Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
El PP, atrapado en una doble negociación con Vox
El soplo sobre Urbán vendiendo coca a gritos era “creíble”, dice un comisario
OPINIÓN | 'Trumpsplaining', por Antón Losada

CV Opinión cintillo

Los putos amos

El expresidente del Gobierno Felipe González durante los Desayunos del Ateneo, a 10 de febrero de 2026, en Madrid (España).

1

Ya es suficiente drama que la RAE haya aceptado puto como prefijo intensificador como para que encima la clase/casta político le añada todavía más intensidad a su uso. El último en utilizarlo ha sido ni más ni menos que Felipe González para hablar de Pedro Sánchez. O sea, el puto amo del PSOE durante dos décadas para dedicarle el mismo calificativo al puto amo actual. ¿O es que Felipe González no fue el puto amo del PSOE más de 20 años?

No es que Pedro Sánchez sea el puto amo de los socialistas actuales, es que todos los partidos, sin excepción, tienen uno porque, lo que es peor, lo precisan los partidos y el electorado, que sin un hiperliderazgo claro e incontestable pierde interés en la trama política. 

¿Es que acaso Santiago Abascal no es el puto amo de Vox? ¿A quién creen que han votado los electores de Extremadura o Aragón, a los candidatos de Vox o a Abascal, al puto amo que ni siquiera se presentaba? ¿No fue el puto amo de Ciudadanos Albert Rivera, o Rosa Díez de UPyD? ¿Tampoco es el puto amo del PP Feijóo a pesar de la controversia que por egoísmo político le obligan a generar a la presidenta de la provincia de Madrid, a su vez la puta ama territorial, aunque en este caso como persona interpuesta y lectora de discursos de quien ejerce de verdadero puto amo? 

¿Es que no fue el puto amo de Podemos Pablo Iglesias, quien, como Abascal, laminó o jibarizó cualquier atisbo de contestación a su liderazgo en el partido? 

Y aquí, ¿no fueron los putos amos del PP valenciano Eduardo Zaplana y después Francisco Camps? ¿Alguien removió en algún momento la más mínima contestación al puto amo Joan Lerma y hace menos tiempo al puto amo del PSPV Ximo Puig? ¿No se podría calificar acaso de puta ama a Mónica Oltra en Compromís, más allá del reparto de cargos con el Bloc o Los Verdes? ¿Acaso no fue el puto amo de Unió Valenciana Vicente González Lizondo? 

Los partidos políticos por definición están siempre liderados por putos amos cuando los resultados electorales les son favorables, salvo las excepciones ya suficientemente conocidas de la izquierda asamblearia. Ha sido así siempre, con el añadido de que cuando además de tener puto amo, si el partido se ha montado alrededor de un caudillo sin bases que lo sustenten (Rivera o Rosa Díez serían el mejor ejemplo) están condenados a que cuando el caudillo caiga y arrastra en su mismidad al puto amo que lo representa, desaparece del mapa político. Siempre es un consuelo pensar así, que los caudillos dejan un solar yermo cuando se van, porque ese sería el futuro de Vox cuando desaparezca su caudillo por la razón que sea. Ese y no otro es el más que probable inicio del final de Vox. 

No estuvo muy acertado Óscar Puente cuando chitó puto amo a Pedro Sánchez tras una “pulsión juvenil”, según dijo. Pero menos todavía ha estado Felipe González, que cumple pronto 84 años. Soy de los que piensa que cualquier persona de esa edad se ha ganado el derecho a decir lo que le venga en gana, aunque sea, más que un jarrón chino, un búcaro, o sea, una pequeña vasija de arcilla.

Y una cosa más. Todos los analistas y politólogos de la fauna tertuliana centran en las diferencias y la distancia ideológica entre los partidos de izquierdas la clave de su desunión. Pero nadie, nadie, habla de lo que es realmente descollante, que es el destino, el sueldo, el dinero y el nivel de vida que permite el cargo adjunto que consiguen o se les otorga. Además del alimento del ego que supone, claro. Eso es lo realmente relevante de la discrepancia, que ni es ideológica ni programática. Más allá del ego, debería esta pléyade de opinadores seguir más el rastro del dinero de la caterva de frescales de la política que jamás podrían aspirar a mantener el mismo nivel de vida en el ámbito privado, porque ni siquiera tienen adonde volver o porque no se les conoce trayectoria profesional. Nunca ha sido -ni siquiera en el Botànic valenciano- primero el qué y después el quién. Y lo peor es que todos los apologistas de la actualidad política lo saben, aunque no se atrevan a testimoniarlo.

Cuando Woodward se quedó atascado en la investigación del caso Watergate, el Ronco (es así como lo llaman en la película ‘Todos los hombres del presidente’, y no ‘Garganta profunda’) le advirtió en un sombrío garaje que lo que realmente les llevaría por el buen camino en la investigación sería seguir el rastro del dinero. A partir de entonces, Woodward y Bernstein acertaron con todo lo demás. 

Etiquetas
stats