Emilio Delgado: “Los partidos deberían reflexionar por qué genera tanta ilusión en la izquierda este acto”
Emilio Delgado (Madrid, 1978) vive unos días frenéticos. El acto que ha organizado junto a Gabriel Rufián este miércoles agotó las entradas en cuestión de minutos y ha agitado todo el espacio de la izquierda. Este lunes su propio partido, Más Madrid, así como los Comuns y Movimiento Sumar anunciaron que acudirán a la charla en el Teatro Galileo Galilei de Madrid, que se celebrará cuatro días antes del lanzamiento de la nueva coalición en la que trabajan esos partidos para las próximas generales.
Delgado lleva tiempo construyendo un perfil propio dentro de su partido. Habitual en los platós de televisión y con mucha llegada en redes sociales, telefoneó hace unas semanas al portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso, con quien comparte una forma de hablar a la izquierda que se distancia de la línea oficial de su partido. “Ha puesto en circulación ideas con las que yo conecto mucho sobre cómo va la izquierda a abordar determinados temas si de verdad tiene vocación de articular mayorías sociales”, dice sobre Rufián.
“No vamos a darle a la gente un pack de herramientas con las cuales se soluciona lo que está ocurriendo, pero sí que creo que hemos conseguido remover el avispero de una manera muy significativa. Los partidos políticos, las direcciones de los partidos, deberían reflexionar en torno a por qué genera tanta ilusión en la izquierda este acto en un momento en que la izquierda le cuesta ilusionarse con cosas”, explica sobre el acto del miércoles.
Han generado un revuelo tremendo.
Se ha liado, sí. Ha sido abrumador por un lado porque la cantidad de gente que se ha interesado por el evento ha sido una locura. Hemos agotado las entradas en cuatro minutos y lamentablemente mucha gente se ha quedado fuera. Las agendas eran muy estrechas. Solo podíamos en esta fecha y en esta fecha no había, digamos, infraestructuras grandes donde poder alojar a 800, a 1000 personas. Pero estoy convencido de que hubiéramos llenado [un lugar de] 1.000, 1.200 sin ningún tipo de problema.
¿Cómo se explica el lío, el revuelo, la expectación que está generando todo esto?
Yo tengo la sensación de que hay mucha hambre de debate en la gente de izquierdas que va más allá de la fórmula en la que nos presentemos a unas elecciones, de analizar qué es lo que está ocurriendo, qué es lo que tenemos delante y por dónde pueden pasar las soluciones. Y en ese sentido, por un lado, Gabriel [Rufián] ha puesto ideas en circulación muy interesantes. Y de alguna manera yo también estoy tocando algunas teclas que pueden conectar con mucha gente en cuanto a la preocupación acerca de qué va a ofrecer la izquierda para ser capaz de tener una ambición de gobierno. No solamente de resistir o no solamente de cumplir el papel, sino de ir de verdad a gobernar y a transformar la vida de la gente. Y la respuesta está ahí, es inmejorable, vamos.
En este acto no se busca una solución orgánica al problema de la izquierda. No vamos a montar un partido, no vamos a montar una plataforma. La vocación precisamente es recoger el 90% de la conversación que está quedando eclipsada por el otro 10% con el que tiene que ver con las siglas
Ha contado en algunas entrevistas que la iniciativa parte de usted, que es usted quien llama a Rufián. ¿Por qué elige la figura de Rufián? ¿Qué hay en su discurso o en su forma de hacer política que le interpela y que cree que puede interpelar a más gente?
Hay dos cuestiones fundamentales. La primera es que creo que es un político que habla muy claro. A mí me solían decir que si tú le hablas a los arquitectos, los albañiles no te entienden, pero si hablas a los albañiles te entienden los albañiles y los arquitectos. Rufián le habla a los albañiles. Creo que habla de una manera muy clara. Y ha puesto en circulación ideas con las que yo conecto mucho en cuanto a de qué manera va la izquierda a abordar determinados temas, si de verdad tiene vocación de articular mayorías sociales. Tema inmigración, tema población LGTBI, seguridad si se quiere. Todos esos temas necesitamos tocarlos de una manera que sea capaz de reunir a mucha gente, que puede ser muy distinta en muchos aspectos, pero que tiene mucho en común.
