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FrenteIzquierdas
14 de febrero de 2026 08:47 h

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Mientras la izquierda se enreda en sus siglas, en la derecha tienen claro el objetivo: controlar todos los resortes del poder.

Es una jugada que está pasando por debajo del radar. El PP ha vuelto a bloquear la renovación de una de las instituciones clave de la Justicia, igual que ya hizo con el Consejo General del Poder Judicial. Desde hace dos meses, un tercio del Tribunal Constitucional tiene el mandato caducado. Son cuatro de sus doce magistrados, los que nombra el Senado y que Feijóo se niega a renovar.

El PP mantiene ese bloqueo por las razones de siempre, porque espera un momento mejor. Si lo hace ahora, tendría que pactar con el PSOE porque la Constitución exige una mayoría de tres quintos del Senado. El PP confía en un desplome brutal de la izquierda en las próximas generales; una debacle que les permita nombrar a esos cuatro magistrados pactando como mucho con Vox. Sueñan con un ‘cuatro a cero’ en el Senado que entregue a la derecha el último bastión de la Justicia que aún se les resiste: el Tribunal Constitucional.

En el Senado, el sistema electoral no puede ser más mayoritario. Se escogen cuatro senadores por provincia, tres por islas mayores (Gran Canaria, Mallorca y Tenerife), uno por islas menores, dos para Ceuta y Melilla. Es la única elección con listas abiertas; con nula utilidad. En las provincias casi siempre sale un ‘tres a uno’: el partido más votado se lleva tres senadores. El segundo más votado consigue el cuarto escaño. Y más de un tercio de los votos suelen acabar en la basura: no logran ninguna representación.

La lección es siempre la misma. El sistema electoral español es mayoritario y la división se paga muy cara en las urnas. Pasa en el Congreso, especialmente en las 19 provincias que reparten cuatro escaños o menos. Pasa en todas las circunscripciones del Senado.

Hay un precedente interesante al que mirar, el de Ibiza y Formentera. Allí se elige un único senador y todos los partidos de la izquierda se presentaron en 2023 en coalición con un independiente al frente, Juanjo Ferrer. Fue un frente más amplio del que ahora propone Gabriel Rufián: PSOE, Sumar, Esquerra Unida y Ara Eivissa (un partido que en las europeas formó parte de Ahora Repúblicas, con ERC, Bildu y BNG). Fue una alianza que salió bien. Juanjo Ferrer es hoy senador. Su candidatura de unidad ganó por menos de 3.000 votos al PP. 

El caso de las Pitiusas es extremo: una circunscripción unipersonal. Pero no hay que recurrir a este ejemplo para explicar para qué sirve la unidad. La izquierda ya la logró en 2023. Fue una alianza compleja y mal avenida, un parto con dolor. Pero, a pesar de los problemas y de la división posterior, es importante recordar que Sumar fue un éxito porque consiguió su principal objetivo: frenar a la derecha. Sin ese 12,3% de los votos que logró esa coalición, hoy gobernarían España Feijóo y Abascal.

La idea lanzada por Gabriel Rufián de una alianza aún más amplia, que también incluya a la izquierda soberanista, ha sido recibida por una curiosa contradicción: muy poco entusiasmo entre las direcciones de los partidos y una inesperada ilusión en una parte no despreciable de sus votantes. Hay mucha gente de izquierda deseosa de alguna señal de esperanza que ayude a romper con el derrotismo, con esa profecía que da por inevitable una victoria apabullante del PP y Vox.

Los datos del CIS hace tiempo que registran un aumento en la popularidad de Gabriel Rufián. El portavoz de ERC en el Congreso se ha convertido en uno de los políticos mejor valorados por el conjunto de la izquierda. Curiosamente su respaldo es mayor y más transversal entre la dividida izquierda nacional que entre el aún más fragmentado independentismo catalán. Es uno de los políticos que mejor ha entendido la fuerza de las redes sociales, quien más y mejor las usa a su favor. 

De momento Rufián ha dado un primer paso. Pero hay una estrategia detrás que no pasa por crear una nueva coalición para toda España con él como candidato de unidad. La clave estará en Catalunya: en lograr un acuerdo entre ERC, Comuns y la CUP. Una alianza que sirva como ejemplo para otros lugares; que pueda extender ese mismo debate a Euskadi, Galicia, la Comunitat Valenciana o Aragón. Un proyecto que entienda que las leyes electorales son tan implacables como la ley de la gravedad. Y que aplique, de forma pragmática, ante esta situación excepcional, soluciones a medida para cada parlamento y cada circunscripción.

No se ha hecho nunca en este periodo democrático. Solo en Ibiza y para el Senado, donde esta es la tercera ocasión en la que se pacta este frente amplio. Pero el reto al que se enfrenta la izquierda en las próximas elecciones no será el de una campaña más. 

