Cirugía electoral a la caza del último voto: los partidos se disputan zonas clave de Andalucía con estrategias calle a calle
Si las encuestas están en lo cierto, y esta vez todas dicen cosas tan parecidas que cualquier otra cosa sería un vuelco sin precedentes, la disputa electoral en Andalucía pasa únicamente por conocer el tamaño de la victoria del PP de Juan Manuel Moreno. Dicho de otro modo: si será tan abultada como hace cuatro años, cuando pudo conformar gobierno con mayoría absoluta; o si no llegará a los 55 diputados, lo que abriría la puerta a una negociación con la ultraderecha de Vox y, eventualmente, a asumir sus postulados como ya ha ocurrido en Aragón y Extremadura.
Moreno, que durante cuatro años ha surfeado con placidez la ola de la mayoría, barrunta estos días la marejada que le supondría entenderse con los de Abascal. De ahí que el PP se haya esforzado en transmitir incertidumbre: el eslogan marcado a fuego por los populares es el “lío” que sería ganar con una cifra insuficiente para seguir gobernando en solitario.
En esos márgenes estrechos, cada voto se mide. Y un factor clave serán los “restos”: el puñado de votos que determina quién se lleva el último diputado asignado por cada provincia.
El PP ha gobernado la última legislatura con 58 escaños, tres por encima de la mayoría absoluta. Cuatro de esos diputados fueron el resto en Sevilla, Málaga, Córdoba y Cádiz, y en varios casos el PP los logró con un margen estrechísimo.
Adamuz, llamadas telefónicas y carteles
La batalla por ese puñado de votos determina la estrategia de los últimos días. Acciones de última hora, disputas que afloran tras semanas de tregua, cambios en las caravanas electorales e incluso algunas decisiones del Gobierno andaluz se entienden mejor a la luz de estas decisiones de microdemoscopia, que suelen quedar opacadas por acciones mainstream, como Moreno cantando, visitando a una vaca o las llamadas telefónicas del PSOE.
Un ejemplo de libro de esta estrategia de última hora es Córdoba. Ana Salazar, presidenta de la Asociación de Comunicación Política (ACOP), no tiene dudas de que la repentina aparición de Adamuz en el tablero electoral se explica por la disputa a cara de perro por el último diputado en esa provincia, que en 2022 se llevó el PP por los pelos. “Moreno sacó el accidente en el debate y luego en redes, donde seleccionaron solo cuatro cosas: los minutos, la respuesta a los cribados y Adamuz. Eso está muy medido”, observa la experta. Al día siguiente, el Consejo de Gobierno aprobó unas ayudas complementarias para familiares de las víctimas.
Moreno lleva toda la campaña repitiendo que le bailan seis diputados. Según la última encuesta preelectoral del CIS, realizada a partir de 8000 entrevistas a mediados de abril, además de Córdoba (donde podría perder hasta dos escaños), el juego de los restos pone en cuestión al menos el octavo diputado que el PP obtuvo en Cádiz en 2022, el noveno por Sevilla y, singularmente, el décimo por Málaga, donde el candidato se ha volcado con cinco actos, incluido el cierre de campaña, para amarrar el histórico resultado de los últimos comicios.
Al otro lado del tablero, las encuestas dibujan un panorama desolador para los socialistas, cuya candidata no ha conseguido hasta ahora recuperar la robusta masa electoral que cimentó 37 años de poder socialista en la Junta. Está por ver si conseguirá reanimar a los 580.000 votantes afines que, según estiman los propios socialistas, se quedaron en casa en las últimas elecciones autonómicas. Ni una sola de las seis publicadas este lunes les otorga posibilidades de despegarse del suelo electoral que marcan los 30 diputados que han tenido esta legislatura, y algunas estimaciones los envían a los 26 escaños.
En esa franja angosta que va de los 26 al 30, y que en realidad marca la profundidad del hoyo electoral, los socialistas rumian las matemáticas de 2022 y apuntan también a los restos. Sus últimas acciones, como la llamada que inicialmente simula una cita médica, parece estar segmentada por zonas de preferencia, donde se votó socialista en las últimas generales, pero no en las andaluzas. Son los votos perdidos que busca el PSOE, muy concentrados en algunos distritos de Sevilla, y algunas capitales y ciudades medianas. “Hay cirugía a nivel de calle. Los partidos tienen un mapa territorial y van a la mínima unidad: la mesa electoral. ”Aquí necesitamos [ganar] cinco mesas“, cogen esas calles y llaman a los teléfonos fijos”, ilustra Salazar.
Lo mismo vale para restar un puñado de votos al adversario. Los carteles que hurgan en la presunta fractura del PSOE, donde los socialistas ven la mano del PP (que lo niega), aparecen en zonas de Córdoba, Sevilla y Huelva con marcado voto socialista.