Se ha especulado mucho sobre lo que quiere construir Rufián, pero ¿qué intenta conseguir usted más allá de activar una conversación?
En este acto no se busca una solución orgánica al problema de la izquierda. No vamos a montar un partido, no vamos a montar una plataforma. No es esa la vocación del acto. La vocación precisamente es recoger el 90% de la conversación que está quedando eclipsada por el otro 10% con el que tiene que ver con las siglas, con la fórmula con la que vas a concurrir a unas elecciones, que está muy bien, que hay que tenerla, que es importante y hay que buscar maximizar el resultado todo lo posible en una convocatoria electoral, pero que no agota ni de lejos la discusión que tenemos que tener.
Lo que tenemos delante no es un partido de extrema derecha que haya crecido de un día para otro. Esto va mucho más allá de un partido y tenemos un bloque histórico que viene incubándose desde hace 20 años y que ha eclosionado ahora, pero que incorpora asociaciones como HazteOír, como Abogados Cristianos, como Profesionales por la ética, que son la palanca que impulsa a Vox. Un bloque histórico que tiene coordinación internacional, una financiación muy abundante y que se ha preocupado de hacer los deberes y de ir generando dispositivos políticos en la judicatura, en el mundo de la cultura, en el mundo de la música. Eso va mucho más allá de un partido y merece una reflexión mucho más profunda que la de cómo concurrimos a la convocatoria electoral. Me parece importante la fórmula con la que vas a concurrir, pero para enfrentar esto necesitamos levantar un bloque histórico equivalente a lo que está haciendo hoy la derecha.
Lo digo también porque no sé si dada la expectación que ha levantado todo este acto a ustedes les preocupa lo que pueda ocurrir después. Cuando hemos entrado en la discusión sobre qué quiere hacer Rufián, de repente parecía que todo el mundo lo veía como un futuro candidato de un espacio unitario de la izquierda, y quizá su idea no era tanto esa. ¿Cree que si no hay nada más después la gente puede quedar defraudada?
Este acto no es la solución a nada, pero puede formar parte de la solución. No vamos a darle a la gente un pack de herramientas con las cuales se soluciona lo que está ocurriendo, pero sí que creo que hemos conseguido remover el avispero de una manera muy significativa. Los partidos políticos, las direcciones de los partidos, deberían reflexionar en torno a por qué genera tanta ilusión en la izquierda este acto en un momento en que la izquierda le cuesta ilusionarse con cosas. Y creo que hay ingredientes ahí que se pueden tener en cuenta a la hora de buscar soluciones. Por eso digo que no va a ser la solución, pero creo que sí que va a formar parte de la solución.
Hablaba antes de reinterpretar o de interpelar a la gente de una forma diferente con algunos temas. Usted ha sido crítico con la dirección de su partido. Entiendo que por este tipo de cosas, porque entiende que no están hablando a la izquierda o al electorado progresista o a las mayorías trabajadoras de la manera adecuada.
Yo no sé si diría que he sido crítico. Trato de ser amablemente crítico y aportar en la medida de mis posibilidades. Más Madrid es la primera fuerza de la izquierda en la Comunidad de Madrid y eso es histórico. Eso no se había conseguido nunca para una fuerza regional que cuando la presentamos nos dijeron: “¿Dónde vais?”. A partir de la idea de transversalidad conseguimos poner de acuerdo a muchísimos madrileños.
