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Más allá de Campoamor, Ibárruri y Kent: las otras diputadas republicanas a las que la historia ha olvidado

Imagen de la diputada republicana Veneranda García Manzano

Guillermo Martínez

14 de febrero de 2026 22:22 h

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Clara Campoamor, María Lejárraga, Victoria Kent, Margarita Nelken y Dolores Ibárruri fueron unas. Matilde de la Torre, Francisca Bohigas, Julia Álvarez Resano y Veneranda García Manzano, otras. Todas ellas comparten el parlamentarismo durante la Segunda República truncado con el golpe de Estado de julio de 1936 y el posterior exilio, pero no todas son igual de conocidas ni recordadas. La publicación de 'Republicanas. Revolución, guerra y exilio de nueve diputadas' (Tusquets, 2026) y la pluma de Miguel Ángel Villena vienen a suplir ese vacío historiográfico a través de un recorrido biográfico hilvanado en el que se cruzan, capítulo tras capítulo, sus vidas.

El también periodista e historiador recalca que estas nueve mujeres diputadas compartían un carácter de pioneras: “Estaban a la vanguardia de la transformación social, política y cultural que atravesaba España desde principios del siglo XX, pero sobre todo plasmada en los ocho años de la Segunda República”. Cada una de ellas con su propia biografía, fueron una élite feminista de su época, aunque por entonces casi nadie las denominara como tal, añade el autor a elDiario.es.

Un rasgo característico del grupo fue proceder de familias de la burguesía ilustrada, excepto Ibárruri, La Pasionaria. En general, los progenitores disfrutaban de cierto nivel cultural y económico, lo que se materializó en la posibilidad de acceder a unos estudios. Otra característica compartida es que muchas de ellas se dedicaron a la docencia y al periodismo.

Estaban a la vanguardia de la transformación social, política y cultural que travesaba España desde principios del siglo XX, pero sobre todo plasmada en los ocho años de la Segunda República

Miguel Ángel Villena historiador

Una periodista parlamentaria olvidada

Matilde de la Torre es uno de estos grandes nombres olvidados y que Villena recupera en esta monografía de casi 350 páginas acompañada de un álbum fotográfico en el que aparecen todas las protagonistas. Se sabe bien poco de De la Torre, sobre todo fuera de Cantabria, su región natal, y de Asturias, la provincia por la que consiguió escaño en las elecciones de 1933 y 1936 por el PSOE.

Nació en Cabezón de la Sal en 1884 y procedía de una familia burguesa de periodistas. Ella se llegó a convertir en una magnífica escritora de novela y ensayo, también musicóloga, y periodista parlamentaria a la altura de Josep Pla, Chaves Nogales o Julio Camba, compara el mismo Villena. “Fue un personaje de primerísima fila que, durante la guerra, ocupo el cargo de directora general de Comercio con el gobierno de Largo Caballero”, añade.

Se convirtió así en una de las cuatro mujeres que ocuparon altos cargos durante la Segunda República, junto a Kent, Campoamor y Federica Montseny. Murió en 1946 exiliada en México. “Lo hizo en unas condiciones bastante penosas, tanto a nivel material como de apoyo de su familia, y olvidada”, comenta el historiador. 

La diputada que terminó en la Sección Femenina

Francisca Bohigas es el único nombre propio que protagoniza el relato de Villena que estuvo ligado a la derecha. Pedagoga e inspectora de educación nacida en Barcelona en 1893, se llegó a formar en la Residencia de Señoritas. Inicialmente católica, poco a poco fue evolucionando a posiciones más conservadoras. Se afilió a la Confederación Española de Derechas Autónomas durante el periodo republicano. Destinada en León, montó una agrupación femenina política. “De las primeras que existieron en España”, precisa Villena.

Llegó al Congreso por León en 1933, donde ocupó un escaño que utilizó para impulsar una educación de cariz católica y conservadora. Tras el estallido de la Guerra Civil y debido a su adscripción derechista, no tuvo que exiliarse. Es la única diputada estudiada por Villena que corre esta suerte, pero también a quien más le ha costado seguir la pista. 