2022: cuatro para el PP, tres para el PSOE
Los socialistas llevan meses insistiendo en que es “imposible” que la “lotería matemática” de los restos vuelva a tocarle a Moreno. Es cierto que en 2022 tres de sus cuatro escaños finales los recogió el PP con el coche escoba, con una diferencia mínima y en competencia directa con el PSOE, con el caso singular de Sevilla, donde se decidió por poco más de 1.000 votos. Pero también que el PSOE obtuvo otros tres escaños de los “restos” provinciales (Jaén, Huelva y Granada), y que si se hace la comparativa del reparto de los restos con los votos totales, el más “sobrerrepresentado” es el PSOE: el PP obtuvo el 43,1% de los votos válidos (1.589.272 sobre 3.686.377 en total) y el 50% de los últimos diputados (una “prima electoral” de siete puntos); el PSOE el 24% de los votos y el 37,5% de los diputados por los restos (+13,5); y Vox, el 13,4% de los votos y el 12,5% del reparto final (-0,9). Por tanto, en realidad la “lotería” también le tocó al PSOE, y puede decirse que los dos partidos con más votos siempre se reparten el premio, lo que contribuye a darles más peso proporcional en escaños que en votos, como demuestran los datos históricos.
Para entenderlo hay que exponer el funcionamiento del método D’Hondt, un sistema para el reparto de los escaños según los votos de cada candidatura. Es un sistema proporcional, pero imperfecto: hay barreras de entrada (en Andalucía, el 3% de los votos en cada circunscripción) y sobrerrepresenta a las candidaturas grandes penalizando a los pequeños.
El método funciona así: el número total de votos de cada partido se divide sucesivamente entre 1, 2, 3, etc.; los cocientes obtenidos por todos los partidos se ordenan de mayor a menor; y de esa lista ordenada se seleccionan tantos resultados como números de escaños haya. De esa forma, el último escaño a repartir en cada circunscripción es el más pequeño de los cocientes seleccionados.
Un ejemplo: en Sevilla en 2022 se repartieron 18 escaños. El PP obtuvo 367.561 votos, que al dividirse sucesivamente entre 1, 2… arroja una serie de cocientes. Al dividir entre 9, el cociente es 40.840. Ordenados los cocientes de todos los partidos, 40.840 es el 18º mayor. Ese es el decimoctavo y último escaño que se reparte. En cambio, el PSOE tuvo el 19º cociente, 40.647 (los votos totales/6), insuficiente para su sexto escaño por apenas 1.158 votos (la diferencia entre cocientes*6). El noveno escaño del PP en Sevilla fue el último en asignarse y el más “barato” de los 18 que se repartieron en la provincia. El único de Por Andalucía, por ejemplo, “costó” 76.603 votos.
Aplicando el mismo ejercicio al resto de provincias a partir del escrutinio oficial, el PP logró también los últimos escaños en el reparto de Málaga (Vox hubiese necesitado 3.795 votos más para quedárselo); Cádiz (el PSOE se lo hubiera quedado con 1.060 votos más); y Córdoba (por un ajustadísimo margen de 1.214 votos con Vox).
En cambio, fue el PSOE el beneficiado en Jaén (a 2.294 sufragios de Vox); Granada (ganado al PP por 9.694 votos); y Huelva, haciendo inútiles las 13.973 papeletas de Por Andalucía, que se quedó sin escaño por apenas 651. En Almería, Vox logró su tercer escaño con el PP a 15.701 votos de distancia.
En resumen, el PP logró tres de sus cuatro diputados a los restos por diferencias mínimas (poco más de 1.000 votos en Sevilla, Córdoba y Cádiz), mientras que el PSOE también logró uno de los tres con un margen ajustadísimo, los 651 votos que le sirvieron para su cuarto diputado por Huelva.
El peso de la dispersión
De este juego de restos quedaron excluidos todos los demás partidos, sobre todo debido a la fragmentación del voto en circunscripciones pequeñas. Según la simulación de Ana Salazar, una unión entre Adelante Andalucía y Por Andalucía en 2022 hubiera dado escaño extra a la candidatura unitaria de izquierdas en Cádiz (a costa del PSOE), Córdoba (a costa del PP), Huelva (a costa del PSOE), Jaén (lo perdería el PSOE), Málaga (a costa del PP) y Sevilla (lo perdería el PP). Seis diputados más, cuya pérdida se repartirían PP y PSOE a partes iguales.
Este es uno de los efectos colaterales del sistema y el aspecto más criticado por los partidos “menores”, porque supone alterar la proporción: los partidos más votados tanto en toda la comunidad como en cada circunscripción obtienen una “prima”, el último escaño en disputa, que depende más de una probabilidad estadística que de la “lotería”: cuantos más votos se acumulan, más probabilidad. También depende del tamaño de la circunscripción (lo que determina “cuánto vale” cada voto), de la abstención y de la dispersión final del voto.
La ley d'Hondt cumplió así su función mostrando también sus defectos: asignar los escaños finales en proporción al peso electoral, pero sólo a los dos más votados. Una proporcionalidad limitada e imperfecta. El PP y el PSOE confían en que un puñado de votos decante este reparto final para maximizar sus resultados el próximo domingo.
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