Somos la primera fuerza de la oposición en la Comunidad de Madrid y creo que toca renovar esa ambición y renovar esa vocación de mayorías, porque el siguiente paso es gobernar la Comunidad de Madrid. ¿Para qué? Para impedir el saqueo, para impedir la venta de los servicios públicos, para facilitar el acceso a la vivienda y para bajar la factura de la vida a muchos madrileños. En Madrid, 200.000 personas se van de aquí cada año. A Isabel Díaz Ayuso le gusta mucho decir que todo el mundo quiere venir a vivir a Madrid, pero no cuenta que todos los años 200.000 madrileños se marchan fuera. 100.000 al extranjero y 100.000 a provincias limítrofes porque no pueden permitirse el lujo de vivir allí donde trabajan. Gente que se va a Guadalajara, viene a trabajar a Madrid y por la noche se vuelve a Guadalajara.
Este es el gran reemplazo del que nunca habla la derecha. Gente con mayor poder adquisitivo está ocupando las posiciones de gente con rentas más bajas que se tienen que marchar. A mí me duele mucho sentarme delante de las madres que van al colegio con mi hijo, mujeres que tienen trabajos y que a pesar de ello se tienen que sentar delante de sus hijos y decirles mira, despídete de tus compañeros, porque a partir del mes que viene nos vamos a vivir a un pueblo de Toledo, porque no puedo permitirme el lujo de vivir aquí donde trabajo. Nosotros queremos interrumpir eso y queremos hacer un Madrid para que pueda vivir bien todo el mundo y para que los madrileños tengan su sitio en Madrid. Y a eso me voy a dedicar. Creo que hay fórmulas que nos permitirían ensanchar esa vocación y conseguir ganar posiciones de cara a gobernar la Comunidad de Madrid.
¿Pero cree que el discurso general del partido, de la dirección, está fallando en interpelar a esas personas?
No, yo no diría que está fallando, pero sí que creo que se puede mejorar, que hay margen de mejora y humildemente creo que estoy siendo capaz de tocar algunas claves que están generando ilusión. Si puedo aportar eso al conjunto para mejorar el resultado global, pues yo encantado.
¿Y cuáles son esas claves?
Creo que una clave fundamental es la idea de transversalidad. Necesitamos reafirmar y potenciar aún más la idea de transversalidad, poner de acuerdo a muchos madrileños y madrileñas que tienen muchas diferencias entre sí, pero que estamos de acuerdo en lo fundamental. ¿Qué es lo fundamental? Hay que volver a las grandes palabras: justicia, libertad, seguridad, democracia. Creo que hay gente que puede llevar a sus hijos a un colegio concertado o pueden gustarle los toros. No vamos a coincidir todos en todo, pero creo que somos capaces de ponernos de acuerdo en un nuevo Madrid que abra espacios para la gente que vive aquí y que se oponga a esa idea de Madrid como decorado en el que hacer negocios que está haciendo la presidenta Isabel Díaz Ayuso. Madrid está siendo vendido a trozos: se venden los servicios públicos, se vende la sanidad, se venden las residencias de mayores, se han vendido la formación profesional y el espacio universitario. En esa venta hay ganadores y perdedores, al entorno de la presidenta de la Comunidad de Madrid le está yendo realmente bien con esa venta, a los madrileños y madrileñas, no.
A veces hacemos defensas esencialistas y se pone el foco en las virtudes que tienen los migrantes. Pero se esquiva la otra parte, reconocer que la inmigración mal gestionada en determinados barrios genera dificultades no por la condición de migrantes, sino por las condiciones sociales de esas personas. Se esquiva ese debate porque es incómodo
Y en temas como el que mencionaba al principio, como la inmigración, ¿usted cree que la izquierda no está sabiendo abordar este asunto?
Creo que a veces se hacen defensas esencialistas de la inmigración o de la mujer, como si los inmigrantes o las mujeres tuvieran que ser seres de luz. Y no es cierto. Hay inmigrantes y hay mujeres que tienen un comportamiento deleznable, como hay hombres o hay personas españolas que tienen un comportamiento deleznable. Lo fundamental creo que es salirse de esos marcos que establece la derecha y acudir a lo que es propio en la izquierda, que es analizar las condiciones sociales en las que vive cada uno.