Durante el franquismo, Bohigas recaló en la Sección Femenina de la Falange. Fue una de las pocas intelectuales que integraron los cuadros de este tentáculo de la dictadura liderado por Pilar Primo de Rivera. “Ahí se convirtió en una ideóloga sobre la educación para las mujeres y escribió algunos manuales”, prosigue el escritor. Vivió soltera y murió en Madrid en 1973.

Residencia de señoritas

Gobernadora civil muere en México

El nombre de la primera mujer gobernadora civil de una provincia tampoco ha pasado a los anales de la historia. Julia Álvarez Resano, nacida en 1903, socialista navarra, abogada y sindicalista, gobernó Ciudad Real casi un año durante la guerra civil. Se casó con otro diputado socialista, Amancio Muñoz, con quien compartió parlamentarismo. Así se convirtieron en el primer caso en España en que diputado y diputada forman un matrimonio.

Una vez perdida la contienda, Álvarez Resano consiguió huir de España a través de uno de los últimos buques que zarparon del puerto de Alicante. Primero recaló en Francia, después se estableció en México. Murió relativamente joven, con 44 años, de un infarto. Corría el año 1948 e intentaba rehacer su vida en el nuevo país que la acogía mientras superaba la muerte de su marido, acaecida una década antes. Al igual que De la Torre, esta socialista murió olvidada, asegura Villena.

Abogada de la Revolución de Asturias retorna a España

Veneranda García Manzano decidió pasar del PSOE al PCE cuando ya estaba exiliada en México, del mismo modo que Nelken, que dejó a los socialistas por los comunistas durante la guerra. Nació en Asturias, en 1893. Fue maestra y sindicalista de la UGT en su provincia natal, por donde consiguió escaño en 1933, y que no revalidó tres años después. “Estuvo muy implicada en la defensa de los trabajadores encarcelados tras la Revolución de Asturias de octubre de 1934”, detalla el escritor de ‘Republicanas’.

El fin de la guerra hizo que terminara exiliada, como muchas de sus compañeras y compañeros, en México, a donde llegó con cuatro hijos. Allí consiguió una “buena posición” que le permitió vivir un exilio “relativamente cómodo y sin penurias”, según Villena. De todas formas, en aquellos años perdió la vista, por lo que encontró serias dificultades para desarrollar una actividad política intensa. Volvió a España, al igual que lo hicieron Kent y La Pasionaria, una vez muerto el dictador. Murió en Oviedo en 1992, casi centenaria.

El PSOE no ha reivindicado todo lo que debería a estas mujeres. El desconocimiento sobre ellas hay que atribuirlo a la falta de memoria democrática de este país que afecta a la derecha, pero también a la izquierda

Miguel Ángel Villena historiador

Unas mujeres sin reivindicar

La monografía que presenta Villena no solo abarca nueve nombres. También es una suerte de retrato de una generación de mujeres pioneras en muchos campos del conocimiento y el arte, como Margarita Xirgu, Carmen de Burgos, María Moliner e Isabel Oyarzábal. Por otra parte, se trata de unos nombres propios que no han pasado a la posteridad. “El PSOE no ha reivindicado todo lo que debería a estas mujeres. El desconocimiento sobre ellas hay que atribuirlo a la falta de memoria democrática de este país que afecta a la derecha, pero también a la izquierda”, critica el historiador.

Mientras recomponía sus vidas, Villena se ha encontrado con la falta de bibliografía al respecto. Nueve mujeres, unas más conocidas que otras, de las que ha sido complicado rastrear unos movimientos que se pierden y difuminan en el exilio. “Quería ofrecer al lector una imagen de quienes fueron nuestras abuelas y bisabuelas, una generación de mujeres valientes”, concluye. Que sus nombres tampoco se borren de la historia.

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