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CV Opinión cintillo

Paiporta no es un eslogan

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, durante una sesión de control al Gobierno , en el Congreso de los Diputados, a 11 de febrero de 2026.

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El deterioro democrático no empieza con grandes discursos, empieza con pequeñas degradaciones del lenguaje. Con la sustitución del argumento por la caricatura y del respeto por la deshumanización.

Llamar “el galgo de Paiporta” al presidente del Gobierno no es una ocurrencia ingeniosa. Es una forma de reducir a metáfora el dolor real de un pueblo que perdió 56 vidas el 29 de octubre de 2024 a causa de la DANA. No es retórica parlamentaria: es banalizar el duelo colectivo.

El 29 de octubre, no puede ni debe ser un recurso discursivo, sino la fecha que marcó para siempre a muchas de las familias a les debemos atención, respuestas consensuadas y reparación, porque Paiporta no es un lema ni nuestro dolor una metáfora.

Cuando esa expresión se normaliza en el debate político nacional, incluso en boca de dirigentes como Alberto Núñez Feijóo, el problema deja de ser una frase desafortunada o una ocurrencia, para convertirse en una forma de entender la política: la que considera que todo vale si produce y acapara un titular.

No es una cuestión de siglas. Es una cuestión de límites, porque aquí no hay consignas. Hay recuerdos, cicatrices, pero ante todo: dignidad.

La discrepancia política es legítima. El ataque simbólico a una comunidad herida no lo es. Convertir el nombre de un municipio golpeado por una tragedia en arma arrojadiza no fortalece la democracia. Al contrario, la empobrece.

Mientras algunos buscan ruido, en Paiporta trabajamos en la reconstrucción de la mano de los técnicos, la ciencia, con responsabilidad, planificación y acuerdos. Con presupuestos destinados a vivienda, servicios públicos y recuperación social. Con gestión frente a gesto.

La política institucional exige altura de miras, especialmente cuando se habla de comunidades que aún se están levantando y donde el respeto se entiende no como un detalle accesorio del debate público, sino como su condición básica y fundamental.

Quien trivializa el dolor colectivo no solo hiere a un municipio, contribuye a erosionar la calidad democrática del conjunto del país.

Desde Paiporta seguiremos defendiendo algo elemental: que la crítica política puede y debe ser firme, pero nunca a costa de deshumanizar ni de instrumentalizar una tragedia.

La dignidad de un pueblo no se utiliza.

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