Cuando Vox nos dice que las cárceles están sobrerrepresentadas de inmigrantes, lo que tiene que hacer la izquierda, bajo mi punto de vista, es poner el foco en las condiciones sociales. Las cárceles están sobrerrepresentadas de determinados barrios, que son los mismos que estaban hace 40 años. Y tiene que ver con condiciones de desigualdad, con condiciones de pobreza, de exclusión social. Hace 40 años no había inmigrantes y teníamos varios directores de cine en España haciendo cine sobre la inseguridad en las calles y sobre la violencia juvenil, por ejemplo. Y no había inmigrantes, eran los mismos que estaban antes en las cárceles, son los mismos barrios que las sobrepueblan ahora. Por tanto, la solución no es echar de aquí a todos los inmigrantes, sino generar condiciones sociales que permitan que la gente tenga una vida en condiciones y tenga una vida justa.
¿Pero en qué se diferencia ese discurso con el de la izquierda en general? No veo mucha diferencia entre el planteamiento que está haciendo y el que defienden los grandes partidos de la izquierda o su partido.
A veces ocurre que hacemos defensas, como te decía, esencialistas, y se pone el foco en las virtudes que tienen los migrantes. Y es cierto, han ayudado a disparar la economía española, por ejemplo. Pero se esquiva la otra parte, que tiene que ver con reconocer que la inmigración mal gestionada en determinados barrios genera dificultades y genera problemas, no por la condición de migrantes, sino por las condiciones sociales de esas personas. Y ahí creo que se entra menos y que se esquiva ese debate porque es incómodo.
El debate de mezclar la inmigración con la inseguridad.
Por ejemplo, es un debate que te propone la derecha. Primero, creo que la izquierda tendría que tener capacidad de marcar agenda propia y de imponer en la conversación pública la agenda que es propia de la izquierda, que tiene que ver con la redistribución de riqueza, con la redistribución del poder y del trabajo. Como tiene dificultades para imponer su agenda, tiene que entrar en la del adversario y en la del adversario no siempre entramos de la mejor manera posible. Un ejemplo es el que te decía ahora mismo defensas esencialistas de la cuestión de los migrantes como si fueran todos seres de luz, cuando no hace falta. Un migrante o una mujer tiene el mismo derecho a ser mala o buena que pueda tener yo. La cuestión no está ahí. El foco no hay que ponerlo ahí. El foco hay que ponerlo en las condiciones materiales que acompañan a esa población. Y ahí creo que a veces se yerra o no se afina lo suficiente.
He hablado también sobre lo LGTBI. ¿Qué problema cree que está teniendo la izquierda para abordar este asunto?
Creo que durante mucho tiempo ha habido mucha gente que ha estado invisibilizada y que no podía permitirse ser ella misma. Y han estado absolutamente metidos en un rincón de la historia y castigados. Y hay que hacer visible a toda esa parte de la población y tiene que tener sus derechos absolutamente reconocidos. Hay que hacerlo de tal manera que hagamos visible lo que ha sido invisible hasta ahora sin invisibilizar lo que siempre ha sido visible, es decir, sin sustituir, sin desplazar a la población que siempre ha gozado de mayor visibilidad. Y en esto no siempre acertamos. ¿Qué tiene la izquierda que decirle a los chicos varones, por ejemplo, o a los señores mayores, para que sientan que también se están teniendo en cuenta los problemas específicos que tienen? Y yo creo que ahí hay mucho trabajo por hacer. Hay muchos hombres que creen que para ser feminista tienen que renunciar a su propia masculinidad y creo que la izquierda tiene que hacer un trabajo importante ahí y decir que no, que hay masculinidades muy distintas y de lo que se trata es de que todas sean respetuosas con cualquier otra expresión identitaria, sexual o de género.
Lo que pasa es que ese discurso quizás se parece mucho al de Sánchez en campaña electoral hablando de sus amigos de 40 y 50 años. ¿No cree que se puede caer en una cierta caricaturización o en una pérdida de referencia de los valores feministas tradicionales de la izquierda?
