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Berlinale

La Berlinale comienza negándose, un año más, a condenar el genocidio en Palestina: “Tenemos que mantenernos al margen de la política”

El presidente del jurado, el cineasta alemán Wim Wenders, posa durante un photocall del Jurado Internacional en el 76º Festival Internacional de Cine de Berlín.

Javier Zurro

Berlín —
12 de febrero de 2026 15:54 h

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La Berlinale ha sido, históricamente, un festival tremendamente político. Uno donde siempre se ha hablado de los temas que ocurrían en el mundo y donde llegaban las propuestas más radicales en ese sentido. El certamen fue uno de los primeros en entregar un premio al mejor filme LGTB y fue pionero en eliminar las categorías de género en los galardones de interpretación. Sin embargo, desde hace años, hay un tema que se les atraviesa, y es el genocidio en Gaza. Las dos pasadas ediciones fueron realmente conflictivas en ese sentido. El certamen no quiso condenar la masacre cometida por Israel, y evitó cualquier comentario en ese sentido.

Hace dos ediciones, el documental No other land, que terminaría ganando el Oscar, vencía en Berlín y sus directores daban un discurso contra la limpieza étnica cometida por Israel en los asentamientos palestinos. El alcalde de la ciudad calificó aquella ceremonia de “antisemita” y sus realizadores denunciaron ataques de la derecha. El año pasado muchos directores escribieron una carta condenando la pasividad del certamen, y la policía llegó a investigar al director Jun Li, por decir “Desde el río hasta el mar, Palestina será libre”.

A pesar de que la situación no se encuentra en su momento más álgido, en la 76 edición tampoco parece que se vaya a condenar el genocidio. Durante la rueda de prensa del jurado, el cineasta alemán Wim Wenders evitó posicionarse cuando un periodista cuestionó por qué el certamen sí había mostrado su solidaridad con Irán o Ucrania, pero no con Palestina, y preguntó a los miembros del jurado si apoyaban “este trato selectivo de los derechos humanos”.

Sorprendió que un director normalmente tan abierto en cuestiones políticas como Wenders decidiera defender justo lo contrario, que el cine se mantenga “al margen de la política, en calidad de contrapeso”, y subrayó que las películas pueden cambiar el mundo, pero no en el sentido político. “No podemos entrar realmente en el ámbito de la política. Tenemos que mantenernos al margen de la política porque, si hiciéramos películas dedicadas a la política, entraríamos en ese ámbito de la política. Pero nosotros somos el contrapeso de la política. Somos lo contrario de la política. Tenemos que hacer el trabajo de la gente y no el trabajo de los políticos”, afirmó.

En este sentido, se mostró convencido de que “las películas pueden cambiar el mundo, pero no en el sentido político” y aseguró que “ninguna película ha cambiado realmente la opinión de ningún político”. También opinó que el cine puede cambiar la idea que tiene la gente de cómo debería vivir. “Hay una gran discrepancia en este planeta entre las personas que quieren vivir sus vidas y los gobiernos que tienen otras ideas. Creo que las películas entran en esas discrepancias, eso espero”, dijo.

Recibió el apoyo de su compañera de jurado, la productora Ewa Puszczynska, que consideró que hacerles “esa pregunta es un poco injusto”. “Por supuesto intentamos hablar con la gente, con cada uno de los espectadores y hacerles pensar. Pero no podemos responsabilizarnos de cuál será su decisión, si será la decisión de apoyar a Israel o la decisión de apoyar a Palestina”, contestó y agregó que “hay muchas otras guerras en las que se comete genocidio y no hablamos de eso”.

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