Eva Baltasar, escritora: “Aunque ves las señales del amor tóxico, a veces estás dispuesta a pagar el precio”
Como todas sus novelas, Peces (Random House, 2026) parte de una vivencia personal, de un pedazo de mundo que ella ha vivido, que ha conocido bien, y que ha necesitado plasmar a través de la ficción. “Mi propio recorrido vital es el que me lleva hasta aquí. Yo he pasado por historias de esas que nos ocurren a una gran mayoría de personas y de ahí me viene la fascinación por escribirlas”, explica Eva Baltasar (Barcelona, 1978) frente a una jarra de agua en conversación con elDiario.es para hablar de esta, su quinta novela, que narra la historia de amor y obsesión entre una escritora y una vendedora de pescado frito en una roulotte.
Un relato que explora el maltrato, las adicciones y la adoración extrema de un otro por encima de todo lo demás. Una obsesión que surge una mañana de un día cualquiera y que le cambia la vida a la narradora en un instante, desde el momento en el que ve a esa mujer grande, con las manos también grandes, impregnadas del olor del mar. Su existencia, hasta entonces solitaria y a ratos aburrida, tuerce el timón y se dirige, directa, hacia las rocas.
El germen de este relato, contado en primera persona una vez ya ha pasado todo, surgió durante la escritura de la segunda parte de Ocaso y fascinación, su anterior novela. “En la parte de fascinación hay una escena en la que el protagonista tiene una especie de virgen a la que adora y, dentro de sus muchas capas, hay una suerte de erotismo, de relación amorosa. Ahí me di cuenta de que era un tema en el que quería quedarme más tiempo, pero tenía que ser con otra historia”, explica Baltasar. Y, de la idea de esa virgen intocable, comenzó a desarrollarse lo que acabaría por convertirse en Peces, una historia de amor, pero de amor monstruoso.

“Crecemos pensando que una relación, en esencia, es una historia de amor. Y nos creemos que las cosas que nos ocurren ahí dentro son amor cuando, muchas veces, no lo son”, continúa la catalana, que estuvo dos años desarrollando la relación entre Victoria y esa escritora que, por no tener, no tiene ni nombre. Y eso se debe a que Baltasar confiesa que nunca tiene la novela en la cabeza antes de escribir, que no sabe a qué personajes va a conocer, que se desarrollan “solos”. Que, a veces, siente que ella no escribe sus propias historias y que pensaba que iba a conocer bien al personaje de la narradora, pero que quien se desplegó ante ella fue el del objeto de deseo; la otra mujer. Victoria.
También que, en el momento en el que comenzó a escribir, estaba inmersa leyendo a Robert L. Stevenson y la dualidad de Dr. Jekyll y Mr. Hyde inspiró, e impregnó, la relación entre sus dos protagonistas. “Es un poco, casi, lo que ocurre en la novela”, comenta para argumentar que la narradora se enamora de su propia oscuridad: “Victoria es muy oscura, guarda mucha violencia, y el amor lo que quiere es integración. Tú aspiras a integrar aquello que tanto te atrae del otro”.
La violencia del deseo
Un amor a primera vista que arrastra y empuja y que, a pesar del dolor, la narradora, obnubilada, no es capaz de soltar. “A mí estos amores me fascinan. Y cuando me ha ocurrido es horrible, sí, porque parece que hay un mandato ahí, que no te puedes negar. Te ha tocado. Es esa persona”, continúa Baltasar para señalar que cuesta mucho resistirse a ese tipo de atracción. “Y tú ves las señales, claro que las ves. Sabes que vas a sufrir y aun así, muchas veces, estás dispuesta a pagar el precio”, asegura la escritora que desvela que, para dibujar esta historia, ha tirado de los tres grandes amores tóxicos de su vida, que realmente fueron obsesiones.
“El amor muchas veces comienza como una obsesión, siempre hay un componente de obsesión cuando te enamoras”, opina para añadir que lo que busca el enamoramiento es que una se vincule hiperrápido. “Es como una droga, tu cuerpo empieza a generar sustancias que te mantienen atada a la otra persona y, entonces, ocurre eso tan divertido de que el foco, que debería estar en ti, lo centras en la otra persona y tu vida se va desestructurando”, desvela la autora de libros como Permafrost, Boulder o Mamut.
El amor muchas veces comienza como una obsesión, siempre hay un componente de obsesión cuando te enamoras
Eso es, claro, lo que le ocurre a su protagonista, que se convierte en el satélite de ese gran sol que es Victoria. La mujer que la cuida y maltrata al mismo tiempo y que la arrastra hasta un punto muy extremo. “Todos arrastramos las mismas cuatro heridas de infancia, pero con distintos colores. Abandono, rechazo, etc., y eso hace que tú vivas esperando a que otros te quieran”, explica Baltasar para añadir que esa dinámica de cal y arena “ata muchísimo”. “Obvias el maltrato y te quedas con que te están cuidando. Es una situación que creo que nos ha pasado a muchos, y yo tenía muchas ganas de explorarla en la narrativa”, cuenta la escritora para incidir que en dolor también se ocultan pedazos de placer: “Hay goce en el maltrato, es parte de esa droga que necesitas volver a consumir”.
Historias corrientes
Con este quinto trabajo Baltasar parece haber entrado en ese boom de literatura, escrito por mujeres en su mayoría, que habla de eso, de la violencia recibida en el día a día por las mujeres a manos de los otros: El hombre, la sociedad y, también, otras mujeres. Historias retratadas en novelas recientes como Los nombres (2026, Salamandra) de Florence Knapp, La chica más lista que conozco (2026, Lumen) de Sara Barquinero o Comerás Flores (2025, Libros del Asteroide) de Lucía Solla.
“Es curioso porque con Mamut me dijeron lo mismo, que estaba circunscrita en esa tendencia de la vuelta a la naturaleza, al campo, lo rural, pero yo solo hablaba de una historia que yo viví con 26 años sin que fuera exactamente mi historia”, apunta Baltasar, que asegura estar al margen de tendencias narrativas. “No tengo ni idea de que se lleva porque apenas leo literatura contemporánea, pero es verdad que esto es algo que me ocurre, casi, con cada libro”, ríe la escritora que admite que, de alguna manera, debe estar conectada con el mundo aunque ella ‘viva a lo suyo’.
“En Ocaso y Fascinación me pasó con el tema de la crisis de la vivienda, pero claro, es lo que hay. Son las cosas que ocurren, que me ocurren a mí, que nos ocurren a todos”, continúa para señalar que una puede estar súper aislada, pero vivir en la onda de lo que se respira ahí fuera. “No he leído muchos de los libros que tratan estos temas, pero al final mi propio recorrido vital me ha traído hasta aquí”, zanja Baltasar que considera interesante cómo todo puede estar conectado aunque una, muchas veces, no se dé ni cuenta.
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