Lo que pasa es que yo me planteo dónde está la contradicción entre defender los valores y los derechos de las mujeres o de la población LGTBI y defender simultáneamente los valores y los derechos de quienes no son personas LGTBI. Se trata de hacer una tortilla nueva entre todos, no de darle la vuelta a la tortilla. Y ahí yo creo que la capacidad que tengamos de generar alianzas con población heterosexual masculina es fundamental, no solo para parar y para mermar la capacidad de atracción de esta parte de la población por parte de organizaciones de extrema derecha, sino para nutrir también las propias filas de la izquierda, que creo que es importante.
¿Ha planteado todos estos debates dentro de la dirección de su partido? ¿Cómo los encaja la organización?
Hay un debate muy sano. Creo que en cualquier formación específica humana, en una comunidad de vecinos, no todo el mundo piensa igual y hay discrepancias y matices. Pues lo mismo sucede en los partidos políticos cuando pones a circular ideas. Hay gente que conecta con ellas y hay gente que tiene matices o reparos. Y de discutirlos de manera sana y democrática depende que eso pueda avanzar y que contribuya a encontrar soluciones mejores en lo que estoy ahora mismo en Más Madrid.
Lo digo porque ha habido mucha especulación a raíz de su fuerte presencia en tertulias en medios de comunicación sobre qué papel quiere usted representar en el futuro de Más Madrid. No sé si se está planteando presentarse a unas primarias para liderar el partido o para ser candidato en la Comunidad de Madrid. ¿Cómo aborda su futuro político?
Estamos en un momento concreto en el que todas las puertas están abiertas. Se puede defender Madrid desde el Congreso o se puede defender desde la Comunidad de Madrid. Allá donde mi partido y la gente entienda que yo soy más útil, pues allí estaré. No tengo una ruta prefijada. Igual que he hecho política en mi barrio, luego en asociaciones de vecinos, en movimientos sociales y ahora en Más Madrid, pues la posición que ocupe en Más Madrid se determinará cuando llegue el momento.
Yo creo que hay dos factores que intervienen ahí. Uno es las condiciones en las que se llegue a cada una de esas convocatorias. No sabemos qué va a salir del acto del 21 y qué se va a ofrecer a la gente, y no sabemos cuándo van a ser las primarias de Más Madrid. Y la segunda cuestión tiene que ver con la gente, que al final es la que decide y la que te pone en un sitio o en otro. Yo llevo haciendo política desde los 19 años. La he hecho en mi barrio, la he hecho en asociaciones de vecinos, en movimientos sociales, ahora la hago en Más Madrid, en tertulias y en podcast. Si la gente decide que yo donde soy más útil es en el Congreso, pues iré al Congreso. Y si la gente decide que yo soy más útil enfrentándome a Ayuso, me enfrentaré a Ayuso. Y si la gente decide que soy más útil en tercer o cuarto lugar o yéndome a mi casa, pues me iré a mi casa, que tengo más vida laboral fuera de la política que Ayuso y Abascal juntos.
Lo que sí revela con este tipo de actos es una vocación de hablar a la gente en clave estatal, no solo desde Madrid.
El acto no va a tener más actos, no forma parte de un proceso, es un acto que tiene un principio y un fin. No se va a repetir, en principio. Y claro, yo soy miembro de Más Madrid, que es una fuerza territorial madrileña, pero no nos desentendemos de lo que pasa en España ni de lo que pasa en el mundo. Y queremos que Madrid tenga representación también en el Congreso, porque los problemas de los madrileños tienen que estar allí, como están los de los gallegos o los de los catalanes también. Yo no renuncio a que Madrid tenga esa representación. Creo que es útil y que es bueno para Madrid. Pero la posición que yo ocupe en lo concreto, como te digo, no depende solo de mí y se va a ver con el tiempo.
¿Y abogaría, como creo que ha deslizado o incluso afirmado directamente en algunas entrevistas, por que Más Madrid concurra a las elecciones generales directamente como Más Madrid, sin integrarse en una coalición más amplia como lo fue Sumar el 23J o como lo puede ser en el futuro la alianza que se presenta el próximo sábado?
