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Un boletín de Esther Palomera exclusivo para socias y socios. Donde la verdad no se maquilla ni se suaviza. Una opinión directa sobre lo que esconden los micrófonos de la política.

No son hijos de la ilustración, pero sí hermanos

Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo, este miércoles durante el pleno del Congreso de los Diputados.
12 de febrero de 2026 08:43 h

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Hablamos de Ilustración. De lo que aportó el Siglo de las Luces a la sociedad moderna. Del contraste entre lo que buscó iluminar la mente humana con la luz del pensamiento crítico frente a la oscuridad de los dogmas. De la diferencia entre el pluralismo y la autoridad sustentada en la tradición. De la primacía de la razón y el debate constructivo sobre la descalificación. De lo que implica argumentar con lógica en lugar del ataque emocional. Del conocimiento y el intercambio de ideas frente a la difamación. De la búsqueda de la verdad. Del diálogo basado en el respeto de la dignidad humana. Y de la ausencia, claro, de todo ello en las derechas políticas. En el PP y en Vox, sí, porque ya no hay distingo. Feijóo ha sucumbido definitivamente al hermanamiento con Abascal y sus palmeros.

Tanta moderación, tanta política para adultos, tanto partido de Estado y tanta “vía Moreno” para acabar en un reconocimiento explícito de que son lo mismo y que sus métodos, sus referentes y sus estrategias forman parte del mismo corpus político. Que Feijóo recurriera para el cierre de campaña en Aragón a Vito Quiles no fue una boutade más de los cachorros de las Nuevas Generaciones. Ni solo un intento desesperado para frenar el voto ultra. Ni un recurso puntual. La elección forma parte de una estrategia meditada y a futuro que lleva implícita una declaración de intenciones inequívoca: en adelante, más odio, más furia, más desinformación, más insulto y más acoso. 

El agitador ultra que quiere meter en la cárcel a Pedro Sánchez o colgarle de un pino forma parte ya de la nómina de ilustrados de la que se rodeó Alberto Núñez Feijóo en el último congreso nacional del PP. Miguel Tellado, Ester Muñoz, Noelia Núñez o Elías Bendodo no son precisamente hijos de la Ilustración, pero que un líder que aspira a habitar La Moncloa recurra a un joven siniestro que se dedica a denigrar a políticos y periodistas que no están en la órbita ultra y se arrastra por el fango como una serpiente es un claro reconocimiento de lo poco que le importa la convivencia y la democracia, y de hasta dónde está dispuesto a llegar para alcanzar el Gobierno. Sin duda, a lo que dicte Abascal, que tampoco es un referente del siglo de Las Luces, pero sí su hermano, según relato de la popular Ester Muñoz.

Tras el auge imparable de los ultras, Feijóo ha entrado ahora en una fase de cortejo en la que ya no marca diferencias con Vox, sino que prefiere destacar las similitudes. En realidad, siempre fueron más las cosas que les unen que las que les separan. “Yo no sé si usted tiene hermanos, yo tengo tres. Y he discutido en multitud de ocasiones con ellos, pero siguen siendo mis hermanos”, ha afirmado Muñoz. Lo que no explicó fue de qué tipo, si biológicos, medio hermanos, hermanastros o adoptivos. Porque los hay que, aun compartiendo lazos o no sanguíneos, rompen la relación por lo sano cuando las diferencias o los agravios son imperdonables.

La historia del vínculo fraterno entre Feijóo y Abascal ha tenido, en todo caso, distintas fases y varios giros de guion. El PP ha pasado de afirmar con rotundidad que no pactará con la ultraderecha, a abrirles las puertas de los gobiernos autonómicos, a negarles de nuevo cuando rompieron las alianzas y, ahora, a tratarlos de igual a igual para preparar la pista de aterrizaje de un posible gobierno de coalición en España en 2027 si suman mayoría absoluta en el Parlamento.

Ya no les importa, en absoluto, que la hemeroteca les saque los colores. “No habrá un gobierno del PP con ministros de Vox”, llegó a afirmar en el pasado quien esta misma semana anteponía la fratría para justificar lo contrario. Y lo mismo le ocurre a Feijóo. “Es evidente que yo no quiero gobernar con Vox y lo he dicho mil veces”, decía en una entrevista de noviembre de 2023 aunque en julio del mismo año sostenía que “si necesitamos el sí de Vox, lo lógico es que forme parte del Gobierno”.

“A veces es mejor perder el Gobierno que ganarlo desde el populismo” fue otra frase memorable de Feijóo con la que se negaba a sí mismo, pero que quedó en agua de borrajas cuando, tras las autonómicas de 2023, Mazón y Guardiola metieron a la ultraderecha en sus respectivos gobiernos de Valencia y Extremadura, como meses antes ya había hecho, el castellanoleonés Fernández Mañueco.

Cuando defendían juntos, pero no revueltos

Después de aquello, el PP insistió una y otra vez en que el “compromiso” de Feijóo es gobernar en solitario, pese a que en las comunidades autónomas, en cambio, defendía que los suyos pactaran con Vox y que, en todo caso, no era partidario de ningún cordón sanitario. Una especie de juntos, pero no revueltos porque la ultraderecha, justificaban, “es la tercera fuerza política de nuestro país, y merece todo nuestro respeto”. Luego, eso sí, Tellado negaba la mayor para aclarar que si Vox les exigiera entrar en el Gobierno a cambio de su apoyo, preferirían ir a una repetición electoral. 

La presidenta en funciones de la Junta de Extremadura, María Guardiola,  junto al lider del PP

El caso es que la salida al laberinto de más de tres años de declaraciones y decisiones contradictorias parece haber llegado con el resultado de las elecciones de Aragón, donde el PP, lejos de aumentar su mayoría, ha retrocedido dos escaños y Vox duplicado los que tenía. Y con ello, Feijóo ha vuelto al capítulo anterior al que llamaba a Abascal “opositor de tumbona”. Su análisis es que “la gente quiere que haya un cambio y lo expresa cada vez que se le consulta” y que “hay que poner a trabajar el voto del cabreo para solucionar los problemas de la gente y la mejora de la convivencia. 

Meter en el mismo sintagma a Vox y tolerancia es un oxímoron y es tomar a los ciudadanos por imbéciles, pero, como ha reconocido la ilustrada Muñoz, “la mayoría de los españoles confía en la derecha para cambiar España y hay que aprovechar esa oportunidad para no defraudar”. Y si la izquierda ya se está activando para unirse, todos los que están a la derecha de Sánchez “tenemos una oportunidad y no podemos cometer errores”. Tellado se manifestó en los mismos términos para que entre hermanos garanticen la gobernabilidad en Extremadura, en Aragón y en España, cuando toque.

Otra cosa es que la otra parte, en lo que respecta a las comunidades autónomas esté por la labor y haya planteado exigencias inasumibles porque la ultraderecha, lo haya interiorizado o no Feijóo, no ha llegado hasta aquí para hacer de subalterno del PP, sino para sustituirlo aprovechando esta nueva ola de impugnación al bipartidismo como la que en 2015 llevó a Ciudadanos y a Podemos al Congreso. Y así las cosas, el último giro de guion de los populares pasa por apelar a la abstención del PSOE para dejar que gobierne la lista más votada. ¿Les suena? Un viaje al pasado de 2016, el que partió al partido de Sánchez por la mitad cuando facilitó la investidura de Rajoy. Ese mismo PSOE hoy no está por la labor. Que PP y Vox quieran interpretar el papel de hermanos no significa que los socialistas acepten el de primos.

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