¿Qué pasaría si el PP y Vox logran alcanzar en el Congreso y el Senado esa mayoría de tres quintos, suficiente para una reforma constitucional? ¿Qué país podrían dejar?

Dentro de ERC, el principal aliado de Rufián es el exportavoz de ERC en el Congreso Joan Tardà. Ambos confían en provocar al menos un debate en ERC; incluso intentar que sea la militancia quien vote qué hacer. Por ahora, la dirección del partido es reacia a esta posibilidad. 

En el lado de los Comuns, hay varios dirigentes, como Gerardo Pisarello, que ven este posible frente amplio con buenos ojos, pero también existen fuertes resistencias internas, especialmente en los cuadros que provienen de Iniciativa. De nuevo dependerá de cómo sea el arrastre que los partidos detecten en la sociedad. 

No solo se mueve Gabriel Rufián, con esa charla prevista para el 18 de febrero con Emilio Delgado, de Más Madrid; un evento que ha generado una gran expectación. Tres días más tarde, el sábado 21, está convocado otro acto para presentar la reedición del pacto entre IU, Comuns, Más Madrid y Movimiento Sumar para las próximas generales. 

Aún no está claro un aspecto importante de ese nuevo acuerdo: quién estará en el cartel electoral. Los cuatro partidos coinciden en elogiar a Yolanda Díaz como la mejor ministra de Trabajo de la historia de España, como una dirigente que fue determinante para lograr que la derecha no gobernara en 2023. Nadie quiere clavar a Yolanda Díaz ningún puñal, pero son cada vez más las voces internas que plantean un relevo al frente de la coalición y piden normas más claras en la toma de decisiones del proyecto común. Entre los que más suenan está Pablo Bustinduy, que por ahora se resiste. También hay quien defiende la opción de Ernest Urtasun, o de recuperar a Mónica Oltra. Otros plantean un liderazgo coral, donde Yolanda Díaz tenga un lugar. 

¿Y Podemos? Hoy parece imposible que sus dirigentes pacten de nuevo una coalición; así lo dicen abiertamente. Tampoco hay en IU, Comuns y Más Madrid muchas ganas de integrarlos otra vez; menos aún tras el desastroso resultado de Podemos en Aragón. Curiosamente, la jugada de Rufián puede servir como catalizador para cuadrar el círculo de la unidad de la izquierda. Las bases de Podemos rechazan a Yolanda Díaz con furor –no perdonan la exclusión de Irene Montero–, pero no sucede lo mismo con Rufián. Para Podemos, sería más difícil quedarse fuera de un frente amplio si incluso ERC acaba entrando dentro de esa ecuación. 

No se trata de renunciar a las siglas. Tampoco es una nueva ‘operación Roca’ con Rufián como candidato a presidente. Es muy interesante el análisis y la propuesta que, en este artículo de elDiario.es, planteó Alberto Garzón. “La buena noticia es que técnicamente se puede articular una candidatura unitaria. La mala noticia es que nadie sabe cómo hacerlo”, resume el ex coordinador general de IU, que también defiende que no es necesario hacer “borrón y cuenta nueva” en cada ocasión. “No es buena idea empezar apuntando a quién no debe estar; sería más fructífero cambiar el foco hacia qué se quiere conseguir”. Empezando por la vivienda, que es hoy el problema más acuciante.

Las próximas elecciones generales no son otras más. El contexto internacional es terrible. La amenaza que supone el creciente empuje de la extrema derecha es más preocupante aún. Si el PP gobierna con Vox, como hoy parece probable, no será una simple alternancia ni otro ciclo político más. Están en riesgo derechos y libertades; mucha gente sufrirá. “Tengo miedo como demócrata”, dice Gabriel Rufián. Que en este sentimiento conecta con buena parte de la sociedad.

La unidad, por sí sola, no bastará para frenar esta ola reaccionaria. Desde luego ayudaría que las fuerzas de la izquierda al menos dejen de tirarse piedras entre sí y de abonar una división agresiva y artificial. 

Tampoco sirve la simple resistencia a la extrema derecha como eje principal de una propuesta. A juzgar por las últimas elecciones, ese discurso por sí solo ya no es suficiente. Hace falta proyecto, credibilidad y –lo más importante– la capacidad de ilusionar a un electorado progresista que hoy duda, se abstiene o vota resignado a la derrota. 

La primera victoria pasa por recuperar la esperanza; por volver a creer que el futuro aún está abierto. Que esa victoria abrumadora de la derecha y la extrema derecha que pronostican las encuestas y los resultados autonómicos no es inevitable. Igual que no lo fue en 2023.

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