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Los negacionistas se cobran “su santo grial”: Trump asesta su gran golpe a la lucha contra el cambio climático

InformeEmisionesEEUU

Raúl Rejón

13 de febrero de 2026 22:00 h

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EEUU, el país que más CO₂ ha inyectado a la atmósfera, acaba de decidir oficialmente que los gases de efecto invernadero no suponen ninguna amenaza para la salud humana y del planeta. El responsable histórico número uno del cambio climático ha revocado el informe científico que determinaba el peligro de estos gases y su relación con los vehículos a motor.

La ofensiva negacionista –y anticientífica– ha obtenido uno de sus grandes trofeos: la derogación exprés, en menos de un año, de la Endangerment Finding, la determinación científica y legal emitida en 2009 por la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA) sobre el peligro que representan estos gases. Era su objetivo desde hacía mucho tiempo y se lo habían exigido a Trump.

“A partir de ahora se ha establecido el negacionismo como la política oficial de esta administración”, explica el analista de política climática del Centro para el Progreso de EEUU (CAP), Leo Banks.

Para los que piensan que el cambio climático es un bulo este informe era el santo grial. Creen que con esta derogación han asestado un golpe en el corazón del movimiento climático

Leo Banks Analista de política climática del Centro para el Progreso de EEUU

“Para los que piensan que el cambio climático es un bulo [aquello delhoax" expandido por Donald Trump], este informe era el santo grial –describe este sociólogo para elDiario.es–. Creen que con esta derogación han asestado un golpe en el corazón del movimiento climático”.

En la práctica, estos documentos de la EPA sirvieron para que existiera una base legal y científica con la que imponer a los emisores de gases en EEUU la obligación legal de recortar de emisiones CO₂, metano y otros gases de efecto invernadero. Por eso se había convertido en la pieza de caza mayor para los negacionistas. Sin ellos, esperan que se establezca barra libre para los contaminadores.

El actual director de la EPA, Lee Zeldin, ha dicho que “la administración de Trump no va a sacrificar la prosperidad, la seguridad energética y la libertad de nuestro pueblo por una agenda que socava a nuestras industrias, nuestra movilidad y las opciones de los consumidores al tiempo que beneficia a nuestros adversarios extranjeros”.

El director del Instituto Woods para el medio ambiente de la Universidad de Stanford (EEUU), Christopher Field, cuenta a elDiario.es que, desde este momento, “el Gobierno no tiene manera alguna de establecer límites de emisiones de gases a los motores de los vehículos o la generación de electricidad”. El científico estadounidense añade que “aunque esta medida no afecta directamente a los incentivos para las energías limpias, la administración Trump ya ha retirado muchos de estos estímulos con otras regulaciones”.

Leo Banks afirma que nos hallamos ante “una cúspide del negacionismo. La EPA ha hecho de esta derogación su prioridad principal desde el primer día y lo ha perseguido de manera religiosa”. El analista subraya que “al impulsar esta desregulación ambiental se deja a los contaminadores hacer lo que quieran”.

Y lo que quieren es multiplicar el uso de combustibles fósiles (el origen de las emisiones de gases invernadero) y no acotar la contaminación que salga de los tubos de escape de los automóviles. EEUU es el principal emisor histórico mundial: acumula el 25% de todo los gases inyectados a la atmósfera (la costra que atrapa el calor y termina por alterar el clima). Europa es el segundo responsable con el 22% desde 1750, China el tercero con el 12%.

'Conspiración' anticientífica

La ofensiva contra esta clave de bóveda climática viene de lejos. Desde que Donald Trump tuvo que dejar la Casa Blanca en 2021, cuatro antiguos colaboradores suyos comenzaron a trabajar para dinamitar el Dictamen de Peligro de la EPA: Russol Vought, Jeffrey Clark, Mandy Gunasekara y Jonahathan Brightbill conformaron un grupo de presión, según ha desvelado el New York Times.

Los tres primeros aparecen como autores o colaboradores en el documento llamado Proyecto 2025 elaborado por la Fundación Heritage que afirma: “La EPA debería revisar y rescindir el dictamen de peligro de 2009, que sustenta gran parte de la autoridad reguladora del gobierno federal en materia climática”. Y prosigue: “Deberían eliminarse las oficinas y programas que promueven el activismo en materia de cambio climático”.

Es una gran abdicación de EEUU. La evidencia científica ya era robusta en 2009 y lo es mucho más hoy. Cualquier evaluación honesta concluye que esos gases de efecto invernadero son, ciertamente, un peligro para la salud y el bienestar de las personas

Christopher Field Director del Instituto Woods para el medio ambiente de la Universidad de Stanford

No se limitaron a eso. También socavaron la Agencia Meteorológica de EEUU al afirmar que “se ha convertido en uno de los principales impulsores de la industria del alarmismo climático”. Llegaban a decir que “sus programas de investigación climática han sido utilizados para impulsar una agenda política más que la ciencia”.

En realidad, la ciencia es la que ha saltado por los aires con esta derogación. Christopher Field no duda en resaltar que “la evidencia científica para la Endangerment Finding ya era robusta en 2009 y lo es mucho más hoy. Cualquier evaluación honesta concluye que esos gases de efecto invernadero son, ciertamente, un peligro para la salud y el bienestar de las personas”.

Banks, por su parte, concluye que hemos asistido a un “ejemplo de política anticiencia”, ya que se ha desmontado un informe “sin tener ninguna evidencia de que los gases no son un peligro. Es una bofetada en la cara de la ciencia que no había hecho nada más que fortalecerse desde 2009”.

El investigador de Stanford admite que esta derogación “representa una gran abdicación de los EEUU como líder global de la acción climática”. El analista del CAP, por su parte, sostiene que esto “deja a los aliados de EEUU en una situación delicada. Y lo hemos visto recientemente con el acuerdo entre Canadá y China sobre los coches eléctricos”. Trump reaccionó a ese anuncio con una amenaza: aranceles del 100% a su vecino continental del norte si persiste en el acuerdo.

Ambos investigadores coinciden en que el mundo seguirá avanzando en políticas climáticas aunque EEUU se borre. Sin embargo, también se constata un movimiento de arrastre fuera del país norteamericano. En la Unión Europea, por ejemplo, se han aguado hasta cierto punto las medidas contra las emisiones con la prórroga a los motores de combustión decidida hace pocos meses o la revisión de los objetivos de reducción de gases que se tuvo que estirar hasta las puertas de la cumbre climática de Brasil.

Con todo, Christopher Field vaticina que “la acción global continuará con o sin los EEUU porque los demás han comprendido que este asunto es importante y también porque las tecnologías verdes son la opción más económica, segura y confiable”.

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