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Berlinale

‘Iván y Hadoum’, un ‘Romeo y Julieta’ queer para demostrar que “el amor y el deseo son el motor de la revolución”

Silver Chicón, Ian de la Rosa y Herminia Loh Moreno en la presentación en Berlín de 'Iván y Hadoum'

Javier Zurro

Berlín —
13 de febrero de 2026 22:00 h

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Hace once años, cuando Ian de la Rosa pensaba en la que podría ser su primera película cuando acabó su proyecto fin de carrera, se le ocurrió que por qué no contar un Romeo y Julieta en Almería, entre los invernaderos que tan poco (y tan estereotipados) ha mostrado el audiovisual español. No sería un Romeo y Julieta normal, sino uno atravesado por conflictos de clase, género y raza. Uno que demostrara que todos esos elementos nos definen y se mezclan aunque la gente quiera negarlo. Uno que reivindicara el amor como fuerza de cambio frente al odio al diferente.

Más de diez años después, ese Romeo y Julieta tiene nombre. Se llama Iván y Hadoum y compite en la sección Panorama del Festival de Berlín, el mismo certamen que vio nacer cineastas españoles como Carla Simón, Pilar Palomero o Alauda Ruiz de Azúa. Una película que imagina una historia de amor que no es tóxica, que muestra la precariedad del trabajo en las fábricas de Almería, y que muestra el cuerpo, el deseo y el sexo de un hombre trans como pocas veces el cine lo ha hecho. Ian de la Rosa muestra inteligencia y sensibilidad para crear un nuevo imaginario en ese sentido. 

“No sé si es una película madura, pero lo hemos intentado”, dice el cineasta a pocas horas de presentar el filme ante el público por primera vez —luego competirá por la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga—, y haciéndolo una semana después de que Bad Bunny reivindicara el mismo mensaje que su película, que solo el amor es más fuerte que el odio. Un amor que aquí no es tóxico y se convierte en refugio para Iván, un hombre trans interpretado por Silver Chicón, y Hadoum, una joven de origen marroquí a la que da vida Herminia Loh Moreno. “En esencia esta película va de cómo el amor y el deseo pueden ser y son el motor principal para una revolución que empieza en lo personal”, dice, y ahí apunta otra de las claves de su filme, que cada pequeña decisión, cuenta: “Toda revolución a gran escala empieza por decisiones pequeñas que son personales”.

Es una de las revoluciones de su película. La otra viene de, por fin, ver una historia “donde lo trans no estuviera conflictuado, donde la identidad trans no fuera un conflicto”. “Yo soy trans y no estoy todo el rato sufriendo. Yo me enamoro, tengo parejas y tengo sexo. Quería contar eso, contar cómo esos cuerpos se empoderan. Al final estamos hablando de eso a través de la ternura, de la intimidad y del sexo. Podemos decir que es hasta revolucionario, porque ahora mismo estamos en medio de una oleada de odio increíble”, explica De la Rosa.

El cineasta realiza una hermosa presentación de su personaje masculino, sin explicitar de forma subrayada su identidad trans y prefiriendo mostrar de forma natural su cuerpo. Su familia le acepta. Esa ausencia de conflicto en lo identitario y esa forma de ver su sexualidad también es una revolución y “una respuesta” a lo que el cine suele hacer “en lo que se refiere a las experiencias trans y a cómo se presentan los conflictos trans”. “Tenía muchas ganas de ver un personaje trans cuyo conflicto no tiene nada que ver con ser trans. Me parecía importante dar ese paso”, reconoce.

Porque había una ausencia, “una falta de representación en los cuerpos, en el deseo”. “Me parece genial y agradezco todas las representaciones que he visto, me hayan gustado o no. Especialmente las que no me han gustado, porque son las que me han llevado aquí. Si yo hubiera visto todo bien, no hubiera hecho esta película”, subraya, y pone el foco en “las escenas de sexo y de intimidad”. Por eso, ya que “es tan difícil hacer una película”, había que poner el foco en mostrar cosas que el cine no estuviera mostrando. 

Yo soy trans y no estoy todo el rato sufriendo. Yo me enamoro, tengo parejas y tengo sexo. Quería contar eso, contar cómo esos cuerpos se empoderan

Ian de la Rosa Cineasta

Con el cascarón de esa historia de amor, Ian de la Rosa va salpicando de capas y reflexiones, cómo la forma en la que, para ascender de clase, el protagonista tiene que comportarse como se espera de un hombre. Una forma de evidenciar que “el género está relacionado con el capitalismo”. “Es un melón muy grande. Se necesitaría un especial para hablar de los referentes o los no referentes que tenemos las personas trans masculinas, cómo nos acercamos a la masculinidad y cómo la masculinidad nos acepta o no. Yo diría que te aceptan como LGTB siempre que no seas queer. Como si no pasara nada por cambiarte de caja, pero metiéndote en otra caja”, critica. Aunque la película no es biográfica, sí que está trufada de todo lo que De la Rosa ha visto en su transición, y una de esas cosas es cómo “todo es intersección”.

El otro tema que bombea todo el filme es la clase y cómo se mezcla con todo lo anterior. “Evidentemente, el personaje de Iván tiene una aspiración de clase, tiene una aspiración de tener un cuarto propio. Me preguntaba hasta qué punto dentro de determinadas clases sociales podemos traicionarnos entre nosotras para conseguir ese cuarto propio”, añade. La solución, o el principio de esa revolución de amor, no está en lo individual, y esa es otra de las cosas que deja clara Iván y Hadoum, que “solos no hacemos nada, sino que tenemos que ir en colectivo”.

Por eso esas mujeres unidas en su sindicato que reclaman condiciones dignas para las trabajadoras que envasan la fruta y verdura para el norte de Europa. Los Romeo y Julieta de De la Rosa tienen el amor como motor, pero no se olvidan del contexto en el que viven ni de dónde vienen, y por eso se sienten tan reales y se convierten en una carta de presentación prometedora de un cineasta con mucho que decir.

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