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OPINIÓN | 'No importa el futuro de la izquierda', por Ada Colau

No importa el futuro de la izquierda

Varias personas durante una manifestación frente al Congreso por el fin de la moratoria antidesahucios.
14 de febrero de 2026 22:22 h

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El titular es pura provocación, con toda la intención. Pero también es literal: lo que importa no es el futuro de la izquierda, sino el futuro del país y el bienestar de la población. Y la pregunta en todo caso es cómo las formaciones progresistas pueden ser útiles a la mayoría social para mejorar sus condiciones de vida, en lugar de retroceder. 

He escuchado a algunos compañeros de partidos de izquierdas visiblemente molestos con las declaraciones de Gabriel Rufián, quien ha abierto el debate a nivel público sobre la necesidad de unirse para evitar que pueda haber un gobierno de PP con Vox. Yo en cambio me alegro sinceramente de que haya explotado este debate, y le doy las gracias a Gabriel Rufián por su posicionamiento. Hay quienes dicen que Rufián no ha gobernado nunca, que no sabe lo que es asumir responsabilidades de gestión, que sólo es un diputado que hace titulares en prensa. Y a todo eso yo digo: bienvenido sea. Necesitamos ser más y necesitamos todos los talentos: los que saben gestionar y aprobar medidas que mejoran la vida de la gente, necesitamos a quienes saben hacer pactos desde la discreción, y necesitamos a quienes saben comunicar y conectar con el sentido común. Lo necesitamos todo.

Porque es mucho lo que está en juego. Está en juego seguir peleando (no sólo con la derecha, también con el PSOE) para avanzar en la agenda social (derecho a la vivienda, blindar la educación y sanidad públicas, derechos laborales, defensa de la paz frente al rearme y el genocidio…), pero también para defender nuestra existencia. Si Abascal y Ayuso llegan a la Moncloa, podemos tener a un ICE en las calles de nuestros pueblos y ciudades, como en Mineápolis, persiguiendo a gente sólo por ser migrante, feminista o LGTBI. O podemos volver a jornadas laborales de 12 horas y al despido sin indemnización, como acaba de aprobar Milei en Argentina. No es ciencia ficción: Vox y PP reivindican de forma abierta y desacomplejada su afinidad con la agenda y las prácticas de Trump y Milei.

Por ello digo que estoy muy contenta con las declaraciones de Rufián, y que bienvenidos sean todos los actos de diálogo entre personas y formaciones progresistas que conecten con el sentimiento transversal que hay en la calle de que tenemos que unirnos más allá de nuestras diferencias para no retroceder a las cavernas. Los objetivos por delante de las siglas. Que en ningún caso sea por nosotros que la derecha y la extrema derecha puedan gobernar en España.

La extrema derecha avanza porque tiene financiación de las élites, medios de comunicación potentes y una red internacional fuerte y organizada. Pero también avanza por los errores de la izquierda: peleas internas por rivalidades personales o discrepancias puramente tácticas; comunicación excesivamente institucionalizada, confundiendo la gestión con el proyecto político; o algunos excesos centralistas de los espacios progresistas estatales, sin entender la necesidad de articular espacios realmente confederales que integren la plurinacionalidad. Entre otros errores. 

Sin embargo también es cierto que las alianzas entre fuerzas de izquierdas son necesarias pero no suficientes. Necesitamos mucha más ambición: un frente democrático lo más amplio posible que no se reduzca a los partidos, que implique a amplios sectores de la sociedad, y que tenga una estrategia común, con visión global, que supere los acuerdos electorales puntuales. Necesitamos también autocrítica constructiva, aprender de errores del pasado. Y por supuesto necesitamos un proyecto de futuro ilusionante, construir desde la máxima ambición utópica, no resignarnos a repartir las migajas de un sistema económico injusto cada día más desigual e insostenible.

Finalmente, aunque haya presión mediática, no es momento de decidir quién va a liderar electoralmente esa propuesta. Es momento de hacer lo que debería ser la normalidad: hablar y construir colectivamente. Claro que no es fácil, pero es perfectamente posible, sin duda es necesario y lo hemos hecho otras veces. Y, por suerte, me consta que ya hay muchas personas de distintos espacios políticos que llevan meses hablando. Precisamente porque son tiempos difíciles, quien se meta hoy en primera línea política que sea para ser optimista, propositivo, generoso. Y que nuestros esfuerzos se centren en: 1) trabajar una propuesta sencilla y eficaz que nos articule en un frente democrático común, y 2) generar narrativas e imágenes potentes sobre nuestro deseo colectivo de ganar un futuro mejor donde no sólo sobrevivir, sino ser Felices con mayúscula. Tenemos un programa común, tenemos las prioridades sociales claras, nos conocemos y sabemos que somos todos necesarios. Ahora falta recordar que somos la mayoría social y que somos capaces de lograr cosas increíbles cuando nos juntamos. 

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