente. En realidad es una carrera muy feminizada. Estamos llegando al 60% y en las últimas promociones el 80% son mujeres. Sería masculina desde los años 90, pero desde entonces hasta ahora está claramente feminizada. Solo entre el 6 y el 7 por ciento de los que ingresan en la carrera judicial tienen padres o familiares cercanos en la carrera judicial. Estoy convencido de que bastante inferior a otras profesiones. Por lo que observo, la gran mayoría de los que conozco pertenecen a esa clase social de la España del ascensor que oermitió que estudiaran en la universidad pública española. Ese es el ámbito sociológico de la judicatura española y además me parece estupendo el sistema de becas para las personas que no puedan estar cuatro o cinco años estudiando porque su familia no le puede procurar esa posibilidad. Respecto a que los jueces no han hecho la transición. Es curioso, yo tengo sesenta años, soy presidente del tribunal superior y tenía nueve años cuando se murió Franco. Lo de la transición lo he leído en los libros de historia, yo solamente he vivido con la democracia, solamente me he cultivado con la Constitución, solamente he conocido el desarrollo de los derechos fundamentales cuando empecé a estudiar en la universidad en el año 84. ¿De dónde venimos los jueces? derivamos de una sociedad española que hizo la transición a la democracia, pero nosotros hemos llegado con la democracia. Son cosas que se dicen, que tienen el propósito evidente de dañar una imagen de la judicatura pero hay que explicar las cosas para que la gente tenga otra visión, un pensamiento más crítico y más completo.

Lawfare lo utiliza Trump, precisamente porque le han molestado algunas decisiones judiciales

¿Cree usted que existe el lawfare, ese término ya de uso común?

Yo creo que no. Además no lo acepto porque cuando he visto que se ha utilizado se ha hecho en diferentes sitios del mundo, en diferentes regímenes, en diferentes situaciones. Lawfare lo utiliza Trump, lo ha utilizado siempre precisamente porque le han molestado algunas decisiones judiciales. Lo que se llama la guerra oculta supone pensar que hay una conspiración de jueces que se fijan unas líneas de actuación y luego las cumplen. Lo niego.

¿Qué le diría a aquellos que propagan que muchas de las denuncias por violencia de género son falsas?

Las cifras por denuncias falsas son irrisorias, lo mismo que en general en los demás delitos. No se hace así. La gente piensa que denunciar es falsa, pero si denuncias puedes incurrir en un delito, se le advierte al denunciante. En líneas generales cuando yo he podido trabajar en el ámbito de la familia tenían unos indicios racionales para presentarlas. No creo que exista un afán por denunciar falsamente para ganar una posición posterior. No en vano, los jueces que se dedican a esto en muy poquísimas ocasiones deducen testimonio para que se persiga a los denunciantes y ellos conocen realmente si una denuncia falta completamente a la verdad.

La mediación se ha convertido en un trámite obligatorio antes de acudir a la justicia, antes de presentar una demanda civil, ¿Qué valoración hace del MASC (Medios Adecuados de Solución de Controversias), lo ve positivo o es un obstáculo más para el ciudadano al que se le promete una justicia más accesible?

Voy a decir algo que me parece relevante pero que puede no gustar en otros ámbitos como el de la abogacía o de la procuradoría. Hacen falta más jueces pero también hacen falta menos pleitos porque se pueden solucionar fuera del ámbito judicial. Los conflictos humanos o patrimoniales no necesariamente tienen que resolverse en la vía judicial, hay que evitarla porque es una caraga económica importante para el estado soportar una justicia colapsada. Los medios adecuados de solución de controversaria me parece una buena idea por dos motivos. Primero, porque antes de llegar al pórtico de la justicia hay que intentar llegal al pórtico del acuerdo y, además, porque si hay tendencia a la vía judicial porque se considera que es la única vía segura para obtener el reconocimiento y para permitir que se generenunos créditos por costas procesales también hay que valorar si eso es o no el único mótivo de acudir a un juicio. Porque en ese caso podríamos estar considerando que se está abusando también de un servicio público. Ese es el fundamento de la ley, que yo estimo razonable. Otra cosa es que esté siendo práctica porque es verdad que España no tiene una gran cultura del acuerdo. Es curioso que parece que no existe demasiada confianza en la justicia pero luego el ciudadano español acude masivamente a la justicia, aun conociendo que hay otros medios adecuados de solución de controversias por ejemplo la mediación, que hace tiempo que ya tiene reconocimiento legal. Hay que preguntarse por qué muchos siguen pensando que prefieren que la razón se la de un juez.

En Cantabria se están abriendo procedimientos para borrar las condenas de la dictadura, ¿cómo valora este proceso?

No tengo nada que decir, por una cuestión muy sencilla: está en la ley y el juez cumple la ley. La Ley de Memoria Democrática y el procedimiento creado por ella para sustanciar estos procesos. No tengo ninguna valoración, como cualquier otro procedimiento judicial más. Si está en la ley, que se cumpla.

Desde el Gobierno de Cantabria se insiste constantemente en que se producen muchas ocupaciones ilegales de viviendas y que la justicia tarda mucho en dar solución. ¿Desde la perspectiva de los juzgados de Cantabria perciben que es un problema, que se han incrementado los casos de ocupación?

Tendría que tener una estadística pero no creo que precisamente Cantabria sea uno de los puntos calientes en España. Es verdad que genera una inevitable alarma social. No tanto el allanamiento de morada, porque se confunde todo. El allanamiento de morada generalmente tiene una respuesta muy rápida en los juzgados de instrucción. Lo otro, el delito de usurpación de bienes inmuebles que suelen pertenecer a entidades bancarias. Nadie puede ocupar una propiedad ajena. Los primeros no tiene que haber tanta dificultad para tener una rápida respuesta, los segundos tienen una dificultad mayor. Lo que pasa es que tampoco hay unos instrumentos legales que permitan una respuesta ágil. Se tiene que acudir a la vía civil ordinaria que tiene sus tiempos, con cierto colapso y una organización nueva. Si el legislador se decidiera a crear un procedimiento específico para estas situaciones posiblemente esto se aceleraría.

¿Tienen los juzgados de Cantabria suficientes herramientas?

Tenemos un problema de plazas de jueces, necesitamos más. Hemos pedido hasta 13 nuevas plazas pero también tenemos un problema de creación de jueces que es una cosa distinta. Hay que crear una plaza para conseguir que venga un juez que accede por oposición. Lo que hay que hacer es convocar generosas oposiciones. Con la escasez de jueces que hay tiene que haber un plan estratégico a varios años con convocatorias generosas como la que ha previsto el Gobierno de 500 jueces, 375 por el turno libre y 125 por el cuarto turno. Pero que no sea flor de un día, que eso se proyecte durante varios años. La segunda cuestión es que tenemos que afinar en una organización judicial que es nueva, que es la oficina que sirve de soporte al funcionamiento de la actividad juridisccional. Se ha cambiado para hacerla más eficaz pero como todo lo que empieza tiene tensiones iniciales. Caben otras necesidades como los problemas de edificios fundamentalmente en las sedes de Laredo y Santander donde estamos llenos, son tres sedes y está todo ocupado. Tiene mal futuro porque no hay capacidad de extensión. Antes o después va a requerir de un plan a varios años, con una inversión importante, en el que piensen qué hacer con los edificios judiciales en Santander. Además, hay otras necesidades de otro tipo como la adaptación tecnológica o los peritajes públicos.

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