¿Quién es Jordi Pujol Ferrusola y ese “chanchullo” andorrano del que usted me habla?
Hay toda una familia en el banquillo, pero el juicio a los Pujol sigue centrándose en el primogénito. El primer mes de juicio se dedicó a repasar las hazañas empresariales de Jordi Pujol Ferrusola —está por ver si delictivas, pero solo posibles por su apellido. Febrero ha sido el mes para la cara B de muchos negocios lucrativos: el delito de blanqueo de capitales.
Durante toda la semana, el tribunal de la Audiencia Nacional se ha acostumbrado a escuchar “no sé quién es”. Ha sido la respuesta que han dado una veintena de hombres y mujeres a la pregunta de si conocían a Júnior. Como casi todo en el juicio a los Pujol, para encontrar el motivo de la comparecencia de estos testigos hay que retroceder décadas en el tiempo... y viajar hasta Andorra. En concreto, a la Banca Reig —más tarde Andbank— del principado.
Los nombres de estos testigos figuran en el sumario por las transferencias entre sus cuentas en Andorra a otras vinculadas a Jordi Pujol Ferrusola y a su exesposa Mercè Gironès entre 1991 y 1996. Según la Fiscalía, se trata de operaciones simuladas que tenían como única finalidad ocultar la procedencia o el origen de las cantidades que ingresaba Júnior. La defensa lo niega.
Un solo ejemplo recogido en el sumario: entre marzo y julio de 1992, de la cuenta Anbank que compartía un matrimonio, salieron cuatro transferencias de 4,2, 5,2 y 7,2 millones y 300.000 pesetas a la de Júnior.
Más allá de desconocer al primogénito, las explicaciones que han dado los testigos han vuelto a poner de manifiesto que no todos somos iguales, y que en las fiestas de los ricos se vive muy por encima de las posibilidades de los pobres. La mera posesión de cuentas en Andorra por parte de ciudadanos catalanes acaudalados, que se ha llegado a presentar casi como una tradición por parte de sus beneficiarios, era impensable para una gran mayoría del país.
El testigo Josep Maria Montserrat dio cuenta al tribunal de la fiesta bancaria andorrana. “Los saldos no se controlaban, se pedía hora, subías [a Andorra] y te decían algo, pero nunca te llevabas ningún papel por razones obvias y te tenías que creer un poco lo que te decían”, explicó.
Hubo más. “Hicieron cosas extrañas con mi cuenta, chanchullos que no me gustaron nada”, apostilló. Eso sí, de la fiesta salió contento: “Tenía inversiones en fondos que fueron bastante bien, aunque la información que daban era muy parca y había que ser discretos, entre comillas”.
Para intentar desentrañar el misterio de la multiplicación de las transferencias andorranas, resultará clave un testigo que está en la lista propuesta por la Fiscalía pero que todavía no ha sido citado: Josep Maria Pallerola, el gestor en la banca andorrana de Jordi Pujol Ferrusola. Fue Pallerola quien, en un solo boleto de orden de transferencia, ordenó de golpe seis de las transferencias bajo sospecha.
Durante ese periodo Catalunya estaba gobernada por Jordi Pujol, acusado en el juicio pero cuyo nombre no aparece por ningún lado, por ahora. La disonancia entre las prédicas basadas en la honestidad y la austeridad que hacía Pujol en la Generalitat y lo que pasaba en su casa con su primogénito no tiene relevancia penal. Solo es el gran punto ciego —o el lugar donde se prefiere no mirar— en la operación de rehabilitación política del expresident en la que ha participado hasta Salvador Illa.
Aunque difícilmente termine con la imposición de las altas penas solicitadas por la Fiscalía, el juicio está siendo una atalaya privilegiada —con el permiso del paso del tiempo— para observar la cara B del pujolismo.
Esta semana, algunos testigos han abordado las sospechas de la Fiscalía de que Convergència —que no está acusada en el juicio— se pudo financiar irregularmente a través de créditos a empresas que trabajaban para sus campañas electorales, avalados por las cuentas en Andorra del hijo mayor del expresident. En su mayoría, han mantenido el silencio y la desmemoria.
El más relevante fue Manuel Giménez-Salinas, administrador de la empresa de publicidad Altraforma y que fue condenado por facilitar el pago de comisiones ilegales a Convergència en el caso Palau. Dijo no saber nada del préstamo de 50 millones que Altraforma firmó en 1999 con una banca andorrana, aunque admitió que el partido de Pujol les “echó una mano en algún momento” para obtener financiación cuando la empresa necesitaba dinero para pagar sus servicios en campañas electorales.
En cualquier caso, Giménez-Salinas dijo que los detalles sobre esas operaciones los podría dar la que fuera directora financiera Altraforma. Solo hay un pequeño problema: la exdirectiva falleció hace años. Un clásico en los juicios por corrupción.
3