Lo fundamental es renovar la vocación de victoria y ensanchar más Madrid y hacerlo de la manera más efectiva para que Madrid tenga representación en todos los lugares. Se habla mucho desde Madrid y se habla muy poco de Madrid, del Madrid de los barrios, de Carabanchel, del Corredor del Henares, de Móstoles. Eso es lo que viene a solucionar Más Madrid. Eso tiene que tener representación en el Congreso y también tiene que tener representación en la Comunidad de Madrid. Y una vez más, donde yo esté es lo menos importante. Lo que nos tiene que ocupar ahora es cómo hacerlo de la manera más eficaz para asegurarnos de proteger los servicios públicos, de facilitar el acceso a la vivienda y de conseguir una región en la que la gente no se tenga que ir de aquí porque no puede permitirse el lujo de vivir allí donde trabaja. Lo demás vamos a ir viéndolo con el tiempo y no estoy en condiciones de dar respuestas de momento.
Pensando en la izquierda y en las próximas elecciones, ¿qué elementos cree que son claves más allá de la articulación orgánica para que en 2027 no haya un escenario en el que Abascal sea vicepresidente?
La izquierda no solo habla a través de sus propuestas. La izquierda, digamos, emana un espíritu a través de los portavoces que va eligiendo, de las prácticas que hace, de los discursos que pone en circulación: tiene que afinar todas esas herramientas para tratar de llegar al máximo número de gente posible. Estamos viendo cómo las políticas que propone [Javier] Milei en Argentina se traducen, por ejemplo, en lo que han llamado reforma de modernización laboral, que de moderno no tiene nada, porque es volver otra vez al siglo XIX. Lo que están proponiendo básicamente es que la gente cobre en especias en un momento dado pueda cobrar en especias. Las vacaciones las trocean y elige la empresa cuándo las vas a coger. Y todo ello bajo la excusa de la libertad. La libertad siempre como excusa, cuando todos sabemos que no eres muy libre cuando no hay una relación de simetría entre la empresa y el trabajador. Nos quieren llevar a que las empresas decidan cómo y cuándo te pagan. Y que tú libremente elijas ser esclavo. Antes de que eso pase, podemos poner soluciones y podemos articular soluciones. Algunas tienen que ver con la fórmula en cómo concurrimos a las elecciones y otras tienen que ver con lo que te decía antes: los liderazgos, los discursos, las prácticas. Y creo que hay que afinar todo lo máximo posible. Estamos a un año de las elecciones. Yo creo que se puede conseguir.
Hablando de la estructura. El sábado hay un acto de los partidos que ahora están en Sumar, que van a relanzar una coalición. ¿Cree que ese es el camino? ¿Se están haciendo las cosas bien y hay que trabajar a partir de ahí? ¿Lo que está planteando Rufián puede ser complementario o cree que tiene que haber algo nuevo que interpele de una manera diferente?
A mí me merece el mayor de los respetos el esfuerzo que están haciendo todas las organizaciones que el día 21 van a ponernos una propuesta sobre la mesa. Hay que ver en qué queda esa propuesta y cómo se amplía. Me faltan actores ahí, que creo que es importante que se vayan incorporando. Creo que es importante que se incorpore Compromís, que se incorpore la Chunta, que se incorporen otras organizaciones que son fundamentales para tratar de maximizar el resultado electoral. Y una vez conseguido eso, hay que ponerse de acuerdo en qué mensaje vamos a mandar hacia afuera. Cómo hacemos para que mucha gente que hoy en día no se siente interpelada por la política o por la izquierda decida salir a votar y a votar con ganas porque siente que estamos hablando de sus problemas. Siente que estamos hablando de cómo llegar a final de mes, de cómo se paga el alquiler, de por qué ha subido la cesta de la compra, de qué medidas se van a poner en circulación para hacer su vida más fácil. Creo que las dos cuestiones son exactamente igual de importantes: fórmula electoral y qué mensaje se le va a trasladar a la gente.
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