Ataques a Guardiola, discreción con Azcón: el PP, atrapado en una doble negociación con Vox
Vox presume de tener un solo discurso y una única estrategia en toda España. Una afirmación que no se sostiene, a la vista de las notables diferencias en las negociaciones que mantienen con el PP para apoyar (o no) a los presidentes autonómicos de Extremadura, María Guardiola, y de Aragón, Jorge Azcón, que dependen de los votos de los ultras para retener el poder. Mientras Guardiola fue objeto de ataques desde el arranque de la campaña, Azcón ha visto cómo sus teóricos socios han optado por un tono bajo.
Una semana después de las elecciones en Aragón, donde el PP se dejó dos diputados y 13.000 votos sobre 2023, las conversaciones con Vox no han comenzado, según confirman a elDiario.es fuentes del Gobierno autonómico. Azcón quiere ir despacio. “Poco a poco”, apuntan las mismas fuentes. “Ni siquiera hemos empezado” a dialogar, aseguran.
Vox duplicó escaños en Aragón el pasado 8 de febrero, sumó diez puntos en voto directo y ganó más de 42.000 votos pese al descenso en la participación sobre los comicios de 2023. Azcón necesita del apoyo o abstención de Vox para ser investido en un segundo mandato. Y, de momento, no han hablado entre ellos siquiera para sondear las condiciones de partida.
El líder autonómico ultra, Alejandro Nolasco, hizo un par de entrevistas al día siguiente de las elecciones con declaraciones genéricas y en las que no se refirió al líder del PP. “O cambiamos las políticas de verdad y el PP se compromete de verdad o si no, nada”, apuntó, por ejemplo, para asegurar que entre los problemas de Aragón destaca que “hay pueblos” en los que “no hay helipuertos” y si durante las heladas a un señor “le da un infarto, no hay posibilidad real de ir a salvarle”.
En Extremadura, el PP vive una realidad alternativa. María Guardiola no logró una mayoría suficiente para gobernar en solitario, pero obtuvo un 43% del voto, casi ocho puntos más que Azcón. Desde la misma noche electoral, Guardiola ha buscado el acuerdo con Vox para ser investida rápidamente.
La respuesta de la extrema derecha era la previsible: atacar a Guardiola. Previsible porque el propio Santiago Abascal dedicó su amplísima presencia en la campaña extremeña a criticar a la presidenta y a decir desde el primer momento que una de las opciones que manejaba era la de pedir la cabeza la líder autonómica del PP ante el bloqueo de la negociación.
Desde el 21 de diciembre, la estrategia de Guardiola ha sido errática y telegrafiada en público, algo que, lejos de molestar a Vox, les ha envalentonado. Porque el plan de Abascal siempre fue usar este encadenamiento electoral para proyectar la marca a nivel estatal, y utilizar la presión sobre el PP de una comunidad como elemento de campaña en las demás.
Vox ya ha anunciado su intención de tumbar la primera intentona de investidura de Guardiola, los días 3 y 5 de marzo, lo que abrirá un periodo de dos meses antes de la convocatoria autonómica de nuevas elecciones, que se celebrarían el 28 de junio.
En ese contexto, Guardiola hizo público un ofrecimiento de pacto para que el PSOE se abstuviera, lo que provocó la inmediata reacción de Vox, mientras el PP se sumió en el desconcierto al aprobar la estrategia de su baronesa extremeña para, inmediatamente, intentar desmarcarse.
Los problemas de Guardiola han motivado el apoyo de la dirigente del PP con más predicamento en el entorno ultra: Isabel Díaz Ayuso. La presidenta de Madrid arremetió contra Vox en la Asamblea regional por no apoyar a su compañera de partido. La respuesta le ha llegado desde Extremadura: “Quien nos va a llevar a unas terceras elecciones, como nos llevó a las segundas, es su amiga Guardiola”.
Guardiola volvió a hacer un llamamiento público a recuperar las negociaciones con Vox tras tres reuniones fallidas. Además, lo intentó por privado. La respuesta, ninguna. Luz de gas.
