Las trampas de una guerra en Irán
No deja de ser paradójico, y llama la atención de algunos observadores, que la llamada “Junta de Paz” creada por Donald Trump, supuestamente para mejorar el futuro de Gaza y de los gazatíes, se haya inaugurado en Washington este jueves, justo cuando entre los creadores de opinión de ambos lados del Atlántico se refuerza la impresión de que Estados Unidos se dispone a atacar Irán dentro de pocos días. Aunque también hay opiniones en sentido contrario, en lo que todos coinciden es en que, si se produce ese ataque, todo Oriente Medio se vería afectado por nuevas tensiones y desequilibrios y la citada Junta se difuminaría en ese previsible caos.
Cabe añadir que el invento de Trump ha abierto un cisma en la UE al mandar a una comisaria a la reunión mientras los principales aliados europeos rechazan participar en esta estrategia política del presidente de EEUU.
Incluso el papa León XIV, en cuya participación Trump había depositado muchas esperanzas, declinó la invitación. Con lo que la lista de participantes quedó limitada a países de Oriente Medio (Israel, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Turquía, Jordania y Qatar) y otros con casi ninguna relación con el conflicto, como Argentina, Paraguay, Hungría y Kazajistán, cuyo único interés en el encuentro parece ser el de quedar bien con Donald Trump.
En cuanto a la tensión con Irán, la prensa estadounidense indica que la concentración de fuerzas para un eventual ataque es formidable, parecida en sus dimensiones a la que se vio en vísperas de la invasión de Irak en 2003 y mucho mayor a la que antecedió al ataque sobre Caracas y alrededores y al secuestro de Nicolás Maduro a principios de año.
Según los expertos en estrategia militar, las opciones del ataque oscilan entre ataques selectivos, probablemente contra instalaciones nucleares y militares iraníes, hasta operaciones sostenidas que podrían durar varias semanas e, incluso, perseguir la eliminación de los líderes iraníes.
Por el contrario, hay sectores del Gobierno Trump, entre ellos su yerno, Jared Kushner, muy activo en las negociaciones de las últimas semanas, y varios asesores del presidente que no descartan que en los próximos días se llegue a un acuerdo con Teherán sobre el control, o incluso eliminación, de la capacidad iraní de fabricar armamento nuclear. Esas voces no han sido del todo desatendidas por Trump y de ahí su anuncio de que la decisión de atacar se tomará dentro de diez días, en una primera versión, y de 15, en la segunda.
También hay debate entre los expertos que escriben en los diarios de EEUU sobre las intenciones reales de los líderes iraníes en estos momentos cruciales. Hay quien cree que quieren negociar hasta el fondo y aceptar reducciones hasta hoy impensables de su programa nuclear y hay quien opina todo lo contrario, que el régimen piensa que ya cedió mucho en su acuerdo con Obama de 2015, el mismo que Trump rechazó nada más llegar al poder en su primer mandato.
No sólo, sino que estos líderes más radicales creen que un ataque estadounidense, sobre todo si dura varias semanas, produciría un efecto beneficioso para los intereses del régimen de los ayatolás, ya que –se cree en este sector– uniría a todo el país frente a esa invasión extranjera y haría olvidar, al menos en buena parte, la feroz represión que el régimen desató hace pocas semanas contra sus oponentes.
Los expertos que subrayan esta segunda opción también advierten del riesgo de que, en una segunda etapa, tras el ataque, Irán despliegue toda la red de apoyos de la que dispone en el mundo musulmán y ponga en serias dificultades los propósitos de Washington en Oriente Medio.
Agregando otro elemento al caos que empieza a mandar en el panorama internacional, el periódico Le Monde dedica un largo artículo a subrayar los peligros que pueden derivar, o que se están derivando ya, del fin del tratado New Start entre EEUU y Rusia, que desde 1972 regulaba la proliferación de armas nucleares sin que ninguno de sus firmantes haya mostrado la mínima intención de renovarlo.
Le Monde dice que, sin ese tratado, un error en la naturaleza de un misil en vuelo o la mala interpretación de las acciones de una u otra de las partes podría tener consecuencias catastróficas. Y que aprovechando que ya no hay texto regulatorio alguno, ambos exsocios “están propiciando un nuevo curso nuclear. Como una venganza, tras el New Sart llega una nueva generación de armas nucleares”, dice Le Monde.
Según esa fuente, la Marina de EEUU se prepara para desplegar más cabezas nucleares en sus submarinos portamisiles y los rusos experimentan un dron submarino, el Poseidon, portador de una cabeza nuclear y capaz de hacer desaparecer del mapa una gran ciudad portuaria. Y ambos países estudian la posibilidad de poner armas nucleares en una órbita espacial.
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