Azcón parece haber aprendido de los errores de Guardiola, y apenas ha dado pistas de por dónde irán las conversaciones con Vox. En una entrevista justo después de las elecciones apuntó tres cuestiones: “Cumplir con la legalidad, alcanzar acuerdos que estén dentro de las competencias autonómicas y trabajar desde el mínimo común denominador”. Tres frases que no comprometen a nada. Sí dejó clara una cosa: “Yo no quiero depender del PSOE”.
En la memoria de muchos en el PP está el reciente apoyo de Vox a Juan Francisco Pérez Llorca en la Generalitat valenciana, de la misma forma que antes respaldaron a Carlos Mazón hasta el último momento de su presidencia. El motivo es que Mazón, tanto en 2023 como tras la trágica dana de 2024, y ahora el actual jefe del Consell, han asumido todos los dogmas ideológicos que les ha exigido Vox a través de declaraciones públicas y por escrito.
Porque Vox no busca la gestión dentro de una coalición en la que están en minoría, como demostró cuando abandonaron en 2024 en bloque los cinco ejecutivos autonómicos que compartían con el PP. Es una posición subalterna, sostienen los estrategas de Abascal, que permite al partido grande 'comerse' al pequeño.
Los ultras buscan la naturalización de su ideología, el final de la exclusión al racismo, el machismo y el antiecologismo que impregna sus discursos y sus programas electorales. Así, Pérez Llorca asumió en su discurso de investidura la guerra cultural contra los menores migrantes y contra la aplicación del Pacto Verde Europeo, asuntos sobre los que más o menos tiene competencias. Pero también hizo una defensa de la energía nuclear o habló del despliegue de la misión europea Frontex en aguas internacionales para contener la llegada de personas migrantes por mar.
Feijóo, al margen
Si Ayuso salió expresamente en defensa de Guardiola, Feijóo guarda de momento un discreto segundo plano. Aunque ha reclamado “proporcionalidad” y “responsabilidad” a Vox, sus referencias a Abascal y los suyos suelen ser veladas. El objetivo: evitar un titular que le meta en una guerra directa con el aliado-rival.
Este viernes, presentó la precampaña de las elecciones de Castilla y León del 15 de marzo junto con Alfonso Fernández Mañueco. El presidente autonómico y candidato a revalidar el cargo arremetió contra Vox. “No nos marchamos, nos quedamos. No salimos huyendo, nos quedamos y damos la cara”, aseguró sobre la espantada de Vox en el verano de 2024.
Y también lanzó un mensaje interno ante la oleada ultra que ha achicado la diferencia de voto entre PP y Vox. Tanto, que Abascal ya alienta opciones de sorpaso a medio y largo plazo. Esta misma semana, la portavoz parlamentaria de Feijóo, Ester Muñoz, comparó la relación de ambos partidos como los “hermanos” que se pelean y se reconcilian, y criticó que haya quien piense “en el medio y largo plazo”.
Muñoz, leonesa, estaba este viernes en el acto de Salamanca. “Que nadie os avasalle”, dijo Mañueco. “No dejéis que nadie os haga bajar la mirada. A los que quieren pactar con nosotros que sepan quiénes somos, qué representamos y a quiénes representamos”, apuntó.
Mañueco parece haber optado por un estilo más parecido al de Guardiola, al menos de momento: “Las condiciones las pondremos nosotros, porque nuestro proyecto será el más respaldado. Y el que no lo entienda no sabe qué significa la democracia”. Eso sí, dejó claro que no piensa acercarse al PSOE: “Con el partido de Sánchez no se puede pactar un Gobierno, y no lo haremos”.
Feijóo cerró el acto, celebrado en Salamanca. “Estamos dispuestos a que otros se sumen, pero sumar no significa perder el respeto a los votantes”, dijo. “Quien quiera un partido sin límites y principios, que vote o pacte con Sánchez. Nosotros tenemos límites, principios y palabra”, añadió.
El líder del PP contempla con temor cómo la yincana electoral con la que preveía desfondar completamente al PSOE le puede llevar a una mayor dependencia de un Vox envalentonado además en sus posiciones más duras. Feijóo ha asumido el relato de la extrema derecha en materia de inmigración o en políticas verdes. Lejos de detenerla, la ola ultra que se llevó a la derecha clásica por delante en otros países de Europa no para de crecer.
14